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Mejora de la eficacia parlamentaria y de gobierno |
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Muchas veces me pregunto si no se podría desarrollar una labor parlamentaria y de gobierno mejor de la que se acomete en la actualidad. En la mayoría de las ocasiones que asistimos a algún debate parlamentario da la impresión, así se evidencia en realidad, que se enfrentan dos sensibilidades o tres unas contra las otras. El grupo parlamentario de sustenta el gobierno hace frente junto a él y, el de la oposición, más que aportar soluciones que resuelvan los problemas, carga contra el gobierno con ánimo de dañar, de lastimar lo máximo posible.
El ciudadano de a pie siente, la mayor parte de las veces, que sus intereses son ignorados en beneficio de los réditos políticos de cada grupo parlamentario que parecen transformarse, así, en fines en sí mismos.
Algo podría hacerse para mejorar esta situación. Lo primero poner los intereses de los ciudadanos por encima de las urgencias de los grupos parlamentarios. Estos últimos, los grupos parlamentarios, han de transformarse en instrumentos al servicio de los ciudadanos, así como pensar en cómo hacer esta función con las mayores garantías y dándole argumentos, requerimientos, razones o coartadas al gobierno para hacer más operativa la labor de la administración.
Para ello nada mejor que saber entender la crítica como un estímulo a la acción del gobierno. Hay que criticar al gobierno, es lógico y este lo necesita en su función de hacer cada día más operativa, como digo, a la administración; pero hay que saber criticar al gobierno -incluso hay que espolearlo desde el grupo parlamentario que lo sustenta-, no se trata de ir a degüello, sino de localizar ámbitos en los que se pueda mejorar los servicios al ciudadano y lanzar propuestas para hacerlo demandando acuerdos conjuntos para consumarlos.
Estos acuerdos deben de ser temporalizados y evaluables de una forma periódica y, si no dan satisfacción a lo pretendido, cambiarlos por otros; incluso evaluar severamente a aquellos que desde dentro de la administración son los encargados de llevarlos a efecto. A lo mejor el elemento que falla se encuentra en este ámbito, en el ámbito de la ejecución práctica de los acuerdos. Insisto y reitero antes de terminar en que no confundamos a la administración con el gobierno, pues son dos entes completamente diferentes y con funciones muy distintas. Así como tampoco gobierno con grupos parlamentarios que también son entes desemejantes y dispares.
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Escrito por Javier Caso Iglesias
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lunes, 07 de julio de 2008 |
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