|
No es el momento ni el lugar |
|
|
| Lecturas |
209  |
|
Los Juegos Olímpicos son un escaparate internacional de primer orden, un acontecimiento durante el cual todos los ojos están puestos en la ciudad designada como sede para su desarrollo. Por ello no es de extrañar que, a pesar de tratarse de un acontecimiento deportivo, el trasfondo político se asome de vez en cuando. Bueno, a decir verdad son escasas las ocasiones en las que unas Olimpiadas no se hayan visto afectadas por la política.
Y este año lo volvemos a ver con las masivas protestas contra China, a escasos meses de la inauguración de los Juegos en Pekín. En esta ocasión las tensiones se adelantan a los acontecimientos y ponen en peligro, no ya el desarrollo correcto de los Juegos, sino incluso el periplo de la antorcha olímpica, con el objetivo de protestar por las violaciones de los derechos humanos por parte del gobierno chino. No me parece éste un buen momento para protestar, la verdad. Toda esa gente que ha salido a la calle, al paso de la antorcha, no salió en su momento, cuando Pekín propuso su candidatura como sede olímpica. No estaba en la calle cada vez que el gobierno chino encerraba un nuevo disidente político o ponía puertas a la libre circulación de información por internet. Toda esta gente ha salido a la calle, no por conciencia política, sino atraída por el reclamo de la publicidad instantánea que otorga todo lo relacionado con el olimpismo. Y no ha salido a bloquear el acceso a las embajadas chinas, a sus negociados de comercio, a las empresas que comercian en las zonas francas de Suzhou o Dailan. Lo que han hecho ha sido salir al paso de una llama que debía simbolizar la unión entre los pueblos. Flaco favor le han hecho. Los principales perjudicados van a ser atletas y aficionados que nada tienen que ver con el percal político.
Comentarios de los usuarios (0)
|
|
|
|
Escrito por Mireia Ortega
|
|
jueves, 10 de abril de 2008 |
|
|