| Teoría Económica y Ciencias Sociales: Alienación, Fetichismo y Colonización (I) |
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Se hace un recorrido histórico para apreciar la influencia sobre la economía del paradigma mecanicista de la revolución newtoniana, así como la transformación de la economía política en teoría económica. Se abordan las categorías de alienación y fetichismo en el pensamiento de Marx, en base a los cuales discutimos las cuestiones de “eternización” y “colonización”. Artículo de Antonio Romero, publicado en Red Economía Crítica
[...] los economistas burgueses, enredados en las ideas capitalistas, quienes ven, sin duda, cómo se produce dentro de la relación capitalista, pero no cómo se produce esta relación misma ni cómo, al mismo tiempo, se producen en ella las condiciones materiales de su disolución, con lo cual se suprime su justificación histórica como forma necesaria del desarrollo económico, de la producción de la riqueza social.[1] Introducción El artículo tiene dos propósitos: i] propiciar el debate y/o la revisión de los fundamentos sobre los que está construido el edificio de la "ciencia económica"; ii] estimular el desarrollo de un pensamiento crítico en economía que, en base al replanteamiento epistemológico de sus fundamentos, apunte a la "creación heroica" de una economía política desde la realidad latinoamericana; es decir, un tipo de economía que recupere en sus razonamientos la historia, la política, la larga duración y la "flecha del tiempo", que vaya al encuentro de otras ramas de las ciencias sociales y, por tanto, haga de las relaciones humanas revestidas con contenido social el verdadero objeto de sus preocupaciones.[2] En suma, todo esto apunta a lo que Wallerstein llamaba en otro lugar "una ciencia social para el siglo XXI" (Wallerstein 2002), o una "utopística" (Wallerstein 2003b).[3] Enfocamos la atención en la ciencia económica consagrada como neoliberalismo pero que tiene sus raíces en el paradigma neoclásico; es decir, el tipo de economía que se enseña predominantemente en las universidades, que en el ámbito público proporciona el sustrato de las políticas económicas e imbuye de determinado sentido -mejor dicho, de un sinsentido- a la gestión política de la economía. Por razones de espacio hemos dejado de lado la consideración de visiones económicas contrapuestas a dicho paradigma, o adscritas a la tradición clásica, contenidas en perspectivas de desarrollo alternativas que surgieron en la segunda mitad del siglo XX, como la del "desarrollo a escala humana" (Max-Neff),[4] el "desarrollo de capacidades" y el "desarrollo como libertad" (Amartya Sen). Influencia del paradigma mecanicista de la revolución newtoniana Tomando como referencia la biografía intelectual de Adam Smth, a este filósofo y economista escocés le tocó vivir una época de transición, es decir, en la interfase entre la decadencia del feudalismo y el surgimiento del capitalismo en Europa (la era moderna). La Revolución Industrial aun no se había iniciado (esto le tocó vivir a David Ricardo, el otro gran economista clásico), simplemente estaban surgiendo las condiciones materiales, tecnológicas y sociales para ello. La cultura y el ambiente intelectual de esa época estaban marcados por el enciclopedismo. Las ciencias se hallaban repartidas entre, por un lado, la filosofía moral que abarcaba las ciencias del espíritu y de la sociedad, y, de otro, la filosofía natural que comprendía a las ciencias físicas y matemáticas. Conviene aclarar que las ideas económicas aun no se habían independizado y menos conformado en una rama de las llamadas ciencias de la sociedad. La misma filosofía moral, que se prolongó desde el XVIII hasta la primera mitad del XIX, fue un sucedáneo del iusnaturalismo o "jurisprudencia natural", el cual a su vez devino de la escolática (siglos IX al XVII). Estamos hablando de un largo proceso donde cada uno de ellos, en su momento, constituyeron sistemas omni-comprensivos del derecho natural que se fueron ampliando -y quebrantando- a medida que se iban acumulando nuevos conocimientos, hechos y análisis; todos con la misma finalidad: establecer