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Hace unas semanas venían saliendo por la tele varios reportajes sobre los horarios laborables de los europeos, y las diferencias en horarios entre el mercado laboral español y el del resto de países desarrollados. No sé a santo de qué vendría, pero se comentaba la incidencia del ritmo laboral sobre la productividad, las bondades del horario “europeo” y varias cosas más...
La cuestión es que la cantidad y disposición de las horas que trabajamos es bien sabido que influye poderosamente en la productividad. Por eso se especificaba en esos reportajes que en España, con nuestro horario extendido, a pesar de trabajar más horas de media éstas eran menos productivas. Por eso, al fin y al cabo, existe una jornada laboral base de 40 horas semanales en prácticamente todos los países desarrollados. Claro que nuestros abuelos sindicalistas hubieron de batallar mucho para conseguir esa jornada, pero no es probable que la hubieran conseguido si al empresario no le saliera también rentable. Con sus ocho horitas diarias, el trabajador saca la faena que le toca, llega a casa a tiempo de ducharse, tomar unas cervecitas con los amigos y cenar y duerme sus seis u ocho horas para volver fresco al trabajo. Cuando la jornada se alarga por más tiempo que esas mágicas ocho horas, al menos para mí (y posíblemente para muchos trabajadores) baja el nivel de atención, aumenta la irritabilidad y el nerviosismo. A las nueve horas se termina física y mentalmente agotado. A las diez horas el estado anímico está por los suelos. No he llegado a comprobar (afortunadamente para mí) qué ocurre con jornadas más largas.
En los tiempos actuales, en los que compaginamos la actividad profesional con la vida social, el cuidado de la familia y el hogar, las actividades de ocio, la formación continua, el activismo político en algunos casos, etc. Incluso 8 horas puede resultar excesivo. A nuestros días les faltan horas, que normalmente le robamos a nuestro necesario descanso. ¿A lo mejor sería el momento de plantear una nueva reducción? Anímense, compañeros; si reducen la jornada máxima a las famosas 35 horas a lo mejor mis jefes se deciden a poner la mía, de nuevo, en 40... y no en 45. Por mi salud, compañeros.
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Comentarios de los usuarios (1)
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Escrito por Mireia Ortega
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miércoles, 19 de abril de 2006 |
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