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La docencia política de Maquiavelo es absolutamente empirista, práctica y pragmática. Desde la observación de la realidad política, sin mentiras ni autoengaños, propone el modelo real de lo que debe ser (puesto que ya lo es) un político en un juego en el cual apariencia y realidad se entrecruzan.
Como Hobbes, Maquiavelo cree en una maldad previa e innata del ser humano. Pero va más lejos: añade que en la manifestación de su plenitud, en el desarrollo consciente de su ser, el hombre, sus pasiones y principalmente la ambición son motor y principio de su existencia como ser que vive en sociedad. Siempre se ha asociado a Maquiavelo la afirmación el fin justifica los medios. No posee la autoría del lema, pero si hubiera que resumir su obra sería imposible hacerlo con tan pocas palabras.
La política no es más que una producción humana, en su sentido cultural y social. Es decir, afirmar que es necesario humanizar la política no deja de ser una tautologia y una estupidez, puesto que la política siempre ha sido humana. Pero Maquiavelo se equivoca: no sólo de maldad vive el hombre, o utilizando un refrán (que sencilla y directa suele ser la sabiduría popular) cree el ladrón que todos son de su condición. No, ni la maldad humana es el principio del cálculo político, ni los políticos en su ejercicio excluyen la ética o la moral que utilizan en sus actuaciones no políticas. Cómo no, hay políticos (demasiados) con actuaciones amorales, pero esta amoralidad en la política es un reflejo de su amoralidad como ser social y, al contrario, las actuaciones (de pocos pero por haberlas ahilas) fundamentadas en una ética del bien común y de la responsabilidad pública son actuaciones que no emanan del ámbito político, sino de cómo son estos políticos.
Guste o no guste, la clase política no es una clase extraterrestre (aunque algunos lo parezcan y no hay que simplificarlo a la apariencia física) o extrahumana (aplicar lo mismo que en el anterior adjetivo). Simple y llanamente están hechos de la misma materia, o si se quiere esencia, que el resto de los mortales. Criticar de amoralidad a los políticos es, simplemente y utilizando la expresión de Maquiavelo, ser cínico. Y como él decía cínico no es ser hipócrita. Cinismo es predicar abiertamente la hipocresía. Entonces, quizás existan entre nosotros políticos maquiavélicos, pero también existen críticos de los políticos que consiguen con su cinismo llegar a la perfección de la hipocresía, son los príncipes de la crítica a la política, los maquiavélicos anti políticos.
Permítanme una petición: este artículo no se lo tomen muy en serio, no se si es un acto de auto maquiavelismo manifiesto (todo el mundo tiene un mal día) o he visto demasiada televisión (no creo que sea el único). Bien tanto si es una broma como sino, hipotético lector le pido sinceras disculpas de forma no maquiavélica. ¿o sí?
gerard.fontdevila@hotmail.com
Comentarios de los usuarios (1)
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Escrito por David Fornons
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lunes, 24 de abril de 2006 |
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