leyes naturales concernientes a la sociedad y la razón. El siglo XVII -y parte del XVIII- fue testigo de la "edad heroica" de los descubrimientos de la física y la matemática cuyos éxitos sobre el gran público entusiasmaron a los filósofos del derecho natural (los iusnaturalistas), "muchos de los cuales se preguntaron si sus instrumentos analíticos no tendrían, a pesar de todo, alguna semejanza con los de los físicos victoriosos" (Schumpeter 1971a: 125). Este tipo de declaraciones dio pábulo a los ataques subsecuentes de los críticos provenientes sobre todo de la escuela histórica. Si la filosofía moral representaba un nuevo sistema del derecho natural, probablemente resultaba tentador asociarla con las pretensiones iusnaturalistas de emular la "filosofía experimental", como se conocía a la física de Copérnico y Galileo. La Riqueza de las Naciones (1776) representa la culminación de un proceso de maduración de ideas, principios, conceptos y preceptos de política económica que venían de más atrás en el tiempo y por lo tanto no se originaron exclusivamente en Smith. Fue una gran obra de síntesis (representa una "situación clásica" como la define Schumpeter) para la cual él era el único en su tiempo que estaba preparado, realizando uno de los más meritorios aportes que legó a la economía del XIX. Aunque no fueron contemporáneos y pertenecieron en el tiempo a generaciones y países diferentes, es posible que Smith como filósofo tomara conocimiento de los Principia de Newton,[5] en la perspectiva de un ambicioso proyecto de "historia de las ciencias liberales y de las bellas artes" con relación al cual escribió 6 ensayos, uno de los cuales titulaba: "Principles which lead and direct Philosophical Enquires; illustrated by the History of Astronomy".[6] La probable influencia de Newton se inscribe entonces en un proyecto histórico-filosófico de largo aliento para el cual ni el tiempo ni la salud le alcanzaron a Smith. Pero la verdadera y efectiva incorporación del paradigma mecanicista ocurrirá muchos años después, en las obras de Stanley Jevons y Léon Walras,[7] quienes erigieron los principios de la mecánica como claves del proceso económico. Entretanto, mientras eso ocurría en el campo de la economía, que a partir de la revolución marginalista pasó a ser considerada "teoría económica", la física revolucionaba con el descubrimiento de las leyes de la Termodinámica que -en palabras de Georgescu-Roegen (1996: 47)- "los arquitectos de ‘la mecánica de la utilidad y del egoísmo'" ignoraron o pasaron por alto. En esto consistió lo que el mismo economista de origen rumano llamó "el pecado mecanicista de la ciencia económica" (Georgescu-Roegen 1996: 45). Ernst Mach (1838-1916), filósofo del conocimiento injuriado sin embargo por el propio Lenin a comienzos del XX,[8] ya había criticado antes "las pretensiones metafísicas de la Mecánica newtoniana". La revolución marginalista que produjeron Jevons, Menger y Walras, entre otros, en el último tercio del XIX, ocurrió mientras el capitalismo estaba pasando de su etapa victoriana y competitiva (la que estudió Marx) a otra monopólica e imperialista. Esa revolución en el conocimiento involucró un cambio del paradigma económico ya que a partir de allí se fue borrando -no sin intención- todo rastro societal que antes se podía apreciar en el estudio de las relaciones económicas (de allí el nombre de economía política), y gran parte de ello se explica por la incomodidad que significaba seguir lidiando con la teoría del valor-trabajo. Si anteriormente la tradición clásica había estudiado las relaciones de producción y distribución así como las condiciones de crecimiento en el largo plazo, con el nuevo paradigma se van a privilegiar las relaciones de circulación, esto es, la formación de precios y su dinámica a través del intercambio de mercancías en el mercado. El concepto del valor-trabajo fue expulsado de -mejor dicho, negado en- toda explicación lógica sobre las relaciones económicas, pasando a ser reemplazado por las curvas de oferta y demanda y los modelos matemáticos del equilibrio general, iniciando así el reinado de la "ciencia económica". La economía