| La sobreprotección a la infancia frente a las series de animación |
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Es verdad que los mass-media influyen en las personas que es una barbaridad, yo mismo lo he tratado cuando analizaba cómo la publicidad audiovisual puede condicionar la “libertad del consumidor”. Proteger el horario infantil de ciertos contenidos me parece una buena medida. A pesar de todo los niños de cierta edad no son unas esponjas acríticas y los mensajes obvios, igual que nos termina pasando a los adultos, suelen ser bastante inócuos. Los niños no son unos seres totalmente indefensos a las imágenes y contenidos audiovisuales, y más si cuentan con un soporte familiar y educativo en condiciones. No discutiré que es bueno evitar bombardear a los niños con contenidos que sobrepasen sus aún no desarrolladas capacidades críticas y de criterio personal. El hecho es que hay organizaciones con la piel muy fina en las democracias avanzadas y gobiernos bastante amigos de echarle la tijera a lo que no les gusta (desde los gemelos polacos que querían eliminar los Teletubbyes hasta el caso venezolano). Los críticos de los mass-media (McLuhan, Habermas, Bourdieu) ya han analizado los efectos que los mass-media tienen a la hora generar una cultura hegemónica basada en la transmisión de unos valores asociados a la cultura del consumo inmediato. Hay suficiente literatura de la antropología moderna sobre cómo los adolescentes aprenden los hábitos de consumo y los valores relacionales con una fuerza abrumadora a través de los mass-media. Es decir, comenzar a criticar la televisión y las series que emiten, no es algo nuevo, ni algo que quede fuera del marco que defienden un gran número de científicos sociales. Pero vayamos al extremo en que el familiarismo conservador, sea de carácter “derechista” o sea de carácter izquierdista, lleva a la hiperprotección de los niños. Como ejemplo podemos hablar de algo que ha suscitado una polémica parecida: La influencia de los videojuegos con contenido violento o a las series animadas con contenido políticamente incorrecta como podría ser Shin shan o Ranma1/2. En estas series se ve como padres maltratan a sus hijos, los hijos golpean a sus padres, se utilizan expresiones mal sonantes y se pueden ver comportamientos que si los repitieran los niños les provocaría problemas de relación con su entorno. Pero, insisto, los niños no son tontos. Si son muy pequeños, no podemos esperar que se queden delante de la televisión y esta les eduque por sí sola sin contar con la explicación o la influencia de un adulto. Un chaval de 10 años que juegue al “Command&Conquer” o vea una serie de aventuras (Equipo A) no va a organizar a sus compañeros del colegio en unidades militares y va a atacar a los de al lado. La sabiduría convencional achaca a los videojuegos y la televisión algunos comportamientos violentos entre los jóvene. El fenómeno de las bandas violentas nació mucho antes que los mass-media o que la invención de los videojuegos, y querer explicar que un grupo de niños se dedicó a golpear y robar en un parque porqué habían visto un capítulo de Starky y Hatch donde un mafioso controlaba un barrio a base del chantaje y la intimidación no tiene sentido. Los estudios antropológicos y sociológicos no dan como conclusiones que los niños aumentan sus actitudes violentas por el mero hecho de jugar al Strike Fighter, aumenta si es la única actividad que realizan de ocio y se aislan y es el aislamiento lo que les llevará a esa violencia. Comenzar a perseguir contenidos audiovisuales por un moderado nivel de violencia, o por ser una ficción que transmite comportamientos no aceptables del todo es no entender que los niños de cierta edad ya van a saber diferencial la ficción de la realidad, y los que son muy pequeños deberían tener un adulto cerca para que les oriente. En nuestra sociedad hemos delegado la educación de nuestros hijos tanto a las instituciones (las formales como el sistema educativo, como las no formales como los mass-media) que si estos no hacen exactamente lo que queremos nos alarmamos en lugar de responsabilizarnos de la educación de nuestros hijos. Si un canal emite algo que no queremos que vean nuestros hijos, tan sólo tenemos que apagar el televisor y proponer una actividad distinta a nuestros hijos. Que el sistema laboral y social