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miércoles, 08 de octubre de 2008
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¿Qué ha cambiado? El Estado del bienestar del siglo XXI Imprimir E-Mail
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ImageLa sabiduría convencional es muy fecunda en mitos. Una buena razón para ello es en general se valora más lo impresionante que lo matizado y más lo categórico que lo ambiguo. La banalidad es algo difícil de vender. Esa es la razón para que hablemos del “choque de civilizaciones” como la gran guerra del futuro y también hablemos de una “crísis” del Estado a causa de la globalización.
 

Publicado originalmente en "La ley de gravedad


 

Yo mismo, con algunas lecturas menos encima, llegué a escribir que la crísis de la socialdemocracia estaba ligada a la crísis del Estado y a la imposibilidad de redistribuir cuando la realidad económica es mundial y el poder de los Estados forzosamente territorial. En este esquema, los Estados se verían en una carrera hacia abajo intentando atraer las inversiones a costa de menos regulación. Adiós equidad, adiós redistribución. ¿La prueba? los niveles de desigualdad están aumentando, y eso sólo se puede explicar porque el Estado del bienestar está en crísis.

En otras palabras, el dilema del socialdemócrata en el caso de la globalización se encuentra entre a) Abrazar alguna forma de tribalismo basada en el aislamiento económico (la vía francesa) b) Reivindicar un gobierno mundial que redistribuya renta de los ricos a los pobres y controle las desrregulaciones.

Este diagnóstico es también compartido por los “liberales” que festejan alegres la crísis del Estado y el triunfo del laissez faire obligatorio.

Los hechos son tozudos y la globalización no es la culpable

El problema de la realidad es que es un concepto muy poco estético y contradice los diagnósticos claros y circulares. El primer hecho es que la globalización y el libre comercio tienen un efecto igualador a nivel global , algo que claramente contradice el diagnóstico de la “desigualdad” obligatoria y quita bastante fuerza a las soluciones del dilema antes planteado.

 El segundo hecho increíble es que de hecho, los Estados más abiertos no son los que tienen sectores públicos más pequeños sino más bien al revés. Las pluscuamperfecta socialdemocracias nórdicas han comprado el apoyo de la población al libre comercio compensando a los perdedores, mientras que EUA sigue manteniendo obscenos subsidios y barreras proteccionistas.

El tercer hecho lo aprendí leyendo a Paul Krugman, que es que, de hecho, en el caso de la mayoría de países sólo hay una pequeña parte de su producción que dependa del sector exterior y dentro de estos, sólo una pequeña parte que venga de países con bajos salarios (solo el 25-30% viene de países en desarrollo). Esto significa que las deslocalizaciones tienen un efecto muy moderado sobre el empleo (leí en algún sitio que solo un 5% de las supresiones de empleos se deben a la deslocalización) en Europa y por lo tanto la desrregulación y el aumento de la desigualdad no se debe a la “competencia fiscal” sino a otros factores.

Estos hechos ponen en cuestión el diagnóstico de la sabiduría convencional sobre la crísis del Estado del bienestar. En primer lugar, el efecto de la competencia fiscal entre países es relativamente limitado, en segundo lugar, las desigualdades no se deben a la apertura al libre comercio. De hecho, cuando hablando de los límites de la redistribución el otro día, veréis que la globalización no aparecía por ningún lado

¿De donde viene la desigualdad? 

 Si la desigualdad no viene de la globalización más que de una forma limitada, ¿de donde viene?

Pensemos en la época dorada de la igualdad, la posguerra mundial. Durante 20 años europa creció a buen ritmo, reconstruyendo el continente y reincorporando a su stock de capital con un modelo “corporatista” más que adecuado para reconstruir el continente. Y de repente, en algún momento de los años 70, todo cambió (1), las desigualdades volvieron a acrecentarse, era el tiempo de la stagflación (inflación y desempleo) que culminó en la contra-revolución conservadora.

¿Qué cambió? Es cierto que un factor del cambio es la creciente apertura al comercio, sin embargo es más que discutible, como he dicho más arriba, que ese sea el origen de la desigualdad.

