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Semana Santa, progreso y libertades civiles |
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Asistimos, por fortuna y desde hace muchos años, a un proceso de progresiva laicización de nuestra sociedad. Una evolución que se está dando en un país en el que el peso de la religión supuso, durante el siglo pasado, un enorme obstáculo para el progreso y eso que llaman la "convergencia con Europa" -que no sé por qué Europa siempre se toma como la referencia infalible-.
El caso es que -dejando aparte a los que opinan que lo pasado siempre fue mejor- nuestra sociedad actual ha experimentado tal desarrollo que ha permitido finalmente la coexistencia de manifestaciones religiosas y laicas en distintos lugares y al mismo tiempo. El mejor ejemplo, quizá, sea el de la Semana Santa.
Tratando este caso, no sé si habrá colectivos no religiosos que se sientan agredidos por las manifestaciones de fervor católico, costumbre, rito o cultura española que se suelen dar en este período vacacional. No tendrían por qué. El Viernes Santo es, por ejemplo, una fecha en la que se puede practicar cualquier tipo de actividad. No ocurría de este modo en el pasado.
De la misma manera que habría que juzgar como absurdo que quien no profesa o no practica la religión católica se pueda sentir agredido o seriamente importunado por la celebración de estos actos religiosos, es igualmente reprobable la actitud de ciertos practicantes pseudointegristas que se rasgan las vestiduras ante el hecho de que la celebración de la Pascua se haya convertido en una simple opción de ocio.
Si seguimos, como diría el filólogo y politólogo George Lakoff, en una estrategia "en cascada", podríamos plantearnos en qué medida puede estar perjudicando a la religión católica y a su práctica las reformas legislativas que han otorgado nuevas facultades a ciertos colectivos. Todo viene siempre bien relacionado.
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Escrito por Andrés Villena
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miércoles, 09 de abril de 2008 |
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