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La orgullosa Europa lleva tiempo proponiendo (o necesitando) una unión (o más bien una alianza) entre los pueblos bañados por el Mediterráneo. ¿Están proponiendo una especie de recuperación de la memoria histórica y política de lo que fue Roma o es un invento para controlar la frontera sur europea?
Nuestra vieja, querida y contradictoria Europa paladín de la auténtica democracia, como también del auténtico espíritu Civitas, quiere impulsar una Unión Mediterránea. Ha habido políticos, muchos de ellos catalanes, que en esta propuesta han buscado la unión de unos pueblos y naciones que antaño compartían prácticamente la misma cultura e idioma. Unas raíces culturales en pos de una paz, como la paz y prosperidad de Roma. Porque, a pesar de las deformaciones históricas, curiosamente prácticamente siempre realizadas por historiadores cuyos países o bien no existían (Estados Unidos) o no fueron romanizados, Roma represento un máximo civilizatorio y contó con más siglos de paz, la paz romana, que no guerras y conflictos. De hecho el fin de Roma supuso primero la Edad Oscura de Europa y luego la Edad Media. Mil años de absoluta oscuridad, mientras afortunadamente en otros lugares de la geografía mundial guardaban y conservaban la herencia clásica. Uno de estos lugares fue el Oriente Próximo. Intentar una Unión del mediterráneo como una unión y consenso entre las tres religiones del libro, judíos, cristianos y musulmanes (citados por orden de aparición) es a mí entender un error. Precisamente la desunión, el conflicto y la guerra han venido por la vivencia de estos tres credos tan parecidos. En definitiva se trata de consensuar diferencias. Diferencias que han llevado a la barbarie. La propuesta, y recuerdo que Pascual Maragall ya habló hace un montón de años en esta línea, es de cimentar esta unión sobre las semejanzas. Y estas semejanzas son muchas, mientras que las diferencias, referidas principalmente a la experiencia particular e individual como son las religiones han llevado a la incomprensión del otro y su particular experiencia. Los pueblos y naciones implicados en esta Unión del Maditerráneo compartieron en la mayoría de los casos más de quinientos años de historia juntos, como iguales. La Roma imperial en la cual alguien de la Bética era tan romano como alguien de Roma ciudad o alguien de la antigua Cartago, Túnez, o un tracio de la actual Croacia y este romano podían llegar a ser César. Compartían la misma cosmovisión, idioma y la religión, a pesar de las deformaciones de los primeros cronistas cristianos, no era un motivo de exclusión sino atentaba y perseguía un fin económico y social de Roma. Había libertad de culto. Fue la religión el fin de Roma. El cristianismo como se entestan algunos en imponer, se erigió como base fundamental de Europa, una Europa que como unidad política no existía. Y decir que geográfica tampoco existe porque es una Península del continente Asiático. Es más la idea de civilización occidental refiere más a las culturas surgidas a orillas del mediterráneo que a la Europa como continente. Europa, contradictoria Europa. Roma o Jerusalén. Si es Roma debes incluir este precioso Mare Nostrum. Si es Jerusalén traza una salvaje frontera utilizando este Mar ya no de todos y olvídate de tus hermanos del Norte de África y Oriente Próximo.
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