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viernes, 16 de mayo de 2008
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Contra el hombre unidimensional (IV) Razón práctica Imprimir E-Mail
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ImageComo sé que a mis amig@s visitantes –que no lectores- de perfil político y burócrata, esto de las filosofías les parece algo etéreo –no saben que jugar con las tripas del marco es lo menos vaporoso que existe. Confunden lo concreto con lo inmediato, y por lo tanto hacen de su estrategia la reacción- voy a intentar decir algo de las consecuencias del pluralismo filosófico para los partidos políticos – con ánimo progresista- y para las instituciones públicas en la próxima entrada: el business intelligent de Karl Marx.

LA NEGACIÓN COMO MOTOR DEL PENSAMIENTO. INSTITUCIONALIZAR LA CRÍTICA.

Citábamos a Marcuse donde señalábamos que el pensamiento tiene dos aspectos relevantes, uno el de su carácter universal, positivo o instrumental, que busca relaciones universales entre los objetos a los que hacen referencia los conceptos y que percibimos o tenemos referenciados, que sirve para operar con dichos objetos de forma inteligente –virtual-, y dos, su faceta negativa, que descubre las cosas en su singularidad, sin asimilación ni al todo ni a nuestras necesidades y que tras ella, superábamos nuestras viejas concepciones universales –conceptuales- de las cosas en una nueva síntesis para volver a empezar –libertad histórica-

Vamos, en el fondo tiene un aroma popperiano, necesitamos someter a la crítica nuestros teorías o discursos para que nuestro conocimiento sea cada vez más ciertos –los de la escuela crítica sustituirán certeza por libertad en lo social- Y sus beneficios son evidentes en las joyas de occidente: su ciencia, su democracia, su libertad de expresión y su industria basada en el conocimiento.

Las buenas instituciones científicas, las instituciones faro de Occidente, han tratado de introducir este elemento negativo en su interior. Un intento de hacer sistemático lo que ha sucedido en la historia con provecho. Crítica y refutación. Si bien, no se ha hecho en las universidades, no internamente en cada una y menos en la mayoría de sus departamentos, sí se ha implantado al menos en el funcionamiento del circuito global. Las publicaciones en las revistas científicas son revisadas por terceros, los congresos pueden ser auténticas reuniones de espadachines, por no decir de navajeros que queda muy feo, esperando el menor desliz intelectual como excusa para resarcirse de viejas cuitas. Incluso, por asistir a la verdad, existen algunos buenos departamentos que prepara a sus miembros con una labor de crítica dura pero constructiva , aunque pocos -Y esto lo digo como antropólogo encubierto que fui en su día en un campus universitario, visitando todos sus departamentos, disfrazado de informático. O era al revés, no recuerdo-

Las democracias y las elecciones son otra forma avanzada de introducir el elemento negativo en las instituciones de una sociedad. La crítica es esencial a la democracia. No queremos que nos dirijan tiranos, pero tampoco queremos que lo hagan burócratas cuya visión del mundo está reducida a sus años de oposición y a sus trienios en la caverna del ministerio o la consejería, a lo Confucio –con todo lo valioso que son los buenos funcionarios para un estado-. Requerimos un elemento negativo de crítica entre las diferentes visiones generales de cómo debe ser un país y a donde tiene que dirigirse. Si bien ni los partidos ni los candidatos debaten como deberían al menos confrontan públicamente sus posiciones y cualquier persona con ganas de una mayor información puede acceder en alguna medida a ella.

La libertad de expresión y el periodismo juegan también este valioso papel de crítica. Aunque ellos internamente tienen que ser constructivos, de cara al resto de las instituciones no tienen porque ceder a ningún interés que no sea el de la verdad –ya nos gustaría que el estuviéramos más cerca del ideal que lejos, pero vamos, aprecio donde estamos comparado con otros países del nuevo liberalismo, donde casualidades de la vida, aparecen periodistas muertos como ratas de estepa, tras ser anteriormente un tanto díscolos con el gobierno o los nuevos señores; o tienen periódicos de la talla del Granma. Bueno, nosotros aquí hemos tenido el periodismo de la conspiración del 11M, en fin-

En la economía y en las empresas también tenemos la crítica introducida en forma de competencia. Las grandes empresas operaban como gigantes que arrasaban por donde pasaban. Hasta la revolución de las TI. Esos mastodontes empezaron a ver como corrían serios riesgos frente a empresas más pequeñas pero con carácter modular y conectadas en red en su producción –el ejemplo clásico es Toyota en Manuel Castells- Y asumieron que su división interna debía ser más orgánica, con mayores responsabilidades de las diferentes partes, para que así entre ellas también entrasen en el ejercicio negativo de competir con otros, incluso con los de tu propio empresa.