Un primer factor de aumento de la desigualdad es el cambio de la estructura familiar. En una sociedad existen básicamente tres mecanismos para distribuir riqueza:

  1. el mercado,
  2. la familia
  3. el Estado.

El esquema de Estado del bienestar de la posguerra (especialmente el continental) tendría a basarse en un esquema de familia muy concreto: una familia sólida, bien estructurada, donde la mujer se ocupaba de la labores de la casa y el hombre traía el pan a casa de forma que la estructura familiar actuaba como una red de seguridad contra los fallos del mercado. La fecundidad era relativamente alta y el ratio de crecimiento bastante razonable. Los mercados laborales protegidos y estables y la falta de asistencia social a la infancia (cuanto cuesta una guardería en españa?) así como nuestro actual sistema de pensiones son una consecuencia de este esquema.

 Sin embargo, las conquistas sociales de la segunda mitad del siglo, como el divorcio,la igualdad hombre mujer o la incorporación de la mujer al trabajo, así como el cambio de percepción social del status de la familia hicieron que esto cambiara. La familia dejó de ser esa unidad bien cohesionada y firme que dura para toda la vida en cuyo seno los hijos son educados. El matrimonio se convirtió más en una elección personal que en un acto de necesidad económica y el número de individuos que provenimos de familias con dos hogares aumentó exponencialmente. La incorporación de la mujer al trabajo provocó también que las familias comenzaron cada vez más a estar menos organizadas en el sentido tradicional del término.

El efecto de esta pérdida de rol de la familia en el esquema económico trasladar al mercado determinados servicios (como el cuidado de los hijos o la limpieza de la casa) que antes se realizaban dentro de la estructura familiar. Esto es por supuesto el resultado de una elección individual, el problema es que las condiciones de acceso al mercado es mucho más desigual (en función de la renta) que el de la familia. Todos podían permitirse en 1957 tener una madre que les cuidara, pero no todos tienen acceso hoy a una guardería o una babysitter. El resultado de este cambio, es claro: dada la mayor fragilidad familiar y el hueco dejado por la crísis de la familia, el status social de los hijos depende mucho más del de los padres ya que su educación y su cuidado depende mucho más del mercado. Lo mismo ocurre con la pobreza familiar: el acceso a servicios que antes era realizados dentro de la estructura es muy desigual, por lo tanto las desigualdades aumentan.

El segundo cambio es el de la estructura económica y el cambio tecnológico. Durante la posguerra, las economías europeas de carácter principalmente agrario comenzaron a industrializarse. En este proceso, todos salieron ganando: la industria pesada requería un cualificación muy débil y el salario (y el cambio de status social) aumenta considerablemente pasando de trabajar en un empleo rural a un empleo urbano industrial. Algo parecido ocurrió en el bloque soviético  donde la industrialización forzosa conllevó una movilidad social vertiginosa. En este contexto donde crecer solo suponía copiar lo que existía fuera y en definitiva mover factores el esquema con altas regulaciones, grandes bancos, negociación colectiva centralizada más o menos planificado funcionaba bastante bien. Era posible pagar salarios altos a hombres (no mujeres) poco cualificados y las flutuaciones económicas no requerían demasiada flexibilidad. Vivíamos en definitiva en un mundo estable.

Pero desde los 70 las cosas cambiaron. El cambio tecnológico (la informática, la tecnologización) cambió la forma de organizar las cosas. La parte de los servicios en el PIB no dejó de aumentar en relación con la de industria, los puestos de trabajo empezaron cada vez más a depender de una alta cualificación y del nivel de educación. Se produce por lo tanto el comienzo de un “Gap” de productividad entre trabajadores cualificados y trabajadores poco cualificados. Si añadimos esto a lo que hemos dicho sobre la familia (que la familias son menos iguales que antes) es fácil darse cuenta porque aumenta la desigualdad: la educacion depende mucho más de la educación y de cuanto inviertan los padres en sus hijos. Ya que las familias más pobres tienen “poco” que invertir (ya que deben esforzarse por sobrevivir) existe toda una generación de jóvenes con un nivel educativo deficiente. POr otro lado, la educación no lo es todo. Se ha comprobado por ejemplo que lo más determinante del éxito es la educación recibida en los primeros años de edad, no solo la que se recibe en el sistema educativo. Además, la educación no es solo la “instrucción” que se recibe en centros públicos, existen toda una serie de habilidades complementarias (como saber inglés, saber hablar en público, etc…) que han cobrado una importancia mucho mayor y que no se enseñan en centros públicos. La consecuencia de todo esto es una polarización entre trabajos mal pagados de baja cualificación (mileuristas y submileuristas) y trabajos muy bien pagados de alta cualificación que están en el origen del aumento de la desigualdad.