se simplificó al extremo pero se complejizó en su presentación formal: dados ciertos supuestos y postulados lógicos sobre racionalidades y comportamientos maximizadores/minimizadores, ante cualquier perturbación en el sistema este era restablecido por providenciales mecanismos automáticos. En otras palabras, "la mano" se hizo más invisible. Ello se convirtió en el nuevo credo de la economía que de esta manera ganó en simplificación y elegancia instrumental, pero al costo de lo que podríamos designar como el proceso de alienación de las categorías económicas con relación al mundo real, perdiendo por consiguiente poder explicativo con relación a los fenómenos económicos reales.[9] De economía política a teoría económica En el epílogo a la segunda edición alemana de El Capital Marx (1988: 12-16) hizo un recuento de la evolución de la economía política en Inglaterra, Francia y Alemania, comprendiendo el periodo que va desde la publicación de la obra principal de David Ricardo (1817) hasta mediados del siglo XIX, en paralelo con los cambios políticos y económicos observados. Allí dedicó al mainstream de economistas de su época un argumento desafiante al sostener que con Ricardo (1772-1823) "la ciencia burguesa de la economía había alcanzado sus propios e infranqueables límites" (1988: 13). Estos límites se sintetizaban en las contradicciones que permean los intereses de las clases sociales en las formaciones más avanzadas del capitalismo, y que la economía evitaba sacar a luz. En pocas palabras, en opinión de Marx, la economía se volvió "economía vulgar".[10] Más allá de esa línea divisoria -en términos del citado argumento de Marx- cabían dos posibilidades: i) profundizar la indagación sobre las contradicciones del capitalismo; o bien ii) alejarse lo más posible de dichos límites y llevar a la economía por derroteros totalmente diferentes. Es indudable que Marx escogió el primer camino tomando críticamente, como punto de partida, los Principles de Ricardo. Para él eso representaba el camino de la "investigación científica" la cual, en la medida que fuera libre, desinteresada y desprejuiciada, sin compromisos con el poder establecido pero comprometida con el cambio y la transformación social, solamente en esa medida podía esperarse frente a ella la reacción de "las furias del interés privado".[11] Por el contrario, la segunda opción fue el camino que siguió efectivamente la economía, no sin implicar la redefinición de su objeto, al transformarse en "ciencia"/disciplina académica. La "investigación científica" en el sentido que le dio Marx está fuertemente emparentada con el uso del "método dialéctico" recreado por él de Hegel: "En su figura racional, es escándalo y abominación para la burguesía y sus portavoces doctrinarios, porque en la intelección positiva de lo existente incluye también, al propio tiempo, la inteligencia de su negación, de su necesaria ruina; porque... es, por esencia, crítica y revolucionaria."[12] Gracias a las contribuciones de Dussel (1991), hoy sabemos que los Grundrisse condensan el método de investigación de Marx, mientras que El Capital representa su método de exposición.[13] Hoy sabemos también por este mismo autor que El capital tuvo cuatro redacciones: la primera constituida por los propios Grundrisse (borradores de 1857-1858); la Contribución de 1859 y los Manuscritos del 61/63 que vendrían a conformar la "segunda redacción"; la tercera vendría dada por los Manuscritos del 63-65 que representaron "la única ocasión en la que Marx escribió enteramente los tres libros de El capital." (Dussel 1990: 9). Finalmente, la "cuarta redacción" de los tres libros, que cubre un periodo de 10 años (1865-1875), pero de los cuales solamente logró publicar en vida el libro I.