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miércoles, 03 de diciembre de 2008
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Participación estratégica, principios morales e ideología Imprimir E-Mail
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ImageEl otro día un compañero me recriminaba mi adhesión a un partido político como es el PSOE. No entendía como alguien con quien estaba de acuerdo como yo podía estar adherido a un partido desde su punto de vista tan despreciable como el PSOE. Mi respuestas fue que, lejos de lo que pensaba, el PSOE -como todos los partidos y organizaciones- tenía muchas líneas de pensar y POR ESO cabíamos todos.

 

Publicado en La ley de la gravedad 


 

Ahora que se pone de moda hablar de ideología, de partidos políticos y de quién tiene más pureza ideológica me gustaría meterle mano a una reflexión que me ronda bastante tiempo.

Opiniones organizadas 

Se tiende a pensar que un partido político debe tener una ideología coherente, anclada en  una tradición ideológica, en una serie de principios y perfectamente definida. El Partido Socialista debe ser real y sinceramente socialista, y el PP debe ser liberal y tal vez seguramente conservador. Y por supuesto, los fundamentalistas-de todos los partidos- se dedican a revisar en qué medida el programa del partido es coherente consigo mismo. ¿Como es posible que Alberto Sotillos y yo mismo hagamos campaña por el mismo partido cuando nos contradecimos en casi todo? ¿Como puede gente tan decente como Gallardón compartir trinchera con el impresentable de Zaplana?

Bueno, la explicación es relativamente simple; por razones estratégicas. Los partidos políticos son el fruto de una  estructura de selección en la que nacen (el sistema electoral). Es el sistema electoral el que realiza una selección natural, la que diseña la estructura de incentivos y la que determina que partidos sobreviven y cuáles no.  Y en esa estructura, lo que determina la supervivencia no la coherencia ideológica, sino la capacidad para ganar elecciones. En el mundo de la piruleta, sin incentivos ni recursos limitados, los votantes solo votarían a partidos coherentes. Pero en la realidad, bajo el efecto de la ley de la gravedad no es así; los partidos políticos son opinión organizada. Y cuando hablo de opinión organizada significa que hay dos elementos, la opinión y las necesidades de organización y lo más a menudo lo segundo importa más que lo primero.

El sistema electoral democrático, el único que existe, favorece el oportunismo político en el sentido de que lo permite y lo premia. Es un sistema marxista, rama groucho. La misión de un partido es aglutinar a un conjunto de personas, relativamente heterógeneas no en torno a una principios, ni en torno a una ideología, sino en torno a un programa político. En un partido de izquierdas por ejemplo, cabemos socialdemócratas y gente escéptica respecto sobre la economía de mercado; por qué? bueno, aunque la diferencia es bastante fundamental, todos estamos de acuerdo en cierta medidas; ampliación del Estado del bienestar, defensa de los derechos de las minorías, etc… Yo lo justifico desde el punto de vista republicanista y el marxista lo hace desde el punto de vista marxista (explotación etc,…) pero lo importante es qeu estamos de acuerdo.

Como votantes, lo que nos interesa, es qeu nuestro partido favorezca eso que queremos y en general eso es más importante que las razones por las que lo favorece. En el PP hay liberales Y conservadores, y aunque ambas ideologías sean opuestas en sus principios, tienen intereses en común; la oposición a la izquierda.

El problema, por supuesto, es que este mecanismo no funciona solo en un sentido; los partidos y las tendencias políticas tienen mecanismos para asegurarse la lealtad de sus votantes. En general, el debate ideológico está polarizado y estructurado por la estrategia. NO es ninguna casualidad que la mayoría de la izquierda obrerista sea pro-choice, cuando en principio no hay ninguna relación entre el capitalismo y el aborto APARTE de la oposición a la derecha. Los partidos no solo organizan opinión, también las crean. Y una forma de crear opinion es forjar un ideario más o menos común dotado de cierta coherencia al que la gente pueda unirse.

¿Por qué? Por lo de arriba; por razones evolutivas. Un partido incapaz de forjarse una lealtad de un grupo de votantes gracias a una ideología (por ejemplo, un partido de “centro”) es un partido avocado al fracaso.