 En lo que hay que fijarse es en que el aumento de la desigualdad es, en general, un efecto colateral de cosas que consideramos beneficiosas (como la liberación de la mujer o la sociedad de la información). No se trata por tanto, como decía Luzbel, de que el sistema “esté mal diseñado”. El sistema estaba bien diseñado cuando la economía era una economía industrial con mano de obra poco cualificada y las familias eran estables y tradicionales, pero deja de estarlo cuando esto ha cambiado. 

¿Qué conclusiones cabe sacar? 

  1.  La primera es que el origen de la desigualdad creciente se debe a dos factores:
    1. El cambio de la estructura familiar hace que servicios que antes se proveían dentro de la familia ahora se proveen gracias al mercado donde el acceso es más desigual.
    2. El cambio de estructura económica plantea nuevos retos que el Estado del bienestar tradicional no es capaz de resolver (ya que la renta depende más de la educación y la formación).
  2. La segunda es que la desigualdad en los países desarrollados no debería dejar de aumentar, a menos que hagamos algo ya que los desarrollos que la han producido no tiene por qué cambiar en el futuro próximo.

La socialdemocracia, otra vez: los niños son la clave 

 ¿Qué queda entonces? Si el aumento de la desigualdad no es el resultado de la globalización y el Estado del bienestar viejo está averiado, ¿es eso un signo claro de que no hay alternativa?

El esquema de laissez faire tal como proponen los partidarios del fin del estado del bienestar en la época de la globalización provocará una serie importante de problemas incluso si seguimos razonando en un esquema totalmente utilitarista (donde la desigualdad no es algo malo, de por sí). En primer lugar, un problema de natalidad: tener hijos es cada vez más costoso, así que, ¿quién pagará nuestras pensiones?. Esto llevaría, inevitablemente (ley de la gravedad), a relajar los controles respecto a la inmigración que tanto temen algunos. En segundo lugar, originará toda una serie de conflictos sociales que son inherentes a la desigualdad y que pondrán en peligro nuestra estabilidad democrática.

 ¿Cuál es el reto? Dado que, (repito, porque es importante) las fuentes de la desigualdad provienen del cambio de estructura económica y de la incapacidad del mercado para suplir el rol de la familia, la única alternativa posible es que el tercer mecanismo de distribución de recursos del que hablaba el Estado, tome esas labores a su cuenta.

La clave, son los niños. Dado que la desigualdad se forma en los primeros años de edad ( cuando los niños aún no han tenido, si quiera, oportunidad para tomar ninguna decisión responsable!) y también es en esos primeros años de edad cuando la falta de la familia se hace sentir con más fuerza es necesario que el estado supla a la familia en esa labor.

¿Qué medidas concretas? Vamos con algunas: dar ayudas tales como el cheque bebé a los padres que tienen hijos. Esto permitiría redistribuir renta a los que más lo necesitan (los que tienen más gente a su cargo). Otra medida posible y necesaria es la gratuitidad de las guarderías. Las guarderías no deben ser necesariamente públicas, pero sí deben ser gratuitas. Esto aseguraría que la mujer no deba dejar el trabajo (como ocurre a menudo en España) que tener hjos no sea tan costoso (aumentando la natalidad) y sobre todo, evitará la sensibilidad de los hijos a la situación de sus padres con un gigantesco efecto igualador. Otra medida razonable es la adaptación de los subsidios de desempleo a esta situación; las mujeres no deben ser discriminadas en la incorporación al trabajo (de ellas depende una parte de la renta familiar y por lo tanto del bienestar del niño) y las bajas por maternidad deben ser sufragadas al cien por cien por el Estado sin perjuicio para la empresa. La flexibilización del mercado de trabajo y el aumento de la movilidad laboral es también una medida: si después de perderlo encontrar un empleo es más sencillo, el coste de tener hijos y ocuparse de ellos se reduce considerablemente. Por no hablar de esa maquinaria de exclusión social que es el paro juvenil. En este sentido, reducir el salario mínimo (especialmente en Francia) o los costes del despido y aumentar las políticas de activación son medidas totalmente necesarias.

