| El asociacionismo como alternativa a la crisis (I) |
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Por lo menos, en materia económica. No ya porque no vayan a cumplirlas, sino porque siempre parece haber una agenda oculta, un motivo ulterior, o un interés reservado con el que el ciudadano siempre sale perdiendo. Pasa con los alimentos y su espectacular subida sin sentido. Ocurre con un barril de petróleo que en cinco años ha pasado de costar 20 $ a valer 135 $. Se elimina la tarifa nocturna (un contrato firmado por millones de españoles que se hace desaparecer como si no valiese nada, pero cuando el contrato beneficia a una sola multinacional, es intocable auqnue sea abusivo). Pasa lo mismo con los derechos de los consumidores y las pequeñas empresas frente a su supervivencia frente las grandes. El pequeño comercio es masacrado. Bueno, la lista sería inmensa. Escuchas en los consejos de administración, en los despachos políticos, en los foros de economía, que la crisis nos ha obligado a ser más duros, que una vez más los obreros, los trabajadores tienen que apretarse el cinturón, que están ciegos de no ver el mundo tan malo como es. Pero luego ves repartos de beneficios record, subidas de sueldos en ayuntamientos espectaculares, repartos de regalos y mil cosas más. Es lo que tiene leer mucho, y estar en muchos sitios a la vez. Que puedes comparar. Ante esto, sólo nos queda, según quienes dominan la economía mundial hoy en día, trabajar más tiempo para conseguir menos derechos, dar las gracias si conservamos nuestro derecho al subsidio de desempleo, pagar religiosamente la subida de la luz o nos dejarán sin cocina, agua caliente, televisión, o internet. Reducirán nuestra vida a las horas diurnas, lo que en invierno supone unas 9 horas en plenas condiciones. Debemos dar las gracias si conservamos el trabajo, aunque nos pisen, aunque por él debamos renunciar a derechos como la libertad de expresión, al derecho a disfrutar de nuestro trabajo, a ser felices. Aguantamos la caída en los niveles de calidad del transporte público, más y más saturado cada día, más irracional y peor manteido, mientras el petróleo sube gracias a la especulación. La vivienda protegida sube un 24%, porque ya es la única que puede garantizar algunos ingresos a ayuntamientos y empresas inmobiliarias, y claro, si la vaca es flaca, engordémosla. Y como dijo hace poco una persona muy sabia, el ir por la calle se ha convertido ya en una cacería del incauto. Basta respirar para que quieran cobrarte por ello. Ni siquiera por respirar, basta tener dinero en el banco, para que las comisionesse multipliquen, basta tener móvil, para que los "errores" se sucedan y la factura se multiplique, como aquel famoso que prometía llamadas a 3 céntimos y terminaron cobrando 25. Del euribor ni hablamos. Y ante esto, los que promulgaban que la economía era algo darwiniao, la ley del más fuerte, se frotan las manos porque se saben los más poderosos. El consumidor está sólo, el trabajador, abandonado por los sindicatos, la pequeña empresa machacada por las leyes. Es la ley de la jungla. Pero los fuertes, en su pedestal, se olvidan de algo muy importante, que la mejor estrategia para sobrevivir, no es ser el más fuerte, sino el ser muchos, y organizados. La usan las hormigas, la usan las abejas, y los lobos, y la hemos usado los hombres. Unirse para defender los intereses compartidos, y defender los puntos de vista particulares de sus miembros. Internet, los nuevos medios de comunicación, el móvil, las nuevas formas de asociación, y de empresa, nos ofrece un mundo de posibilidades para encontrar formas de supervivencia social, de creación de riqueza para los ciudadanos, de asociacionimo y colaboración, de reparto de trabajo y del disfrute de sus beneficios. El mundo no sólo es más pequeño para las multinacionales, también los es para los ciudadanos y los trabajadores. El día que comiencen a organizarse de verdad, de forma seria, no en unos pocos cientos, sino cientos de millones. el día que se pongan a rabajar juntos, lo que no implica en lo trabajar mismo, entonces la ley del más fuerte cambiará, y veremos a los que la defienden ahora criticarla. ¿Va a suceder eso? Bueno si tuviese que decir algo al respecto, me levantaría ahora mismo de la silla, me miraría al espejo y me lo preguntaría a mí mismo, porque depende de mí, y de ti.
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| Escrito por Francisco Agenjo | |
| lunes, 26 de mayo de 2008 | |
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Está claro que el ciudadano de a pie se puede fiar muy poco de las promesas de los políticos.





