| Resultados (II): vigilando tus amistades |
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La verdad, quería dejar el capítulo sobre la vida oculta de los partidos para un poco más tarde, tras tocar temas más serios como los efectos del bipartidismo o la agenda política que viene, pero no lo he podido resistir. Esos amigos del PP, esa buena gente, ya están puestos con alegría y entusiasmo a hacerme feliz, todo puestos en el momento más divertido de la vida de un partido político: la legendaria, fascinante, terrorífica renovación interna.
La del PP en este ciclo promete ser épica. Una de las buenas. Saquen las palomitas, señores, que empezamos. Uno sabe que va a pasar un rato estupendo cuando un proceso de renovación empieza con el líder diciendo que se queda. La cosa se hace aún más interesante cuando el jefe del partido y todócratas aledaños andan diciendo que han tenido una derrota estupenda, la mejor derrota que vieron los tiempos. Y por supuesto, el delicioso regalo final que una parte importante de los medios de la derecha están hablando ya a estas alturas de equivocación, error y desastre. Para empezar, ignorad el aplauso entusiasta de todos los barones del partido al anuncio de Rajoy. El PP es un partido político moderno, bien organizado y lleno de gente inteligente y ambiciosa. Todo el mundo sabe de sobras que la disciplina de partido es importante, tanto de cara al exterior como para ser respetado dentro del partido. Por mucho que uno quiera ocupar el puesto del jefe, todo el mundo sabe de sobras que parecer demasiado sediento de sangre es una mala idea (preguntadle a Gallardón); con cámaras delante todo serán palmaditas en la espalda. Lo que debería ser realmente preocupante para Rajoy y supervivencia política es esta idea de la derrota dulce y el hecho que un número preocupante de medios de la derecha no ha esperado más de 10 minutos en sacar el hacha. Las derrotas dulces son peligrosas porque te dejan en la cuerda floja entre cambio y continuidad: has perdido, así que debes renovar, pero el resultado ha sido muy bueno (dicen) así que no puedes renunciar a todos estos valores que nos han ido tan bien. Cualquier líder en esa situación está condenado a tomar decisiones que no gustarán a todo el mundo... lo que abre las puertas a sus problemas con los medios. Rajoy empieza su carrera por la reelección con la soga al cuello de la derecha mediática. No hace demasiado hablaba de la relación más o menos perversa que cualquier partido político tiene con los medios que le son afines; hoy es el día en que el jefe del PP la maldice de veras. Los medios de la derecha tienen su preferencias e ideas sobre cómo debe ser el partido; cuando Rajoy haga algo que no les guste (y lo hará) no van a dudar en sacar el martillo y buscar un buen yunque, ya que ellos son los que entienden por qué el partido ha perdido / no ha ganado del todo. ¿Federico apoya a Rajoy? Esperad a que este llame a Gallardón, Camps, Elorriaga o cualquier persona non grata del locutor y pretenda moderarse. ¿El ABC? el más mínimo guiño hacia Acebes será recibido con furia. Y El Mundo, evidentemente, ya está más que puesto en la labor de cantarle las cuarenta al bienamado líder. El resultado es, a corto plazo, una guerra fría inestable, con todo el mundo esperando a que otro mueva primero. Un conflicto interno en un partido es un asunto peligroso en donde pegar primero siempre es una desventaja; los partidos no acostumbran a pagar a los traidores. La estrategia a seguir por todos los bandos es esperar a que sea otro el que haga algo que pueda considerarse un ataque, sea lo que sea. No ser incluído en un equipo., un cambio de lenguaje, una crítica a un medio que me apoya, cualquier cosa. Eso abrirá la veda, las recriminaciones, y hará que todo el mundo empiece a mostrar su cartas. Rajoy tiene que hacer un magnífico encaje de bolillos para superar todo este pollo. Lo que es más grave, cualquier resultado que no lleve a un partido unánimente sonriente apoyando al líder lo convierte en un cadáver político igual. Si no es capaz de reunificar a todo el mundo de forma sólida, todo el mundo que aspira a algo tendrá una excusa para liarse a tortas de forma más o menos descarada. Y ya sabemos que los votantes nunca aprecian un partido dividido. Preguntadle a Joaquín Almunia. ¿Está el partido condenado a divisiones internas esta legislatura? No. Sólo tienen que mirar al partido que ganó el domingo y cómo arreglaron las cosas hace ocho años: congreso abierto, todos a ostias, y que Dios nos pille confesados. Espero que Rajoy, cuando dice que quiere un congreso abierto al que cualquiera pueda presentarse hable en serio. Caramba, puede que gane y todo; la militancia del PP aprecia al barbas, y la verdad estoy bastante convencido que sin ataduras y habiendo ganado el control del partido en plan machote sería un líder bastante más efectivo de lo que ha sido hasta ahora, sin minorías que se autoproclaman guardianes de las esencias haciéndole la vida imposible.
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| Escrito por Roger Senserrich | |
| miércoles, 12 de marzo de 2008 | |
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La verdad, quería dejar el capítulo sobre la vida oculta de los partidos para un poco más tarde, tras tocar temas más serios como los efectos del bipartidismo o la agenda política que viene, pero no lo he podido resistir. Esos amigos del PP, esa buena gente, ya están puestos con alegría y entusiasmo a hacerme feliz, todo puestos en el momento más divertido de la vida de un partido político: la legendaria, fascinante, terrorífica renovación interna.






