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Estimado lector, en el primer texto deje demostrado que la propiedad intelectual pulveriza la superestructura legitimante del capitalismo clásico, al introducir un sistema de compensación monopolista en un entorno que se justifica por asegurar la libre competencia entre los actores económicos. Los simonitas, defensores de la propiedad intelectual, intentan convencernos de que...
Estimado lector, en el primer texto deje demostrado que la propiedad intelectual pulveriza la superestructura legitimante del capitalismo clásico, al introducir un sistema de compensación monopolista en un entorno que se justifica por asegurar la libre competencia entre los actores económicos. Los simonitas, defensores de la propiedad intelectual, intentan convencernos de que otorgar la propiedad sobre la idea -que se resuelve en un derecho de explotación exclusivo sobre su expresión física- es mejor que dejar que los intelectuales, artistas y científicos se mueran de hambre. Si no decretamos la propiedad exclusiva –afirman- nadie tendrá razones para desarrollar nuevas ideas, por tanto, debemos compensar con el monopolio el esfuerzo intelectual si queremos que la humanidad avance. Así planteado, el edificio utilitarista parece razonable, pero mucho cuidado, querido lector, el argumento esconde una premisa falsa: la privatización de las ideas no debe de confrontarse con el absurdo de dejar sin recompensa el esfuerzo intelectual. ¿Quién ha escrito que debemos elegir entre el monopolio o nada? ¡He aquí el engaño! El utilitarismo es pervertido por los simonitas: lo que dicta el utilitarismo es que debemos compensar a los intelectuales por su esfuerzo y que tal recompensa debe ser suficiente para motivar el trabajo y el desarrollo de las ciencias y las artes, -y hasta aquí todos de acuerdo-, pero no nos dice que tal recompensa deba ser la propiedad exclusiva sobre las ideas. Pero si nos empeñamos en justificarla existe un falso atajo: convencernos de que propiedad intelectual es el único sistema de compensación posible. Si debemos elegir entre nada y la propiedad intelectual, evidentemente todos optaríamos por la propiedad. Queda claro que para ampararse en el utilitarismo deben engañarnos y contraponerlo al absurdo de abandonar a su suerte a los intelectuales. Pero no es el caso, existen alternativas más justas que la oportunista propiedad intelectual y una de ellas será planteada en el quinto texto. Pero antes debemos revisar otras cuestiones de base que son muy interesantes. En la tercera, nos saldremos de los ámbitos meramente económicos y de interés y hablaremos sobre una propuesta de modificación de la Declaración Universal de los Derechos Humanos con la intención de recuperar el derecho al conocimiento de todo ser humano. Y para terminar, estimado lector, quiero anunciarle que con el quinto texto publicaré en esta página el “Segundo ensayo contra la propiedad intelectual”, en el cual se recogen estas ideas de una forma concisa, amena y cercana.
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