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Los avispados próceres del partido de los obispos van desgranando en temporada de elecciones lo más florido de su repertorio de propuestas delirantes entre las que destaca la que se refiere a la celebración de un contrato, de tú a tú, entre el Estado y cada uno de los inmigrantes que constituyen la avalancha de la invasión que combate “el movimiento”. Aseguran las mentes privilegiadas del centro-derecha hispánico que los inmigrantes se han de comprometer por escrito en no practicar costumbres bárbaras, como la ablación del clítoris, la poligamia o profesar religiones falsas. No les ha detenido siquiera el hecho incontestable de que las mutilaciones genitales, máxime cuando se practican sobre menores de edad, son constitutivas de delito en España, y eso tanto da si se firman o no contratos.
Piden los guardianes de las esencias patrias, farolillo de la cristiandad occidental, martillo de herejes y último reducto de la resistencia capitalista anti-bolchevique, que se someta a cada uno de los inmigrantes que entran en España a un examen que evalúe su dominio de las costumbres y lengua autóctona. No sabemos si les preguntarán por los ingredientes de la paella, las obras completas de Ortega, una síntesis de la obra y milagros de Pérez Reverte o un resumen de los Episodios Nacionales de Galdós, o si les dará por preguntarles sobre el arte hispánico contemporáneo, pongamos por caso, la autoría del Valle de Los Caídos o el número completo de pantanos inaugurados por Paquito. Tampoco dicen si preguntarán por las Leyes Fundamentales del Régimen o Los Principios del Movimiento. No nos han dicho aún cómo será el examen, si tipo test, de desarrollo o de preguntas cortas, ni si tendrán el espacio limitado o podrán escribir cuanto quieran, o será oral en general o sólo para quienes no sepan escribir. Nada sabemos del sistema de puntuación, ni del mínimo exigido para pasar la prueba – por ejemplo, si bastará con un cuatro y medio para aprobar o exigirán un cinco – o si habrá opción a recusar al tribunal o presentarse en más de una convocatoria, ni si habrá repesca o se podrá acudir a “revisión” si no se está de acuerdo con la nota obtenida. Y tampoco dicen si pasará en las mismas condiciones quien apruebe justito como quien saque nota o si quienes saquen un 10 se les dará “matrícula de honor”, lo que equivaldrá, pongamos por caso, a un permiso de trabajo y residencia de carácter indefinido o a la nacionalidad española “ipso facto”. Prometer ya lo han prometido y, siguiendo la tradición inaugurada por su líder cósmico, ahora en el exilio estadounidense – ya saben, la madre patria –, sí hombre, aquella de “sostenella y no enemendalla”, que es el paradigma goebelsiano o estalinista – según se mire – de que una verdad repetida mil veces deviene verdad absoluta e incontestable, mantendrán su propuesta enajenada contra viento, marea y realidad aplastante. Piensan estos lumbreras de la derecha que diciendo imbecilidades de este calibre van a atraerse a sus fieles votantes de sacristía y misa de domingo, y si lo piensan es que están convencidos de ello y si están convencidos es que el río lleva agua, que estos no dan puntada sin hilo. Esperemos que no les de un aire y nos pasen a quienes vivimos aquí porque aquí nacimos el examen de marras, que yo no sé si lo pasaré y a ver si me van a condenar al ostracismo o peor, a hacerme carné del PP, que estos son muy retorcidos.
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