Participación y ética 

Está claro que las cosas son así entonces; los partidos tienden a agrupar en su seno a un grupo de persnas con ideologías distintas y, al mismo tiempo, tienden a homogeneizar las preferencias (las ideas) de ese grupo de personas porque es un mecanismo que asegura su cohesión. Ése es el efecto de la ley de la gravedad.

 Ahora bien; ¿es algo legítimo y aceptable? El debate que planteo aquí tiene que ver con el aspecto ético del tema, ya que lo de arriba no es nada original; está sacado de la moqueta y del blog de egócrata. Así que mi pregunta es; es legítimo militar o votar en un partido (tendencia ideológica, movimiento, agregador de blogs, etc…) donde compartes trinchera con gente que desde el punto de vista de los principios filosófico-ideológicos está en tus antípodas?

Rajoy, por ejemplo, ha intentado cuadrar el círculo diciendo que un partido en el que quepan todos, desde los conservadores los liberales, todos. Esperanza Aguirre en cambio ha querido dar la batalla de las ideas y decir que ella es liberal y que lo óptimo es ser liberal.

 En estos momentos parece haber un ejemplo interesante que dice que no. Isidoro  por ejemplo lleva cierto tiempo desenmascarando a los “falsos liberales” de red liberal  y Eduardo denunciando la llamada “eclosión liberal” como algo horrible. Decían el otro día que al fin y al cabo es una especie de “frentepopulismo” donde todo vale con tal de atizar a la izquierda. NO quiero ni siquiera insinuar con esto que esta tendencia sea patrimonio de la derecha, la izquierda es de hecho mucho más dada a este tipo de debates esencialistas (sobre la coherencia del cartel socialistas del PSOE, sobre si ser nacionalista es lo mismo que ser independentista de izquierdas, en fin…). Y de momento da la impresión de que no, que no es ético. Cada cuál debe solo participar con la gente en función de sus principios, no en función del oportunismo. El fusionismo no es en principio aceptable

El problema con este punto de vista es que lleva a obligarnos a vivir con una esquizofrenia constante. Es evidente -evidente- que si uno vota a un partido creyendo qeu coincide con su ideario y ese partido es el mismo que el que vota otra persona que piensa de forma opuesta a la nuestra, entonces el partido nos está engañando, porque los dos estamos votando lo mismo. Y sería bastante ingenuo pensar que a quien están engañando es al otro; la realidad es que nos están engañando a los dos. 

Entonces, vale la pena preguntarse el rol que debe jugar la ideología de un partido (o de una red de blogs, o una asociación universitaria, o de un sistema político) a la hora de votar (participar, ayudar, cooperar, etc) por él. Desde mi punto de vista, la respuesta debe ser matizada.

En principio, y esto es lo fundamental, uno debe extraer sus propias conclusiones y pensar por sí mismo. No en función del oportunismo político, sino en función de sus principios. Desde mi punto de vista es realmente preocupante que sea un partido el que dicte tu forma de pensar, y no al revés. Cuando uno entra en una estructura de participación, debe ser capaz de conservar sus principios, por encima de la estructura de participación.

No obstante, no creo que uno deba elegir donde participa en función de la coincidencia con sus principios. El problema es que normalmente las estructuras de participación, por definición, son más escasas que el número de individuos que participan y por lo tanto, encontrar una organización que piense de forma idéntica a uno es algo imposible. Cuando uno cree haberla encontrado, normalmente implica abdicar de sus principios para cambiarlos por los que genera la estructura y eso, como he dicho antes, es inaceptable.

Ante esta dinámica uno tiene dos opciones; a) no participar b) participar en estructuras por razones estratégicas, es decir, no ideológicas.  La primera opción es la opción “maximalista”, es decir, aquélla que no reconoce de las elecciones en el margen ; que cuando uno elige no participar, también está eligiendo algo, concretamente, el status quo (la aceptación de lo que elijan los demás que, en principio solo será de forma casual lo parecido a lo que uno desea).

¿Bien, a donde nos lleva esto? Para el individuo cuyas preferencias implican a) Cambiar las cosas antes que el status quo b) Conservar sus principios y luchar por ellos, la única estrategia razonable es la participación estratégica: integrarse en un grupo de gente, con el que comparte algunas cosas no comparte otras pero con el que colabora para sostener un proyecto.

