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Ante el evidente retraso en la salida de nuevos medicamentos y tratamientos para las enfermedades crónicas, parecería que los inmensos beneficios que se obtienen de la legión de personas enfermas que necesitan esos tratamientos, está frenando los incentivos para que las empresas de investigación privadas encuentren soluciones para ellas.
Ante eso ¿debería el sector público multiplicar sus esfuerzos en la creación, desarrollo y comercionalización de nuevos tratamientos? Es evidente que todo esfuerzo inversor ya de por sí es positivo si aumenta la innovación, pero si además ofrece como output nuevos medicamentos susceptibles de ser licenciados a empresas farmacéuticas la cosa está mucho más clara. Si nos pusiésemos a echar cuentas de lo que cuesta a las arcas de la seguridad social la ausencia de curas permanentes para enfermedades como la diabetes, el cáncer, el alzheimer, parkinson, y otras muchas docenas, que afectan a centenares de millones de personas en todo el mundo, y que podrían curarse con la adecuada inversión, vemos que el coste de invertir en curarlas es mucho menor que el de sostener los tratamientos crónicos, las ayudas a personas con dependencia y demás gastos derivados de la falta de cura para ellas. Seguramente ya haya estudios de los beneficios personales, sociales y económicos que una iniciativa como ésta, bien gestionada y eficiente, reportaría al conjunto de la sociedad y a todas las personas qe se beneficiarían de una cura para la carga que soportan.
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