He seguido con gran interés el debate que se ha producido en torno a la mediocracia y la meritocracia en la política, dígase la pugna entre mérito y oportunidad entre los perfiles personales de los políticos. Estas dos categorías dibujan muchos de los perfiles actuales de la política, pero no los dibujan todos. A parte de existir otras categorías, otras clasificaciones, quiero incidir en una de ellas, la de los decadentes, ya que la extinción de la decadencia supone el triunfo de la mediocridad, tanto meritocrática como mediocrática.
Hubo un tiempo en que no se trataba de ser meritorio o mediotorio. Pero hoy impera el triunfo de la mediocridad frente a la decadencia, es el sino de la post-post-modernidad. Los hijos de la ilustración, aquellos antes orgullosos de sus valores revolucionarios, igualitarios, libertarios y un largo etc ahora están en los últimos coletazos de su decadencia. Aquel empuje, aquel mundo, su fuerza, sus valores se diluyen en una infame niebla de mediocridad triunfante, con mérito o sin mérito. Los últimos mohicanos de un tiempo en que la suma de otros hacia nosotros frente a un tiempo actual en que yo, y solo yo, creo al otro.
El mundo de esta nueva sociedad de consumo, el capitalismo nos ha objetivizado definitivamente: eres lo que tienes o lo que es lo mismo eres tu sitio en el sistema. Por ello el mundo es el imperio de lo práctico, del logos total. La razón impera incluso frente (y afortunadamente para el sistema) a las ideologías. El triunfo de nuestra civilización es borrar la idea a ideología y quedarnos tan solo con la logía. Tanto da que, como Goya pintó, el sueño de la razón produzce monstruos. Y tanto da porque ahora este logos no sueña, es pragmático, práctico, mediocre, meritocrático, mediocrático, en definitiva razonable, absolutamente razonable, y cómo no previsible.
Nuestras mentes tan razonables nos esclavizan. Mejor, así ya nadie nos ata con cadenas, y para el sistema qué mejor cadenas hay que las que uno mismo se auto impone. Y todo ello bajo una perspectiva laica, puesto que hemos domado las religiones. Aunque es una ficción, ellas no han sido domadas, han sido transformadas. No tan solo somos herederos de la tradición judeocristiana, la justificación del mal, del desastre en nosotros mismos, culpabilizándonos, sino que al reconocer la culpa original como nuestra esencia, aceptamos no ser merecedores de la salvación eterna. Así es como basamos nuestra existencia culpable en la búsqueda de la salvación en vida, borrando cualquier atisbo de idea más allá de lo papable y cuantificable. La realidad impera todo, una realidad de desigualdad selvática en el que todo vale, incluso dentro de las democracias.
Y uno de los muchos reflejos de este mundo es la política. Aquellos antiguos políticos que se movía por ideología ahora han sido substituidos por logias, logias que son mediocráticas o meritocráticas, da igual su nombre puesto que son excusas por la pugna de un poder sin base a nada que no sea material. Ni tan solo se busca la expiación de usuras, de deseos dionisiacos y demoníacos. El político movido por la ideología ha sido borrado y sustituido por el político movido por sus razones.
¿Y cual ha sido el futuro de aquellas generaciones de políticos e ideólogos de antaño? Una dulce, anónima, apolínea decadencia que llevará al olvido, no tan solo de ellos (quizás sean los últimos en ser olvidados) sino de sus ideas, de sus ideologías. El nuevo logos, el nuevo poder no necesita ideas. El político actual no piensa, no crea, actúa y ejecuta. Del poder de las ideologías a la razón del poder. La generación de políticos ahora decadentes que están siendo sustituidos por esta nueva étnia de políticos pragmáticos creen que nadie hablará de ellos cuando hayan muerto, pero como en muchas cosas estos ideólogos afortunadamente se equivocan, serán recordados e incluso añorados. Tiempo al tiempo.
"Venceréis, pero no convenceréis. Venceréis porque tenéis sobrada fuerza bruta; pero no convenceréis, porque convencer significa persuadir. Y para persuadir necesitáis algo que os falta: razón y derecho en la lucha"
sigo naturalmente la perdida de valor de la moneda a quien mas beneficia sin duda alguna es al trabajador que tiene una nomina y unos pocos ahorros en esa...
sigo Como digo es mejor falsificar billetes (creo que a eso le llaman economia financiera, y dedican todo su ingenio a inventar argucias con las que...
ya. claro Supongamos que se me rompe la lavadora de mi casa. Ante eso tengo dos opciones, la primera, la logica y natural es que como hay que comprar una...