La economía de mercado digamos que desde el principio moldeó el elemento negativo en la forma de competencia –por paradójico que parezca- Haciendo que el dinero fuese la información a intercambiar entre las empresas –el problema claro, es que todo sistema de información tiene sus fallos –lo que es sabido y que por tanto demuestra la estupidez de los ciegos creyentes del liberalismo económico como si de un dios perfecto se tratase-, por ejemplo esos cracks en la bolsa o las crisis financieras o las devaluaciones de las monedas, evoluciona a veces, y también se relacionan con otros sistemas de información… por ejemplo los que llevan los intereses militares, dinásticos, de clases sociales, políticos, sindicales, culturales, etc. dando cruces a veces beneficiosos y otras veces espantosos-

Un ejemplo de cómo evoluciona esta crítica es como las nuevas empresas, las de emprendedores, estudian como entrar en el mercado. Crear una empresa requiere ideas creativas pero sobretodo requiere ideas que puedan prosperar en un mundo competitivo dominado por grandes corporaciones. Una nueva empresa tiene que tener conocimiento –universitario- en bruto que desarrollar que pueda satisfacer una demanda del mercado, o pueda incluso señalar una nueva, o mejor crear una nueva necesidad con un produzco que despierte un nuevo interés –o una antiguo escondido- Pero posicionarse en el mercado requiere una batería de críticas que superar ante el conocimiento del mercado, a quien vas a ir dirigido, vas a ser barato o caro, vas a ir poco a poco o quieres una gran inversión inicial, cómo funcionan los posibles competidores, que respuestas te darán, etc. Un plan de empresas como el Dios del Dinero manda y sino olvídate de la inversión.

Los emprendedores en el mundo empresarial enfrentándose a lobos viejos; los departamentos científicos con una planificación de crítica sobre sus propios miembros a los que tanto aprecian y saben que tienen que cuidarlos pero también curtirlos; la profundización en los gobiernos autonómicos y locales, de tal forma que el ciudadano y el partido de enfrente practique el control y la crítica sobre un gobierno, que de no existir las autonomías sería un puesto designado a dedo por el gobierno de la nación, provocando que tales puestos no se ganasen gracias a elecciones, como sucede ahora, sino a saber vivir de las rentas de la marca –que grandes son las autonomías-, son todos ellos ejemplos de cómo el elemento crítica se hace indispensable en el progreso y el perfeccionamiento de cualquier institución. Una crítica articulada, organizada, seria, ordenada, sin afán destructivo ni revanchista, pero crítica con todas las letras y todas las consecuencias.

¿Y a quien o que le falta esto? Pues sin duda a los partidos políticos. Hay quien habla de la mediocracia -José Rodríguez- argumentando que la capa intermedia de los partidos esta rellena de una masa estabilizadora que permite a unas élites estar tranquila pudiéndose dedicar de vez en cuando a sus cuchilladas palaciegas dejando de lado sus verdaderas obligaciones, sin temor a perder del todo la posición. Yo no iría a eso, me parece una crítica, que sin dar el paso a decirla sin adornos, se disfraza de análisis –aunque valoro el espíritu crítico y de mejora que hay detrás de ello- No creo que la capas intermedias de cuadros políticos sean masa y es más, creo que sorprendería el ánimo crítico que hay en ellas si se consiguiera superar las reticencias que impone la facción, la competición con el de enfrente, el miedo al jefe, etc. Usted pille a un cuadro intermedio relajado y ya verá como es consciente de lo que pasa y de que considera que el juego no está bien del todo.

