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En 1964 José ortega y Gasset escribió el siempre aconsejable libro, aunque cueste estar de acuerdo con algunas de las proposiciones del autor, Meditaciones del Quijote. Entre sus definiciones de España cabe destacar la siguiente: Lo que suele llamarse España no es eso, sino justamente el fracaso de eso.
Siguiendo con la propuesta de mi anterior artículo, en el cual proponía la creación de los Estados Unidos de Iberia, una casa común de los habitantes de Iberia que incluiría la actual España junto Portugal y Andorra (el tema de Gilbraltar por ser anacrónico no lo incluyo). Un estado confederal que sería el órgano de gobierno común de las diversas naciones que podrían también ser estados en esta nueva estructura política íbera. Esta propuesta confederal cuyo resultado más deseable sería acabar con las razones y sin razones de los diversos nacionalismos íberos, de las confusiones históricas que no han permitido a todos los íberos identificarse en un proyecto común. Incluiría un posible abandono de la idea de España, porque el nacionalismo español ha sido la excusa de dominación de una nación específica íbera, Castilla, frente a las demás naciones. Así pues y como Ortega opinó, España refiere a lo que nunca fue, para mí un territorio común de representación de las diversas naciones de la península ibérica, para Ortega otra cosa.
Ortega, (y quizá utilizo sus citas en un sentido que él seguramente no le daría) imaginó una España del futuro en que: nos libertemos de la superstición del pasado, que no nos dejemos seducir por él como si España estuviese inscrita en su pretérito. Los marinos mediterráneos averiguaron que sólo un medio había para salvarse del canto mortal que hacen las sirenas, y era cantarlo del revés.
Sí que comparto con Ortega mi admiración por el caballero manchego de la triste figura. Quijote no es tan sólo un patrimonio español. Acaso, en su amarga genialidad, es, en primer lugar, patrimonio de Iberia y en segundo lugar de la humanidad. Porque en definitiva todo ser humano, toda colectividad de seres humanos, se enfrenta a sus molinos de viento en aras de un sueño que aunque sabido como loco o imposible vale la pena tenerlo. Y el sueño de los estados Unidos de Iberia es sí, sin duda un sueño quijotesco, absurdo, probablemente inútil y posiblemente ridículo. Pero este sueño fue, es y será compartido por muchos que aún creemos que los gigantes por qué no, son molinos de vientos.
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