[14] En lugar de asumir el desafío lanzado por la crítica de Marx en El Capital los economistas de la época lo pasaron por alto e ignoraron del todo; se dedicaron más bien a cuestionar desde distintos ángulos la teoría del valor-trabajo proveniente de Ricardo, así como denostaron los resultados últimos a que la había llevado Marx mediante su método dialéctico (la aparición de la plusvalía y del antagonismo de las clases). Esa actitud fue más bien el comienzo de la fuga con relación al estudio de la "anatomía de la sociedad civil" (la economía política) que partía de la esfera de la producción, donde se advertían los riesgos y peligros adonde podían conducir las ideas de Ricardo (El Capital era un claro ejemplo), para afincarse en la del consumo y la circulación de mercancías, donde las "relaciones impersonales del mercado" -en la visión de los neoclásicos- aparecían como las aguas más tranquilas y desprovistas de cualquier contenido social o de clase. De manera que la economía política posterior al periodo clásico -es decir, la economía post Ricardo- atravesó por una gran transformación epistemológica (de 180º) alrededor del propio objeto de estudio. Los límites de este último fueron reformulados en función de dos procesos simultáneos: 1] El desplazamiento de la cuestión del valor, desde su determinación afincada en las condiciones materiales e históricas de la producción, hacia una concepción hedonista-utilitarista y metafísica del mismo basada en la subjetividad de los consumidores (valor = utilidad o satisfacción obtenida del consumo). 2] La supresión y aun desaparición de toda referencia a las "clases sociales" en la explicación del problema económico, como lógica consecuencia del punto anterior.[15] Toda referencia a lo social y, con mayor razón, a lo político, fue radicalmente apartada y literalmente expectorada del campo de "lo económico". En este sentido, todo el esfuerzo de los economistas posteriores a Marx apuntó a la "des-socialización de las categorías económicas y su des-historización" (Iguiñiz 1978: 102) y no cabe duda que, si tomamos como línea divisoria la publicación de El Capital de Marx -en 1867- la economía atravesó por un proceso de bifurcación en sus fundamentos epistemológicos que duró alrededor de medio siglo: del último tercio del XIX hasta inicios de la tercera década del XX, ciclo que es coronado con el trabajo de Lionel Robbins (1932). La bifurcación es manifiesta en la separación que se hace de las relaciones "puramente económicas" de las relaciones sociales y políticas; la diferenciación de una esfera de estudio para la economía y otra para las demás "ciencias sociales"; la neutralidad y aun indiferencia que la ciencia económica -y el economista que la practicara- debía guardar con relación a la naturaleza de los fines, es decir, las connotaciones morales o éticas y los "juicios de valor" que encerraba la acción humana como hecho económico. Estas y otras bifurcaciones quedaron así consagradas en forma de premisas y principios metodológicos que pasaron a sustentar el desarrollo de la economía como "disciplina científica".[16] Indudablemente que la bifurcación formaba parte de un proceso histórico más amplio de diferenciación de las ciencias sociales consistente en la "disciplinarización y profesionalización del conocimiento", lo cual se institucionalizó y consolidó entre 1850 y 1914 (Wallerstein: 2003a: 9, 15). Hubo de esperar hasta la aparición de Keynes quien, a pesar de su fobia hacia Marx, antes que finalizara la década del 20 y, más aun, antes de desatarse el "crac" de 1929 y la consiguiente "gran depresión" de los años 30, ya había denunciado -por cierto que académicamente- sobre las limitaciones e insuficiencias de los mecanismos automáticos del mercado en The end of Laissez-Faire (1926). Este no constituyó su principal trabajo teórico pero representó el grito de guerra de Keynes contra los principios que le habían inculcado sus maestros, sobre todo Alfred Marshall. La animadversión de Keynes hacia Marx no le impidió reconocer tácitamente que la economía había sido herida de muerte por las críticas endilgadas al capitalismo, tal como se lee entrelíneas al final de la carta que -mientras se encontraba escribiendo la General Theory- dirigió al filósofo Bernard Shaw: "Pero habrá un gran cambio y, en particular, los fundamentos ricardianos del marxismo serán demolidos".