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Hablábamos de la crisis a largo plazo que vive la izquierda en Europa, que acaba mayoritariamente de oposición, y no en tareas de gobierno. Podemos hablar de que deberíamos hacer en el futuro, imitando los buenos ejemplos y rechazando los malos. En España se han hecho cosas buenas, pero solo ciertas actitudes podrían mantener a la izquierda en el Gobierno, al igual que en otros países.
Existen diferencias culturales en las distintas naciones de Europa. Así como en la Europa del Este la izquierda ha tenido muy difícil desligarse de una, en muchos casos, terrorífica imagen del comunismo soviético, que hace que en dichos países los partidos mayoritarios sean o liberales o conservadores, pero no progresistas, en los países de la Europa occidental la izquierda tenía dos ventajas comparativas: la impronta de haber sido frente de batalla contra dictaduras de ultra-derecha o antiguos regímenes, por tanto la lucha por la democracia y la libertad era la nuestra, y la capacidad de hacer nuestras las esperanzas de modernización y apertura de la sociedad civil. Me genera credibilidad aquel pensamiento que entendiendo que la izquierda no es si no la lucha por la emancipación del hombre de toda forma de dominación, ya sea moral, política o económica, tiene clara cual es su posición relativa al sistema, y desde el uso de la razón, fundamenta así su lucha política. Por lo tanto, la claridad ideológica es la condición necesaria, pero no suficiente, para plantear una agenda política progresista creíble. Lejos de suponer esto el caer en un enrevesado y complicado lenguaje que nadie comprende, es una llamada a la claridad, y más concretamente, a acercarse a valores e ideas que ya existen en la sociedad civil, pero que a veces no encuentran eco en la clase política, ya sea por acomodamiento, por un aislamiento en los despachos de una clase política alejada de la sociedad y por una creencia de que ya está todo hecho, y que no hay nada nuevo que proponer. Por eso es tan importante saber explicar, en el discurso, el trabajo hecho hasta ahora, lo que ha aportado a España como sociedad la construcción de un Estado del Bienestar, todavía en pleno proceso de desarrollo, que permite que todos los ciudadanos desarrollen su vida con normalidad, sin impedimentos de ningún tipo, frente a sistemas más liberales que fracturan la sociedad y dejan en una situación muy precaria a aquellos con menos suerte, y la construcción de un Estado de libertades y democrático, en donde ningún ciudadano se vea afectado por discriminaciones por razón de etnia, sexo, clase social u orientación sexual. Decía Felipe González que el poder se ejerce generacionalmente, pero es más, es la clave del éxito de cómo proyectos de izquierdas consiguen conectar con las nuevas generaciones de ciudadanos, que llegada su hora de votar hacen valer nuevas perspectivas, más alejadas de viejos atavismos que solo se sostenían por la tradición y las inercias. Las reformas para conseguir un Estado aconfesional, neutro en cuanto a creencias, se encuadra dentro de estas transformaciones necesarias. Ahora que se acerca una desaceleración económica, es fundamental que la izquierda lidere la proposición de soluciones. Después de la caída en el sector inmobiliario, como parte de un modelo de crecimiento que ya sabíamos que no se sostendría mucho tiempo, es hora de proponer alternativas para un modelo de crecimiento inclusivo y sostenible, que sea capaz de generar empleo. La licitación de obra pública supondrá una ayuda parcial, pero no aportará toda la oferta de empleo necesaria ni supondrá la solución definitiva al problema estructural, por tanto será necesario fomentar la iniciativa en otros sectores. En este contexto, los servicios de empleo y las políticas activas serán fundamentales, para reordenar de manera inteligente la demanda y formar a los reclamantes de empleo. La protección por desempleo y las prestaciones contra la exclusión social se volverán a poner en valor, dado que muchos ciudadanos lo necesitarán en este ajuste económico, y eso es algo que los socialistas podemos recordar, y es algo que los ciudadanos sienten muy próximo, cuando las épocas de vacas flacas acechan.
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