Claro, pero siempre está la idea de que la necesidad obliga. El conflicto de poderes, poner en peligro al líder de la manada que provee a todos de proteínas, que alguien te malinterprete y confunda tus valores como una falta de lealtad, no tener toda la información y por tanto desconfiar de todos los que tienes enfrente, los que quieren pasarte por encima, los que quieren quitarte el puesto, por supuesto casi nadie querrá nada bueno para ti a no ser que pueda sacar tanto beneficio como tú–excepto si es de tu familia, coño, a que será este el secreto de que Europa y todas las grandes civilizaciones sean el producto en sus inicios de casas reales unidas por lo único que daba cierta confianza, la sangre, aunque no siempre, claro, la familia siempre está llena de ovejas negras. El Padrino, pedazo de metáfora del poder, sobretodo la III, por mucho que se metan con ella-

Ya. Todo esto es mentira. Occidente lo ha demostrado –también tenemos cosas buenas, muy buenas- El miedo a estar fuera del grupo, el deberte a un señor que es dueño de tu suerte, incluso de tu vida, el no ver luz más allá de ser servil y risueño con quien te da de comer sus sobras, o que te invita al precioso baile de cumpleaños de su hija, pero mejor ni la mires ni abras la boca porque te pueden tirar al lago, son cosas superables. Dos tradiciones han luchado contra esto, la republicana, cuando ha combatido la no dominación –que no el poder o la articulación política de la sociedad, no son ácratas- y la científico-tecnológica, la autoridad no tiene nada que hacer contra los buenos argumentos y los trabajos concienzudos –salvo tirar a la gente a la hoguera-

Y esto es posible porque los señores son sólo unos pocos y los doblegados multitud, y en cuanto unos pocos dan pasos delante de forma continua en el tiempo, los señores temen que otros señores con la ayuda de la multitud, les pasen por la guillotina. Es posible porque a medida que las sociedades crecen el conocimiento se hace un elemento indispensable para gobernar, para redistribuir legislación, riquezas y oportunidades, de forma que la masa descontenta no se lance a por ti ensalzada por otras élites revolucionarias –no se engañen, en Europa las revoluciones no han sido de proletariados sino de la burguesía, especialmente la holandesa. Los logros obreros nunca han sido revolucionarios sino progresistas, o sino cuéntenme una revolución obrera en los resultados no en el nombre- Esto es posible porque la mayoría de la gente se mueve por valores –acertados o no. Hasta querer ser poderoso es un valor- y se ponen del lado de quienes ofrecen libertad y oportunidades de prosperar. Esto es posible porque los estados democráticos se han ido formando en Europa a la vez que veían como los gobiernos y las casas reales aprovechaban la excusa religiosa para mandar a sus súbditos a las guerras carniceras de muerte segura, o como la nueva EEUU sufría tener que tributar como colonia a una nación lejana. De tal forma que a un lado y a otro del charco, las buenas razones se hacían más apreciadas que los argumentos de autoridad – Y unas cuantas más razones que otro día tocará analizar-

INSTITUCIONALIZAR LA CRÍTICA DE FORMA ORDENADA Y PRODUCTIVA.

Es decir, institucionalizar el debate ha sido el secreto de que en occidente las buenas razones estén por encima de las razones de la autoridad. Porque además, constitucionalmente así nos lo hemos impuesto, no hay autoridad sin buenas razones, a saber, razones en forma de votos producto de la persuasión a través del debate público.

Ahora, si los cuadros intermedios no aparentan mucho movimiento, es porque están en un limbo que no lo permite, porque no tiene institucionalizado su forma de comportarse de acuerdo a un criterio que permita conjugar valores y productividad. Un cuadro intermedio no puede hacer críticas, a lo sumo lo mejor que puede hacer es esperar 15 o 20 años a nivel nacional, supongo que menos a nivel autonómico y menos a nivel local, tejiendo una red interna que llegado el momento cambie todo. O peor, puede volverse loco y puede, no ya jugársela al jefe de la facción, sino al partido. Estos pone zancadillas, o peor, estos tránsfugas que no se ven venir porque están todas las luces apagadas. No hay válvula de escape para la crítica y eso sólo desemboca en el conflicto. No hay luz y por eso no hay previsión interna.

