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viernes, 29 de agosto de 2008
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El comportamiento humano manipulado Imprimir E-Mail
Lecturas 4219    

ImageEn el momento histórico en el que surge el mercado laboral, lugar abstracto donde se reduce al ser humano a la simple consideración de mercancía, la lógica capitalista toma el mando de la sociedad y el pensamiento. Fue entonces cuando la Economía Política se configuró como ciencia autónoma; aislada de otras disciplinas y de la misma moral.

Como apuntamos la semana pasada, los economistas fundan sus análisis en las observaciones de las acciones de los individuos, las cuales han sido emprendidas de acuerdo con la voluntad de cada uno. El modelo económico excluye, de este modo, el estudio del origen de la voluntad misma, tan sujeta a influencias externas y de tan distinta naturaleza.

Tanto la parte teórica (la ciencia económica) como la práctica (el funcionamiento real de la sociedad) está sujeto a un modelo racionalizador. Desgranaremos a continuación las características de los dos aspectos, siempre interrelacionados.

La ciencia económica surgió como resultado de estudiar el funcionamiento del mercado laboral originado en los últimos años del siglo XVIII, y más concretamente de observar la paradoja de la ley Speenhamland1 de 1785 en Inglaterra. Dicha ley tenía como objetivo asegurar un mínimo vital de subsistencia a aquellos que se veían perjudicados por el correcto funcionar del mercado autorregulado, pero tuvo que ser abolida años más tarde por haber generado, paradójicamente, más pobreza. Con su desaparición triunfaba el utilitarismo burgués y nacía el homo oeconomicus.

Este modelo teórico se iría desarrollando hasta la actualidad con nuevas aportaciones –especialmente matemáticas-, pero manteniendo inamovibles aquellos axiomas errados que eran la base del propio modelo. La equivalencia entre bienestar material y felicidad, así como la no saturación –cuanta más riqueza mejor-, y el modo de actuar independiente y libre eran parte de estas premisas que se debían entender como obvias, y que respondían al intento de universalizar la condición –y su conducta- humana bajo un sistema analítico basado en variables cuantitativas.

En el aspecto práctico, este mismo modelo, que excluía el estudio del origen de la voluntad individual, se encargaba de configurar un sistema racionalizador que homogeneizara el comportamiento humano a fin de adaptarlo a las premisas teóricas antes comentadas. Se transforma así la propia realidad para que tome la forma del modelo. Y esto se consigue a través de la influencia artificial2.

Y es que la voluntad humana no surge de la nada. Es parcialmente el resultado de rasgos fundamentalmente individuales (de carácter genético), pero especialmente de un proceso social que puede anular todo rasgo personal previo. El sistema socio-económico creado, con su espectacular fuerza publicitaria, es capaz de “orientar” primero, y “determinar” después, la voluntad ajena, configurando así los gustos individuales de cada uno, pero creando simultáneamente una sensación de independencia que se sustenta en la superficial libertad de elegir.

Así, los individuos se creen independientes –tienen una voluntad que pueden modificar- y libres –pueden escoger-, y es a partir de sus acciones cuando los economistas continúan reproduciendo el modelo teórico, congratulándose de que las observaciones responden a sus predicciones iniciales.

Estamos entonces frente a un círculo vicioso que afecta a nuestra realidad en tanto que somos parte y objetivo de un inmenso sistema que nos trasciende.

Estamos, en definitiva, frente a un modelo teórico que justifica un orden práctico desigual de las posiciones sociales y que atrapa con su fuerza publicitaria y comunicativa al individuo, manipulándolo y transformándolo hasta que consigue de él su conversión hacia la figura de un sujeto pasivo a su servicio. Proceso que continúa con la verificación del modelo a través de la observación práctica de estos mismos –ahora sí- objetos.

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(1) Ver: Polanyi, K. (2003): La gran transformación, Fondo de Cultura Económica, (1957)
(2) Bakunin distinguía entre influencia artificial e influencia natural, declarando a la primera enemiga de la libertad, en tanto que nacía de diferencias que podían ser salvadas. La influencia natural, sin embargo, es parte de la condición humana, siendo de carácter creativo.

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Escrito por Alberto Garzón   
martes, 11 de abril de 2006
 
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