donde sufrimos jornadas partidas y donde los dos miembros de una pareja han de trabajar ambos para mantener un hogar nos lo ponga más difícil no exime de nuestras responsabilidades como adultos con nuestros hijos. No deja de ser legítimo plantear el debate de que los contenidos audiovisuales tengan control. He dicho antes que los niños tienen un nivel limitado de crítica y de criterio propio y que son más influenciables que un adulto.. Aunque no son el ser indefenso que la visión conservadora (y en este caso el gobierno de Cháves) nos intenta vender, sí que están en cierta inferioridad frente a según que contenidos. Pero curiosamente lo que se cuestiona no son programas que claramente pueden influenciarles más negativamente como los mal llamados programas del corazón, donde se evisceran las vidas privadas de famosos y famosillos, o un conjunto de anuncios claramente dirigidos a condicionar los deseos de los niños e influir en sus hábitos de consumo lo antes posible cuando aún están tiernos y no han conformado unos hábitos y una cultura de consumo personal. Deberían causar más alarma la transmisión difusa de un valor como la necesidad de satisfacción inmediata de los deseos que en general se encuentra en toda la publicidad que las estrangulaciones que Homer Simpson dedica a su hijo Bart. Y es que lo segundo es claramente una ficción humorística que los niños interpretan como tal, y lo primero es algo ante lo que ni los propios adultos estamos completamente preparados para analizar de forma crítica. Precisamente por su carácter difuso. Si las críticas se centran en contenidos animados diseñados para niños y adolescentes como las series de dibujos animados al estilo de Shin shan o Ranma1/2 u otras series animadas más pensadas para adultos pero que tienen varias lecturas según la edad del televidente. Un niño no muy pequeño puede ver “Padre de Familia”, “Futurama” o “Los Simpsons”, y realizar su propia lectura sin demasiados problemas. Eliminar estas series del horario infantil lo que va a conseguir es que los contenidos para niños y adolescentes desaparezcan de la parrilla o sean minimizados. Mientras tanto los niños seguirán igualmente delante de la tele. No verán “contenidos para niños” no adaptados al 100% de nuestra perijilguera manía de sólo buscarles contenidos políticamente correctos, no verán series animadas de carácter genérico y que los niños pueden hacer sus lecturas. Sinó que los niños verán contenido genérico. El hecho de que se retire “Los Simpson” del horario infantil no garantiza que sea sustiutido por un programa educativo. En el caso venezolano, es sustituido por unos vigilantes de la playa ensiliconados y banalizadores de los riesgos en el mar. Los niños siguen delante de la tele, y el espacio televisivo es conquistado por programas generales que no les tienen en cuenta. Si nos fijamos en las parrillas actuales: los contenidos infantiles se han atrofiado. Si queremos hilar fino ninguna serie se salva. Ni siquiera las que marcaron nuestra infancia y entendemos como “blancas” e inócuas: Heidi puede ser entendida como el fomento al abandono de niños y ancianos a su propia suerte, al consumo de setas alucinógenas (esa niña no podía ser así, algo tenía que tomar para estar constantemente eufórica), o el fomento de (esas malvadas) famílias monoparentales. Marco es un alegato a la desidia paterna, ¿cómo deja ese señor que su hijo marche por medio mundo a buscar a su madre? y a la explotación infantil (el pobre chaval termina siendo el pinche del barco que le lleva al nuevo mundo). Vicky el vikingo fomenta el engaño y la mentira, Mázinguer Z el sexismo y la violencia como solución a los problemas, la abeja Maya a la desidia (¿que hacían todo el día dos abejas obreras sin trabajar?), ... Con nuestro exceso de celo, dejamos a los niños confrontándose a programas y contenidos audiovisuales que no entienden y que no están pensados para ellos. Estos se habrán comido la parrilla televisiva del horario infantil: sustituiremos las series de animación por los magazines de la tarde y los programas de corazón, con programación bastante menos recomendable para que un niño la vea sin un adulto al lado.
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| Escrito por Jose Rodriguez | |
| jueves, 10 de abril de 2008 | |
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