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Evitando rescates absurdos |
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La reacción del gobierno ante las quiebras de constructoras estos días y las peticiones de auxilio desesperadas de las líneas aéreas ha sido relativamente buena.
Desde un punto de vista de política económica, no hay nada que objetar; si un empresario ha invertido en algo que estaba clarísimamente destinado a frenar en seco tarde o temprano, cuando el empresario se estrella el gobierno tiene que salir del medio y dejar que se la pegue. Del mismo modo, cuando una empresa de transporte que depende de un recurso caro, limitado y contaminante se ve forzada a reducir oferta o subir precios, el gobierno hace bien en dejarlos solitos. El gobierno debe simplemente dejar claro que los beneficios empresariales son del empresario, así que las perdidas lo son también.
Lo único que he echado de menos es quizás algunas notas extras de compasión hacia los trabajadores que son despedidos. El estado del bienestar está para eso, para que la gente no pague el pato de una quiebra que no han provocado o lo pasen mal cuando tienen mala suerte; el gobierno debería recordar esto más a menudo. Ya puestos, añadir programas especiales de formación, asesoramiento para acceder a ayudas para quien lo necesite y cosas por este estilo no iría mal; son programas baratos, efectivos y que la verdad quedan muy bien.
A todo esto, el principio de no socializar las pérdidas es válido casi siempre, pero hay excepciones. Como he explicado otras veces, los bancos y algunas entidades financieras no pueden morir nunca, y por eso se las regula (o debe regular) con fuerza. El resto... buen viaje.
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Escrito por Roger Senserrich
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jueves, 24 de julio de 2008 |
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