Esto me lleva a la idea de este artículo. Cuando Sarkozy y Royal llegaron a la segunda vuelta, los dos dijeron que su objetivo era tener un debate de ideas. Mi urticaria fue horrible en aquél momento porque lo que yo deseaba no era un debate de ideas, sino un debate de medidas. Lo que una persona debe buscar en la participación no es que sus ideas estén presentes, las ideas son para cada cuál, es que las medidas que uno considera adecuadas sean tomadas. Lo que cuenta no debe ser la ideología, para una persona pragmática e independiente, sino el proyecto.

No estoy diciendo con esto que la ideología juegue un rol despreciable a la hora de decidir votar un político. Cuando uno vota por un proyecto -un conjunto de medidas- uno no vota solo por las medidas, vota por la “filosofía” que las inspiran. Pongo filosofía entre comilas porque no se trata de una filosofía en el sentido de pensamiento racional y lógico, sino de un conjunto de principios de como se hace política que nos agradan. La ideología es de hecho una forma de controlar a los políticos, de saber qué pueden y qué no pueden hacer. Por muy socialdemócrata que fuera su programa, yo nunca votaría a un político que se autodenominara fascista. ¿Por qué? Porque hay cosas de su programa que no conozco-concretamente las respuestas que se darán a situaciones qeu no están previstas -se trata de los que los economistas lllaman “incomplete contracting”-, y para eso me sirve la ideología; para saber qué cosas hará y no hará.

Sin embargo, la ideología que uno debe valorar no es la ideología a lo Anguita; coherente y lógica, sino la ideología prágmática; en la medida en que esa ideología llevará a un político a hacer cosas con las que estamos de acuerdo, debemos apoyarlo.

Conclusiones: ley de la gravedad y principios 

¿Cuáles son mis conclusiones? En primer lugar, es totalmente legítimo formar parte de una formación con carácter estratégico que no concuerde con nuestros principios. Esa formación puede y de hecho es recomendable que tenga una ideología; un conjunto de principios rectores de su forma de actuar y de pensar que permitan a los participantes saber a qué atenerse.

Sin embargo, esa ideología no tiene por qué ser una ideología en el sentido personal-subjetivo del término, debe ser solo una ideología en el sentido estratégico. Por eso es legítimo tener un partido cuya ideología sea el compromiso entre varias sensibilidades que a su vez podemos llamar “ideologías” en sentido personal-subjetivo.

En tercer lugar, participar en ese partido o estructura no implica adherirse con todos los puntos y comas a la “ideología oficial”. De hecho, eso es lo que caracteriza a los fanáticos y a la gente peligrosa. Participar implica estar más de acuerdo con esa estructura que con las demás, es decir, es la decisión marginalmente menos mala  y por es es aceptable desde el punto de vista “ético”.

Cuarto, es un error pretender formar una estructura sobre un conjunto de principios coherentes y perfectamente estructurados o prentender que deba ser así. Eso es engañar a la gente o querer hacer adoctrinamiento de grupo. Red Liberal puede estar estructurada sobre la gente que comparte el principio de no agresión y definir eso como principio “liberal” si gustan. Por supuesto, la coherencia de esa etiqueta es discutible, igual que lo sería que se identificara el liberalismo con la repulsión del PSOe; para eso, se supone, está red antizp. Ahora bien, lo que es simplemente absurdo es pretender que son un grupo cohesionado guiados por un conjunto de principios comunes porque es algo que ni es cierto ni siquiera es deseable. Y uso red liberal como un ejemplo, pero lo mismo vale para el PP, el PSOE o lorem ipsum; lo que une a la gente deben ser intereses (intereses posiblemente altruistas) no hermandades de sangre.

Por último, carece de sentido reivindicar que un partido deba ser coherente ideológicamente. Puede estar perfectamente compuesto de coaliciones; de trocitos y retales de esto y aquéllo, incluso que estos y aquéllos fundamentalmente opuestos y sin embargo seguir siendo un partido. Ese es probablemente el caso de todos los partidos del mundo y lo más importante, es algo legítimo y razonable.

Debates de ideas no, debates de programas y de medidas sí.



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Escrito por Citoyen   
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