Más aspectos de la modernización del Estado del bienestar tienen que ver con el sistema educativo. Es evidente que el sistema educativo está profundamente inadaptado a nuestro mercado de trabajo. Reivindicar lo contrario equivale a estar a favor de un mundo donde solo los ricos encuentran trabajo (ya que son los únicos que pueden huír a una universidad privada). Esto no es solo una receta para la igualdad, es una inversión en capital humano y una receta para crecer más y más rapido. Habilidades complementarias como los idiomas, las prácticas o la interdisciplinariedad. Hablaré del caso que conozco mejor: ¿cuantos estudiantes de derecho, materia téorica donde las haya, son capaces de redactar un contrato o hablan inglés al salir de la universidad? ¿Cuantas sentencias han tenido que leer a lo largo de la carrera? ¿Cuantos saben lo más elemental de economía y contabilidad? Y sin embargo, todas estas son habilidades requeridas para ejercer la profesión. Algo parecido es aplicable al sistema educativo no superior.

¿Cuanto cuesta?

El lector sospecha tal vez que hay un problema desde el punto de vista de la financiación. De todos es sabido que los gobiernos se las ven y se las desean para financiar sus propuestas, mucho más en la era del imperio del “no déficit”.

 Por supuesto, estas propuestas asumen que debe estar sostenido por una economía robusta. Estoy hablando de un mundo donde la reforma estructural de los mercados de capital, productos y trabajo se ha llevado a cabo con éxito, donde la integración en el mercado único europeo es real y donde los Estados han cumplido los objetivos de Lisboa.

Pero sobre todo, no hay que ver esto como un gasto perdido, se trata de una inversión social. Dado que son medidas qeu buscan atacar la desigualdad y aumntar la productividad en su más esencial base, tomarán tiempo en surtir efecto, aproximadamente una generación.  La teoría de la hacienda pública nos dice que el gasto de inversión no debe tratarse de la misma forma que el gasto corriente (¡!)

El problema es que, además, no podemos permitirnos no modernizar el Estado del bienestar. Como decía más arriba, los problemas de natalidad y de conflictividad social que llevaría aparejada la inercia sería mucho peores que el cambio.

Conclusiones

Se me quedan fuera del artículo dos aspectos importantes: el sistema de salud y las pensiones y el cuidado de los mayores. Sobre el primer tema hay mucho escrito (cruzad “sanidad” y “egocrata” en google) y sobre el segundo ya hablé en un post  el otro día y sobre la ley de dependencia también hay bastante escrito.

Los socialdemócratas creemos en la igualdad de oportunidades. Por esa razón, repensar la forma de entender el Estado del bienestar es necesario cuando el mundo en el que vivimos ha cambiado. De otra forma, estamos condenando a las generaciones futuras a la desigualdad.

Pero mucho más, los economistas eficientes, socialdemócratas o liberales saben que simplemente no podemos permitirnos un mundo como el que daría la falta de reacción a la inercia. Por eso, no modernizar el Estado del bienestar es también condenar a las generaciones futuras a la miseria.

De nuevo, el proyecto socialdemocrata es la mejor solución para todos, no solo para los pobres.

(1) Egócrata explicó hace tiempo un sensacional post sobre los tipos de estado del bienestar donde basándose en el la tipología de Esping Andersen nos explicaba los modelos socialdemocráta escandinavo, cristianodemócrata continental y el liberal clásico. La realidad es que si uno lo ve a través de este filtro y se pone a hablar de crísis del Estado del bienestar, las cosas parecen bastante distintas en la medida en que no existe “una crísis” sino problemas distintos en cada uno de los países. En general, el modelo que he describo aquí se refiere al modelo “continental” aunque es algo que también se aplica a otros países.



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Escrito por Citoyen   
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