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“Sospecho que las culturas, mal que bien y de un modo u otro, dialogan siempre. Penetran unas en otras, se fecundan y recrean. Incluso a veces, como resultado de tanta coyunda histórica, se producen partos difíciles o prematuros, abortos legales o ilegítimos, engendros y disparates varios. Así es la vida. También hay defunciones, claro. Siguen siendo consecuencia de la vida.” Estas palabras del escritor Alfredo Conde son, a mi entender, una preciosa descripción de esta nuestra España o nuestras Españas. Fue publicado el día 28 de febrero de 2008 en el Periódico de Cataluña. De lectura aconsejable.
En el artículo el autor expone que la llamada al diálogo o la Alianza de Civilizaciones no es más que la forma de anudar las diversas realidades que existen en nuestro planeta, siguiendo el ejemplo nos lo recuerda, ese ejemplo tan próximo y nuestro a pequeña escala como es la península Ibérica. Y siendo herederos de la cultura clásica griega y romana, el Ágora, el Forum, tanto como los actuales parlamentos, la ONU o un Forum de las Culturas o un Ágora de las Civilizaciones es el camino a seguir, frente al dogmatismo de religiones, credos, e ideologías que hablan más de lo que no es posible, de lo que no puede ser, que no de lo posible, de lo que puede ser y devenir. Porque el parlamento español debería ser y lo es (aunque a algunos les pese) ese lugar destinado al entendimiento entre y para todos los ciudadanos, vía los representantes escogidos. El tesoro de la democracia es que toda voz que respeta a las otras voces, que respeta la vida y la dignidad humana tiene cabida. Incluso irónicamente la Democracia otorga el derecho a manifestarse incluso las que no respetan las otras voces. Y en el diálogo constante se certifica que todo fluye, que un país, que unas naciones están en continuo cambio y que la historia tan solo es historia contada por unos y por otros. Cómo bien dijo Heráclito todo fluye y es imposible bañarse dos veces en el mismo río, un río en el que el dinamismo de sus aguas lo hace cambiante, azaroso inesperado y quizá por ello más libre y auténtico. En Catalunya, España, Europa y el mundo, todo fluye. La referencia al pasado tiene su valor, valor del que sabe de dónde viene, pero que no determina a donde va porque este donde va hay que negociarse, hablarse. Y cómo no: todo lo humano esta sujeto al azar o a aquel destino del cual nos hablaron los griegos, aquel destino aceptado, no criminalizado como natural. Como los resultados culturales que nos muestra Alfredo Conde pueden producirse desde bellos nacimientos hasta engendros y dispares varios. Pero no por ello negaremos la esencia viva de las culturas, de las relaciones sociales entre los pueblos, entre las culturas. La verdadera libertad de nuestra especie, este terrible y a la vez maravilloso libre albedrío, nos puede llevar a lo peor pero también a lo mejor. Tan humano, tan genuinamente humano. Podemos dejarnos guiar por el dogmatismo, o podemos dejar, como hemos hecho y hacemos por el diálogo como camino hacia la convivencia y vivencia entre los seres humanos que poblamos este bello planeta. Por esto y por tantos otros motivos, por qué no seguimos el consejo de Alfredo Conde y mejor continuar sin tener el corazón partío y sin tener que cocernos, una vez más en nuestra salsa. ¿Por qué no?
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