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Un esbozo sobre la igualdad de oportunidades |
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La igualdad de oportunidades se presenta como uno de los principios igualitaristas más relevantes en nuestra sociedad. En ella pretenden aunarse tanto el deseo de igualdad como el de libertad al tratar de presentar oportunidades iguales para todos, para que sean aprovechadas en libertad.
Así, una igualdad de oportunidades equitativa, que tenga un carácter sustantivo y no meramente formal, implica un primer esfuerzo que localice las injusticias y otro posterior destinado a paliarlas lo máximo posible, ofreciendo las mayores garantías posibles para la promoción de una igualdad real y ayudando a los que están “más lejos de la línea de salida”. En ese supuesto recibe su fundamento la discriminación positiva, forma de parcialidad de buena prensa pero que habitualmente no llega a la raíz del problema.
Es pues de máxima importancia centrar nuestros esfuerzos en localizar adecuadamente lo injusto, para entonces poder aplicar las medidas correctivas que se deseen. Determinar las situaciones injustas y rescribir las condiciones que las forman no es desde luego una tarea fácil, pero debe ser la sociedad en su conjunto la que a través de una autorreflexión no inducida las precise y tienda a acotarlas ¿Es injusto que un hombre haga el mismo trabajo que una mujer y cobre más sólo por su condición de varón? ¿Es justo que el 95% de madres obtengan la custodia de sus hijos? ¿Puede aceptarse en una sociedad democrática que el origen de la persona disminuya las posibilidades a la hora de acceder a un trabajo digno? ¿Tiene sentido que un partido político en el poder obligue a afrontar unas cuotas dependiendo del puesto de responsabilidad ejercido en la administración publica? No se pretende aquí dilucidar tan arduas cuestiones, sólo mostrar que el ámbito de actuación debe venir precedido por un análisis serio de las distintas situaciones en las que la sociedad se desenvuelve. Sólo con un esclarecimiento de dichas situaciones podrá realizarse una política que realmente ayude a promover de forma eficaz la igualdad de oportunidades allí donde se manifieste una desigualdad realmente injusta, ya que desigualdad no es sinónimo de injusticia.
La cartografía de las injusticias que se esbozan en el seno de nuestra sociedad debe llevarnos al diseño de reglas que traten de borrar del mapa tales situaciones; y esas medidas deben dirigirse a la eliminación de los obstáculos que realmente impiden la consecución del ideal igualitarista (y es deseable que la supresión de esas barreras sea equitativa para todos). Es evidente que esta fase presenta una complejidad mayor, dado los condicionantes que en ella confluyen ya que la mayoría de soluciones requieren políticas a largo plazo, pero la sociedad (y algunos de sus sectores) no admiten tal demora. Por otra parte los objetivos que nuestro análisis previo ha señalado deben someterse a ordenación, ya que no todos son igualmente buenos; hay deseos inmorales, otros irrealizables, otros por mucho que se persigan no son distribuibles equitativamente,… Las oportunidades que las medidas deben tender a intentar satisfacer tienen que ser realistas, valiosas y económicamente viables, sin olvidar que definir qué es lo valioso e incluso lo económicamente viable, en una sociedad de carácter competitivo y democrático a la vez (¿a la vez?), no es una tarea de ámbito exclusivamente ético.
La igualdad de oportunidades deberá tratar de regular las opciones reales para la consecución de fines escasos y valiosos en una competición individual justa, aunque ya en esta definición se entreven los serios problemas a los que se enfrenta tamaña empresa. Nuestra esperanza deberá radicar en el firme deseo de realizar dicho ideal y en el discernimiento para saber distinguir lo que es justo de lo que no lo es, aunque ambas cosas parecen estar mucho más relacionadas de lo que a primera vista sería deseable.
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Comentarios de los usuarios (10)
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Escrito por Joan Marin
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lunes, 24 de abril de 2006 |
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