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Existimos como seres humanos. Creamos el significado y la esencia de nuestra existencia. Existen naciones con y sin estado que crean su significado y la esencia de su propia existencia. Siempre claro que se nos deje tanto a los humanos como a las naciones poder ser a pesar de la pequeñez y la insignificancia.
Catalunya es pequeña, insoportablemente leve. Rodeada de dos grandes estados, el español y el francés, poco y de forma irrelevante puede y ha podido hacer en el transcurso de su existencia para vindicar su lugar en el mundo. La duda eterna existencial de Catalunya sigue omnipresente: seguir siendo hija de España o, dada la imposibilidad de una relación igualitaria y familiar, renegar de ella. Ya el poeta Maragall en su Oda a España recitaba lo siguiente: Escucha España la voz de un hijo que te habla en lengua no castellana, te hablo en la lengua que esta áspera tierra me ha dado, con esta lengua pocos te han hablado, con la otra demasiados. En 1898 así intentaba resolver el abuelo de Pascual Maragall esta insoportable levedad. Ha transcurrido más de un siglo y salvo brevísimas y contadas excepciones no ha habido respuesta. Con la transición y la democracia Catalunya ha encontrado su lugar en la historia y en España eso sí, desde la insoportable levedad de su ser. Y esta insoportable levedad sigue recordando que los hijos de España del Noreste deben asumir que deben dar más y recibir menos. Y, evidentemente no se trata solo de algo material o pecuniario. No, afirmarlo es una excusa demasiado fácil y simplista. La voluntad de querer ser, de construir, de participar, de existir debe ser plena por ambas partes. La excusa de que los que soportan la insoportable levedad son egoístas, insolidarios es estúpida, desigual y excesivamente banal. Siempre el más fuerte o lo que es lo mismo el que parte de una situación ventajosa ejerce un poder. En cualquier relación de poder existe una asimetría. El poder siempre ha estado en las mismas manos y la historia nos lo certifica. Pero en una relación igualitaria y fraternal el poder no entra, o no debería entrar. La relación se edifica con otros conceptos muchos de ellos con el prefijo co. La pequeña Catalunya sigue sufriendo la insoportable levedad de su ser. Quizás es su destino histórico, o quizás el castigo de los dioses por ser orgullosos y tozudos, obstinados en seguir nadando contra corriente. No importa, volveremos a decir: Escolta Espanya la veu dels teus fills que no et parlen amb llengua castellana.
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