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Anda internet revuelta estos días a causa de la aparición de un libro , publicado por un cirujano plástico, destinado a niños de entre 4 y 7 años y que pretende explicar las causas y los modos en que las mamás se someten a cirugía estética. Al margen de la dudosa calidad de la edición – con dibujos ñoños que parecen sacados de la web promocional de algún refresco súperfabuloso - no es muy edificante la forma en que el libro saca a colación las razones por las que una mujer se decide a pasar por el quirófano. Se habría agradecido que al menos la mamá de la protagonista necesitara de verdad un golpe de bisturí, en vez de mostrarnos a una señora estupenda que necesita volver como sea a la talla 34. A ver si nos aclaramos: “Mamá” significa, al menos en los países desarrollados, que una no va a cumplir ya los 15.
Lo que más me preocupa no son los esfuerzos de un matasanos por aumentar su clientela con un panfleto autoeditado, sino que es un eslabón más en la tendencia a incluir a los niños- y más concretamente a las niñas- en el mercado de la cosmética. No hace mucho se armó un escándalo por la existencia de una web dirigida a niñas de entre 8 y 9 años en la que un juego las animaba a conseguir productos y operaciones estéticas para pillar un buen novio. Y ya hace un tiempo que en las clases medias de los EEUU se empezó a poner de moda organizar fiestas de cumpleaños en centros de estética . ¿En qué hemos cambiado? ¿Qué diferencia estas iniciativas empresariales de los maletines de la Señorita Pepis que conocimos de niños? (Aparte de que las primeras son, desde un punto de vista mercadotécnico, mucho más atractivas; siempre me pareció que la tal Pepis debía ser un adefesio vista la mierda que se untaba). En las últimas décadas se ha reducido considerablemente el número de hijos por familia al tiempo que ha aumentado el nivel de confort en las clases medias, y eso ha traído una legión de infantes sobreprotegidos y excesivamente consentidos en los que se invierte una considerable cantidad de dinero. Y ahí está la madre del cordero: los niños no tienen dinero propio, pero sin embargo su nivel adquisitivo está a la par del de los adolescentes, que hasta hace 10 años eran el pastel preferido de los especialistas en márketing. Al bajar la curva de edad en la gráfica del cliente potencial, baja automáticamente en la del target al que se dirigen las campañas. El aparato corporativo se pone en marcha, y el peer pressure, la necesidad de seguir a la manada hacen el resto.
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Escrito por Mireia Ortega
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viernes, 25 de abril de 2008 |
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