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Europa y el mundo están en recesión. La crisis económica actual implica un cambio en unas reglas del juego que si ya eran dudosas con el trato con las personas inmigrantes, ahora con la situación del mercado laboral actual (en el cual no son necesarias estas personas tanto si son explotadas como no) se explica la sorprendente directiva de la Unión europea mediante la cual se permite encerrar a los inmigrantes clandestinos durante 18 meses antes de ser expulsados.
Ya no se trata de que los europeos no nos extrañemos de la reclusión de personas inmigrantes clandestinas. Tampoco que asociemos con total naturalidad que estas personas han cometido algún tipo de delito. Claro, al parecer sí, han cometido el delito de equivocarse en el sitio en el cual nacer y pensar que emigrando hacia otros lugares, hacia otras tierras prometidas su fatal destino de origen cambiaria. Faltaría más, aquí cada cual ha de apechugar con lo suyo, además puestos al tema, no haber nacido. El desarrollo de Europa desde el final de la segunda Guerra Mundial ha sido, a mi entender que no es el de un docto entendido, impulsado en parte por una mano de obra barata para el empresariado. Al principio la mano de obra barata provenía de las mismas sociedades europeas autóctonas. Con posterioridad, (aunque en algunos países europeos esto ya sucedió en la década de los sesenta) por la mano de obra barata que representaba la inmigración, tanto la regularizada como la clandestina. Quizás la afirmación siguiente es exagerada, pero la Europa de la sociedad del bienestar se cimentó con la participación de trabajadores emigrados. En cambio en los periodos de crisis existe la atávica costumbre siguiente: si sobra la mano de obra barata es cuando estas personas son de una forma u otra o bien criminalizada o bien etiquetada para que asuma la situación y repercusión de la misma, es decir han convertirse en el chivo expiatorio de una sociedad en crisis. Irónicamente, la última utilidad que se les puede pedir.
El Parlamento europeo ha descubierto que la inmigración clandestina sobra, porque no la necesita. La no necesidad es el problema sobre el cual hay que intervenir. Puesto que como han dicho infinidades de ONG’S y de expertos en el tema, los inmigrantes dada la situación de extrema pobreza y alienación de sus países de origen seguirán viniendo. Por este motivo, hay que diseñar, ahora que temporalmente no son necesarios, alguna política y legislación que pueda solventar este dígase lamentable episodio temporal. Porque no nos engañemos, cuando vuelvan a ser necesarios, las leyes cambiarán o se diseñaran otras políticas y otras leyes en aras de un buen funcionamiento social y económico, sobre todo por lo segundo. Europa, pobre Europa. Víctima de la lógica capitalista. Has perdido la memoria. No hace ni un siglo que emigrabas a otros mundos, a otras tierras prometidas. Y después, cuando ya convertida en tierra prometida tienes problemas, vas a lo fácil, a criminalizar al que ahora te sobra, a olvidar lo que los valores democráticos, los derechos humanos, los conceptos de igualdad, libertad y fraternidad tardaron y costaron en conseguirse. Europa olvidas las guerras y sufrimientos pasados, las infamias y barbaries. Europa, pobre Europa.
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