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martes, 02 de diciembre de 2008
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El fin de la historia y sus críticos Imprimir E-Mail
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ImageFrancis Fukuyama es probablemente uno de los pensadores con los que suelo estar de acuerdo más a menudo. A diferencia de otra gente más mayor, yo lo conocí en su época post-neocon donde formaba ya parte de la punta de lanza de la oposición a la vergüenza que han sido para occidente los últimos ocho años de política exterior americana.

Artículo publicado originalmente en "La ley de la Gravedad "

Algunas de mis convergencias con sus puntos de vista tienen que ver con cierto grado de optimismo respecto al largo plazo y un pragmatismo melancólico respecto al corto y medio plazo; un pensamiento basado en la interdisciplinariedad más o menos libre de la miopía del especialista, una creencia fundada en que el binomio “democracia liberal+economía” de mercado son partes inherentes de un futuro moderno, así como una raíz hegeliana y por tanto en cierta medida marxista que no puede menos que seducirme. America at the Crossroads es probablemente el mejor libro sobre política exterior que uno puede leer hoy por hoy y su libro “El fin de la historia y el último hombre”.

No obstante, hoy por hoy, citar a Fukuyama como ejemplo de profecía fallida o de ingenuidad bienpensante es uno de los deportes más populares (por ejemplo aquí  donde Eduardo Robredo cita a Robert Kagan)a ambos lados del atlántico (especialmente a este). Para mí, la tésis de que la historia terminó en 1990 es sin embargo algo fundamentalmente obvio. Lo que pretendo en este artículo es defender mi interpretación de la tésis del fin de la historia y responder a las críticas que habitualmente se formulan.

¿ Qué es el fin de la historia?

Las raíces intelectuales de Fukuyama son, al igual que las de un buen número de conservadores, Hegel y de alguna forma su intérprete más importante qué es Marx. Concretamente, Fukuyama cita como su inspirador a Alexander Kojeve. Hegel es conocido (el término es de Anthony Kenny) como “el filósofo de la historia”; es decir, el primero que introduce una visión histórica en la filosofía y de alguna forma linear guiado por un proceso dialéctico (tesis antítesis síntesis). Las leyes de la dialectica se las debemos en su formulación definitiva a Engels que las utilizó para sostener la visión marxista de la historia (el capitalismo estaba lleno de contradicciones cuya resolución llevaba a una fase siguiente de l ahistoria.). No obstante, Fukuyama interpreta la dialéctica de forma débil; como un proceso donde las ideas encontraban sus propios fallos y se veían obligadas a mejorarse y perfeccionarse a sí mismas. Según Fukuyama, Hegel, a diferencia de Marx, pensaba que el fin de la historia había ocurrido con la revolución Francesa.

 ¿Como sostiene esto el argumento de Fukuyama? Fukuyama observa que al final de la guerra fría el último gran baluarte ideológico que resistía a la herencia de la ilustración se había derrumbado. Del mismo modo que la máquina de vapor había sustituido al caballo, que mecánica cuántica había sustituida a la mecánica clásica, el binomio democracia liberal y economía de mercado estaba llamado a sustituir a otras formas de organizarse.

Me interesa matizar la posición, de cuya malinterpretación vienen muchas de sus críticas. Cuando Fukuyama habla de que la democracia liberal y la economía de mercado como pilares fundamentales de una sociedad habla en un sentido estrictamente hegeliano, esto es, ideal. La democracia liberal es la forma más avanzada de organización, como ideal. Esto no significa, como él mismo se defienda, que todas las sociedades del mundo deban convertirse en democracias. Lo único que significa es que, sobre el plano ideológico, no hay ningún proyecto alternativo de sociedad cuyo ideal sea superior a la democracia liberal. Nada puede superar hoy a la democracia, como ideal. Es posible que lleguemos a tener formas distintas de democracia, pero la idea del gobierno por el pueblo es hoy más o menos irreductible.

En otras palabras, cualquier sociedad que aspire a ser rica y moderna, deberá pasar por el haro de tener una democracia liberal y una economía de mercado. 