[17] [1] Marx (1985: 106-107). [2] Coincidimos con Streeten (2007) de que la filosofía, la ciencia política y la historia son los grandes ausentes en la enseñanza de la economía contemporánea así como en la formación de los economistas, aunque nuestra crítica de la economía pretende ir más allá del reclamo de interdisciplinariedad o multidisplinariedad. [3] "[...] la utopística implica replantear las estructuras del conocimiento y de lo que en realidad sabemos sobre cómo funciona el mundo social" (Wallerstein 2003: 6). [4] Desde la distancia del tiempo las siguientes palabras resuenan tan vigentes como cuando fueron inicialmente formuladas respecto del contexto latinoamericano, para referirnos a países que en la actualidad -como en Colombia, Perú, Chile, Argentina, Uruguay y Brasil- porfían y se aferran al mismo y consabido recetario: "Si el desarrollismo fue generador de pensamiento, el monetarismo ha sido fabricante de recetas; por lo menos el que hemos visto aplicado en nuestros países. En nuestro medio no es posible detectar propiamente un pensamiento o una filosofía neo-liberales. Ello no se debe, por cierto, a que la mencionada escuela carezca de tales sustentos. Basta leer para ello a los economistas austriacos. El problema radica en que el esquema aquí aplicado ha sido el de un neo-liberalismo inculto, dogmático y fuera de contexto." (Max-Neff, Elizalde y Hopenhayn 1986: 12). [5] Adam Smith nació en 1723, cuatro años antes de la muerte de Isaac Newton (1642-1727). [6] Los 6 ensayos fueron publicados en un libro póstumo: Essays on Philosophical Subjects by the late Adam Smith (1795). [7] S. Jevons, The Theory of Political Economy (1871); L. Walras, Eléments d´économie politique pure (1874). Junto a Carl Menger fueron los padres fundadores de la "revolución marginalista". [8] En el libro Materialismo y empiriocriticismo (1908). [9] "Es así como se llega a la situación actual en que la teoría económica moderna se ha vuelto demasiado abstracta y esotérica, y fundamentalmente orientada a resolver puzzles lógicos en vez de contribuir a la comprensión de los fenómenos económicos." (Meller 1987: 165). [10] En una nota a pie de página Dobb (1945: 95) indica que Marx empleaba la noción de "economía vulgar" en un sentido descriptivo antes que despectivo. Lange (1966: 207) creía en cambio que Marx enfatizaba este último sentido. [11] Prólogo a la primera edición alemana de El Capital, 25 de julio de 1867 (Marx 1988: 9). [12] "Epílogo a la segunda edición de El Capital, 24 de enero de 1873 (Marx 1988: 20). [13] "[...] los Grundrisse son la única obra en la que vemos surgir, genéticamente, objetivamente... las categorías esenciales del discurso de Marx, del cual El capital de 1867 es su mejor ejemplo expositivo desarrollado." (Dussel 1991: 14). [14] Para una lectura sobre los avatares de la elaboración y reelaboración de El Capital, véase Rosdolsky (1986: 36-85). Frente al argumento de los cambios de planes para la misma obra, sustentado por dicho autor, Dussel (1990: 14-20) defiende la tesis de la constancia de un plan en "seis partes". [15] "[...] maximizar el placer, ese es el problema de la economía" (Jevons citado por Meek 1980: 212). [16] Sobre los cambios epistemológicos experimentados por la economía en el periodo mencionado sugerimos las siguientes lecturas: Dobb (1945: 91-127), Dobb (1980: 185-230), Lange (1966: 205-246), Meek (1980: 204-217), Myrdal (1967: 99-121), Napoleoni (1968: 31-43), Schumpeter (1971b: 66-117). Lange (1966: 134-204) valoró favorablemente los planteamientos instrumenta-les de la revolución de la economía marginalista, por considerarlos de utilidad para la planificación central en el "socialismo" (sintetizados dentro de la categoría de praxeología). Empero, este autor se equivocó al asimilar como "socialismo" el tipo de régimen político imperante en Rusia bajo la "era de Stalin" y los años de la guerra fría (periodo llamado, eufemísticamente, de "coexistencia pacífica"). [17] Carta de J. M. Keynes a George Bernard Shaw, 1 de enero de 1935, en Harrod (1958: 530). En la carta se advierte claramente la incomprensión de Keynes con relación a la teoría de Marx.
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| Escrito por Red Economia Crítica | |
| jueves, 10 de abril de 2008 | |
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