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Se pudo evitar , sí. Se podría haber evitado si no hubiera quien cree que un trozo de tierra vale más que una vida. Si algunos no volcaran sus odios, sus frustraciones y su propia maldad en la víctima más débil. Se hubiera podido evitar, tal vez, años atrás, si muchos de nosotros no hubiésemos mirado hacia otro lado durante ese tiempo en que “ellos” eran de los “nuestros” porque, decíamos, luchaban contra los “malos”. Y se habría podido evitar si no creyeran que tienen el poder de hacernos cambiar, en unas horas, la opinión que nos hemos formado en dos semanas de campaña.
Esta tarde, necesitada de algo de aire fresco, aproveché el camino de vuelta a casa para dar un corto paseo, y mis pasos me llevaron casualmente junto al monumento a Rafael Casanova. Ante la ironía de encontrarme un día como hoy ante un hermoso símbolo del nacionalismo -porque sí, el nacionalismo también tiene símbolos bonitos: en realidad se alimenta de ellos – me paré un momento a reflexionar, con la radio aún conectada a los auriculares. Pero no saqué nada en claro porque el dolor aún está demasiado presente, y tal vez esa sea la mejor conclusión que puedo sacar: que paremos un momento, unos minutos, unas horas hasta que el pulso se nos haya normalizado y podamos pensar con la cabeza en vez de con las entrañas. Y eso es lo que he hecho: parar un momento, cortar el flujo de informaciones, opiniones y sensaciones hasta que he podido volver a enfrentar la realidad. Y con la cabeza bien fría, puedo dar mi opinión con absoluta tranquilidad: sois unos cobardes. Curiosamente, la opinión coincide con lo primero que me había venido a la cabeza seis horas atrás.
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