El argumento y sus límites

Cuando yo digo defender el punto de vista de Fukuyama, lo hago con ciertas reservas. En primer lugar, lo que Fukuyama hace no es, en principio, ciencia dura. Su argumento es uno sobre el momento histórico, el pulso de la realidad, no sobre algo medible y creíble. Tiene mucho más de especulación intuitiva que de teoría falsable a la Popper, sino que tiene bastante más de interpretación hermenéutica. Es por tanto injusto acusar a Fukuyama de falta de precisión porque lo cierto es que él no pretendía ser preciso.

¿Para que sirve entonces la tésis del fin de la historia? Tal como yo lo veo, es un decorado para pensar en el Estado del mundo. Los paradigmas ideológicos se configuran de un conjunto de puntos de vista más o menos sostenidos por los hechos, con los que nos enfrentamos a la realidad y no situamos dentro de la historia. Durante cuarenta años, el pensamiento dominante era el de la guerra fría. La guerra fría era el gran conflicto de dos civilizaciones enfrentadas, dos sistemas de pensamiento antagónicos. La guerra fría no era por supuesto una realidad; no existe una entidad conceptual que podamos llamar guerra fría. Existían, por supuesto, signos: el muro de Berlín, la bipolaridad, el anticomunismo, etc,… pero no existía nada que nos permitiera “falsar” la existencia de la guerra fría.

Esta es también la forma de la que concibo el fin de la historia: solo es una concepción para situarse dentro de la historia, pero en ningún caso una opinión científica. Nadie puede asumir, ni es prudente hacerlo, que una serie de cosas no ocurrirán (que no aparecerá una forma de gobierno superior a la democracia, que no se resolverá el problema de la planificación,…) pero uno puede apostar por que será así.

Por supuesto, esto no implica que el argumento pueda ser o no ser falso. Esto es lo que voy a discutir en el resto del artículo. Si implica en cambio que uno debe ser menos duro con él de lo que sería con una opinión científica.

No existe un paradigma post-ilustración

Cuando yo estudiaba derecho administrativo siguiendo el fantástico libro de García de Enterría, una de las cosas que me dejaba perplejo era que todo volvía sistemáticamente a la revolución francesa. Ninguno de los principios que rigen hoy por hoy nuestro derecho administrativo no se puede encontrar, de una forma o de otro, en la declaración de derechos del hombre y el ciudadano.

La idea es simple: los cimientos ideológicos de nuestra civilización se encuentran en las ideas de ilustración y no hay que pueda hacernos dudar, a día de hoy, de que estos principios puedan ser superados.

Durante casi dos siglos esto ha sido cuestionado. Los filósofos de la sospecha (Niezstche, Marx y Freud) y otros bastante importantes (Kirkegaard y Schopenhauer) articularon una serie de críticas más o menos fundamentales contra estos cimientos de raíz judeo-cristiana. A nivel más moderno el posmodernismo es tal vez la contestación más fuerte de estos puntos de vista. No obstante ninguna de estas críticas ha probado tener éxito, ni a nivel intelectual como sociológico. El último gran proyecto de intentar llevar alguna de estas ideas a la práctica que fue la guerra fría, se convirtió en un sonoro fracaso.

Aunque durante la guerra fría surgieron visiones alternativas de en qué podía consistir el desarrollo de una sociedad (concretamente el tercermundismo y los países no alineados y el bloque soviético) la caída del muro de Berlín significo el triunfo de la hegemonía de la idea de desarrollo occidental.

No obstante, a izquierda y derecha, se apuntan hecho que deberían contestar   la veracidad de este cuadro que pinto. Estas son las críticas que voy a intentar responder en los párrafos siguientes.

El movimiento antiglobalización y en anticapitalismo

Para algunos, las demostraciones de fuerza del movimiento anticapitalista que cuajó en las manifestaciones de Seattle sería el escenario de una contestación del capitalismo como forma de organización. Esto vería sus repercusiones en los escenarios de América Latina y el movimiento de “contestación” iniciado por Chávez que simbolizaría una forma de organización alternativa.

Mi interpretación es estos fenómenos es sin embargo más optimista. El  movimiento antiglobalización, como tal, carece de cabezas pensantes, o de élites o simplemente de programa alternativo. Está compuesto por un conjunto de individuos que van desde ecosocialistas radicales hasta agricultores reaccionarios pasando por feministas postmodernas y marxistas leninistas. En definitiva, no hay ninguna “idea compartida” además de su oposición. Por otro lado, creo que no exagero lo más mínimo si digo que este movimiento está a dia de hoy perdiendo fuelle, al menos en comparación con sus inicios.

 Por otro lado, algunos confunden el hecho de oponerse al consenso de Washington-algo en lo que participa gente tan poco anticapitalista como Dani Rodrik o Joseph Stiglitz- y oponerse a la economía de mercado como tal. Criticar la práctica de “salvar países” del banco mundial y el FMI no es, en absoluto, una muestra de anticapitalismo, es sentido común. 

Finalmente, hablemos de américa latina. Venezuela  es hoy víctima de una serie de procesos de degradación tipicamente sovietizantes. No obstante, aunque las ideas puedan seducir a la población durante un tiempo, nada de lo que proponen es nuevo en comparación lo que hay en Cuba o lo que hubo en Rusia. Es una apreciación personal, pero creo que no peco de ingenuo si digo que Chavez no triunfará donde no lo hizo el Che Guevara y Allende en plena guerra fría.

China, Rusia y el nuevo centro del mundo

De acuerdo; pero ¿qué hay de las nuevas potencias emergentes?. El fin de la historia supone implícitamente que EUA y la unión europea serán el hegemón indiscutido, pero cada vez sabemos más que el nuevo centro del mundo está en Asia Pacífico, que Rusia tiene ambiciones hegemónicas,… ¿Esto no es una refutación?

Yo no pienso que sea así. Esta critica desde mi punto de vista confunde la geopolítica con la política ideológica. La tésis del fin de la historia, tal como yo la defiendo, no tiene que ver con el fin de los conflictos geopoilíticos, sino con el fin de los conflictos ideológicos. A pesar de la política de Hegemon regional de Rusia y de la ayuda a las dictaduras de china en Africa, no existe un cuerpo de doctrina ideológica que amenace hoy por hoy el binomio democracia+capitalismo. Ni China ni Rusia tienen proyectos de sociedad alternativos al occidental.

De acuerdo, esto es cierto, pero no es el éxito en materia de desarrollo económico de Rusia y China una prueba de que no hace falta ser una democracia capitalista para tener éxito? Esta crítica es tal vez la más popular y tal vez la más “challenging”. Responderé en dos partes.

En primer lugar, creo que hay que relativizar el éxito económico de Rusia y China. En el post de la blogosfera en el que más he aprendido Kantor explicaba la diferencia fundamental entre dos tipos de procesos: los procesos de crecimiento a través de Catch up y los de crecimiento a base de crecimiento intensivo. En los primeros, lo único que uno tiene que hacer es incorporar tecnologías existentes y copiar lo que se ha hecho en otros sitios. Eso es lo que hizo Europa con el plan Marshall crecimiento muy rápido durante treinta años. Para esto, es posible tener economías relativamente corporatistas, con bastante regulación, grandes bancos en lugar de mercados de capital y en general relativamente planificadas.

Sin embargo, esto no es así en los procesos de crecimiento intensivo; aquí lo que marca la diferencia es ser capaz de aumentar la productividad, no solo de mover factores. En este sentido, el modelo de capitalismo americano: desrregulación sector financiero fuerte, sindicatos débiles, etc… ha probado ser más exitoso.

El problema de los sino-optimistas es que no entienden que el exito económico de china es un proceso de Catch up donde el Estado puede jugar un rol importante, pero que una vez que logre alcanzar la barrera tecnológica, deberá modificar su modelo de crecimiento. Es decir, China es una forma de primitiva de capitalismo (industrial) no una forma alternativa de capitalismo. En el medio plazo los Chinos no tendrán otra que pasar por el haro. Concretamente, no creo que un Estado sin Rule of law ni respeto de los derechos fundamentales pueda ser, en el medio plazo, una economía capitalista estable y prospera.

En el caso de Rusia, su prosperidad reposa sobre el precio de los hidrocarburos. Es decir, no es un modelo de crecimiento “sano” como nos ha explicado en varias ocasiones egocrata, porque todos los recursos de la economía tienden a concentrarse alrededor de esa fuente. Eso implica que tu peso geopolítico está indiciado sobre el precio de los hidrocarburos.

Lo que intento ilustrar es que ninguno de los ejemplo representa una realidad de que existe un modelo de desarrollo distinto a la democracia capitalista.

Los nacionalismos, el Islamismo

Finalmente queda por analizar la visión de que el Islamismo y los nacionalismo son una prueba de la continuación de la historia.

El caso del nacionalismo es interesante. La caída de la unión soviética dejó claro que bajo el manto del sovietismo había un tejido de conflictos étnics, hasta cierto punto favorecidos por occidente, que estaba a punto de aflorar. El “congelador” yugoslavo explotó con el deshielo, hoy mismo vemos que en georgia hay problemas con ossetia, idem con Chechenia, por no hablar el exito del nacionalismo Ruso de Putin.

Aquí me parece interesante la distinción qeu hacía Ortega entre el nacionalismo “hacia fuera” y el nacionalismo “hacia dentro”. Tal como existe hoy, los nacionalismo no son proyectos vitales alternativos, sino instrumentos defensivos. Personalmente, tiendo a pensar que las raíces del nacionalismo tienen un caracter relativamente económico y no religioso. Es decir, el nacionalismo es defensivo (hacia dentro) y noi ofensivo (hacia fuera). En la mayoría de las cosas, no se presenta de ninguna forma como una alternativa al binomio democracia liberal economía de mercado, sino como un  complemento, y en la mayoría de los casos es el hecho del fracaso de uno u otro.

¿Qué hay del fundamentalismo islámico? En su versión más común, esta tésis es la del choque de civilizaciones: existirían varias civilizaciones que se dedicarían a estar en conflicto las unas con las otras, entre ellos la guerra entre Islam y Occidente.

Esta visión tiene varios problemas que no trataré aquí (e.g. ¿hasta qué punto es una civilización un actor colectivo?). Sin embargo, de nuevo da la impresión de que se confunde el conflicto geopolítico con el conflicto ideológico. No hay nada genuinamente nuevo en el llamado programa neocoránico; aunque este pueda tener un éxito coyuntural (como pronosticó ortega, pior ejemplo, para el Fascismo) este no es un contendiente ideológico serio para el modelo de desarrollo occidental. Puede plantear, y esto es cierto, problemas de carácter geopolítico en el corto plazo, pero no problema ideológico; la aspiración de querer ser rico y libre es probablemente universal y quien tenga más exito en esta misión será quién gane la contienda.

Conclusión

La tésis del fin de la historia es que no existe ninguna alternativa para cualquier país que quiera ser rico y moderno que convertirse en una democracia liberal con economía de mercado. Existe una cantidad de evidencia de que la primera no existe sin la segunda (como cree Chavez) o que la segunda no puede sobrevivire sin la primera al menos en el medio plazo.

La tésis que contradicen este punto de vista normalmente lo malinterpretan pensando que lo que implica es el fin de los acontecimientos históricos o conflictos geopolíticos. Al contrario, el argumento, en la versión débil que he defendido aquí, solo implica que el proceso dialéctico de competencia entre modelos de sociedad, quedó zanjado con la revolución Francesa y que dado el fracaso los intentos posteriores de combatir esta superioridad, es bastante razonable pensar que ese proceso dialéctico ha terminado.

Mi única reserva es la que formula el propio Fukuyama en el epilogo de la última edición del libro. El marxista que hay en mí sabe que las estructuras morales y políticas son en buena medida un subproducto de una infraestructura tecnológica. En la medida en que progresan las neurociencias, las tecnologías de distintos tipos, van apareciendo nuevas amenazas para nuestras estructuras preestablecidas. Asuntos como la clonación, la eugenesia, la ingeniería genética, la inteligencia artificial, etc…. son problemas genuinamente nuevos que nuestras estructuras morales e ideológicas pueden tener problemas en absorber en la medida en que plantean problemas serios sobre los cimientos de nuestras concepciones como la igualdad, la libertad, la mente, la condición humana o la existencia del alma.

No obstante, con la excepcion de esta objección, hoy no hay ningún problema político al que el modelo de desarrollo occidental no pueda aportar una respuesta satisfactoria

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Escrito por Citoyen   
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