No dejar espacio a la crítica no conlleva la unidad, a no ser que se imponga una disciplina cuartelaría con consejos de guerra –¿Y qué ciudadano en una época con tanta libertad aceptaría meterse en un juego así? Desde luego no los que tienen valores los más progresistas- Sino que la aparente calma conlleva las conjuras palaciegas, el estar tramando constantemente, el no poder saber que piensa el de enfrente, el intentar perjudicar subterráneamente y sin que se note y el tener la vana ilusión de que cuando uno sea Capitán General y mande, transformará las cosas a mejor –hay gente que se engaña muy bien a sí misma-

Falta cultura interna de debate institucionalizada, que permita que salgan a la luz las mejores razones y no las razones de los que mejor saben sobrevivir. Un debate leal con el papel de un partido que necesita una imagen pública, un debate que no entorpezca las medidas que ya se están aplicando en las instituciones, un debate que no reviente una campaña electoral. Pero un debate con crítica, sin tabús, sin más compromisos que las ganas de veracidad y de servir a unos valores progresistas.

Esta cultura existe en instituciones públicas, en empresas, en universidades, es la cultura mayoritaria de la sociedad, una buena razón al final entre hasta en los cabezotas, y no deberían inventarse excusas para no hacer lo mismo en los partidos. Excusas igual de conservadoras, apolilladas y hasta reaccionarias, como las que no querían debate en las instituciones, preferían dictadores, excusas en las empresas –esas empresas familiares donde nada se mueve- hasta que llegaban las sociedades anónimas o las multinacionales extranjeras, excusas en las universidades hasta que vieron su ridiculez investigadora. Excusas hasta que se pierde. Excusas que pitan muy mal en un socialismo incapaz desde muchos años atrás, de ganar en Madrid, Valencia o Murcia. Excusas que ahora harán que en el PP se desangren internamente a cuchillazos –cosa que en Madrid no aprovecharemos-

Esto no es una arenga de un descontento que no ve horizonte. En el PSOE se están haciendo cosas buenas para introducir esta cultura. Las Conferencias Políticas llevan este espíritu germinando en su interior. Cuadros Jóvenes también. La frase de Pepe Blanco diciendo que el partido no tenía más razones que las que podría defender públicamente. El discurso de Zapatero en la última recordando que un líder se hacía a sí mismo ganando en las urnas el apoyo de sus compañeros y no siendo designado a dedo, porque en vez de compañeros estaría ganando competidores –como le ha pasado a Rajoy- O en Torrejón tenemos Grupos de Trabajo que podrían ser aprovechables para crear esta cultura crítica.

Muchas cosas que reconocer. Pero desde arriba aunque quisieran no podrían hacer todo. Esto exige pasos. Pasos inteligentes de gente con ganas de innovar, de debatir y de trabajar más allá de lo valioso de esto para posicionarse en la carrera orgánica. Pasos dando la cara que demuestren quienes valen para la política con transparencia y quienes sólo tienen habilidades para conspirar o cuchichear. Pasos con cierto riesgo que demuestren a los demás que por defender ciertas ideas a veces bien merece la pena el subirse a un trapecio sin red, que el progreso también conlleva riesgos y que esto no es como habitar en el interior de una empresa donde lo importante es ascender y no llevarte mal con nadie, sino pasos que demuestren que esto es más parecido a lo que sucede en la superficie de las empresas, donde lo importante es producir cosas valiosas para el resto –y para uno mismo, claro está-

PS: Esto no es un intento de dogma. Es una incitación a lo mismo que defiende, al debate. Supongo que un ideal de todo político debería ser que hacer y decir apunten a lo mismo.



Comentarios de los usuarios (1) RSS feed comment
Escrito por miguelnunezrios, on 06-04-2008 14:35,
1. Que enorme verdad
"Falta cultura interna de debate institucionalizada, que permita que salgan a la luz las mejores razones y no las razones de los que mejor saben sobrevivir." Esto, enlazado con el debate de los mediócratas, vendría muy bien... 
 
Bravo, bravo y bravo.
 
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