| La diferencia entre tener una plaza fija de por vida y ser un profesional de la enseñanza pública |
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Situémonos, una persona aprueba las oposiciones de maestro o profesor y con esa alegría que caracteriza a cualquiera que ha superado una dura prueba se enfrenta la realidad de las aulas. ¿Cómo actuar? Dos son las opciones que se le plantea al novato o novata del ámbito público: comportarse como miembro de un servicio público o comportarse como funcionario.
. Por supuesto, que estas opciones tienen sus matices y se pueden ubicar en un plano en que posturas más extremas y más moderadas se dan la mano para construir una línea contínua; pero ubiquémonos en los extremos para disponernos a analizarlas:
1. El maestro que enfoca su práctica educativa como servicio público no teme los cambios, y los enfrenta como una evolución lógica que le permite adaptarse a la realidad concreta que le atañe. 2. El maestro que se centra en su posición de funcionario concentra toda su energía en que los cambios no impliquen una perdida de privilegios i desestima aquellos que sí lo son. Aunque éstos supongan un beneficio para la comunidad. 3. Los maestros de la primera opción (servicio público) ven en la formación permanente, la coordinación, los claustros, consejos de escuela y los grupos de trabajo una oportunidad para intercambiar experiencias, aprender los unos de los otros, introducir innovaciones y, lo más importante, compartir espacios necesarios para construir un proyecto educativo coherente con el entorno y que éste tenga una continuidad en el contexto inmediato. 4. Los maestros de la segunda opción (funcionarios) ven todo lo anterior como una mera burocracia, una molestia inútil que para lo único que sirve es para hacer méritos y cubrir las cuotas de formación necesarias para cobrar los trienios y sexenios. 5. Los maestros-servicio público no temen a los maestros jóvenes o interinos y aprovechan de ellos su juventud y el hecho de que el pasar por diferentes escuelas les da una perspectiva más amplia del panorama escolar. Les ayudan y ponen su experiencia al servicio de los recién llegados. 6. Los maestros-funcionario temen que los maestros jóvenes o interinos les pongan en evidencia y, por tanto, ponen su experiencia al servicio de las zancadillas profesionales. Poniendo el énfasis en aquello que No saben hacer y no en aquello que Sí saben hacer. 7. Los maestros que se posicionan como profesionales de la enseñanza pública ven en la evaluación una oportunidad para reflexionar sobre cómo se han hecho las cosas y cómo se pueden mejorar. Se incluyen a ellos mismos, su práctica educativa, los materiales, la organización del espacio y el tiempo seleccionada en los aspectos a evaluar. 8. Los maestros que cubren con los mínimos para no perder sus privilegios de funcionarios ven en la evaluación una oportunidad casi sádica de demostrar que su grupo es más competente que el paralelo y de encasillar a cada alumno en un cajón con una etiqueta determinada. De esta forma, se atribuyen los éxitos a su persona y los fracasos a la incompetencia de algunos niños concretos. Con esta descripción, en la que se podrían añadir algunas diferencias más, se intenta ilustrar la evidencia del peligro que supone para la educación pública de calidad posturas no profesionales que no tienen un control ni una revisión dado que, por definición, existen una serie de privilegiados que son intocables. Medidas como el control de los interinos a través de cursos de formación obligatorios y visitas de inspección son medidas que apuntan vientos de cambio. Así pues, esperamos que, si el reto es sacar a Cataluña de la cola de España en cuestión de educación, estas medidas se extiendan a esa casta de Brahmanes intocables que creyendo saberlo todo bloquean el movimiento y cambio necesario para mejorar. Comenta el artículo
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| Escrito por Isabel Rodríguez | |
| miércoles, 26 de abril de 2006 | |
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Situémonos, una persona aprueba las oposiciones de maestro o profesor y con esa alegría que caracteriza a cualquiera que ha superado una dura prueba se enfrenta la realidad de las aulas. ¿Cómo actuar? Dos son las opciones que se le plantea al novato o novata del ámbito público: comportarse como miembro de un servicio público o comportarse como funcionario.
. Por supuesto, que estas opciones tienen sus matices y se pueden ubicar en un plano en que posturas más extremas y más moderadas se dan la mano para construir una línea contínua; pero ubiquémonos en los extremos para disponernos a analizarlas:







