| Ética, determinismo y Estado del Bienestar: reflexión sobre Ronald Dworkin |
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Estoy escribiendo un paper sobre Estado del Bienestar y he llegado, de forma causal, a este fantástico párrafo de Ronald Dworkin. Ahora que servidor descubre el materialismo -y por tanto una forma de determinismo-, creo que es necesario guardarlo a salvo.
Es el mejor resumen de que una sociedad debe ser Choice sensitive, Circumstance insensitive para ser justa (diferenciar entre lo endógeno y lo exógeno.) La distinción no sólo es relevante en economía normativa, sino también en economía positiva; “full insurance of exogenous risks is a social optimum” Esto nos recuerda una cosa en la que debemos pensar los progresistas en términos de autodefensa intelectual: el Estado del bienestar no es caridad, ni buena voluntad como pretendes los “liberales”, es en primer lugar un imperativo ético -algo que nadie puede negar sin contradecir sus convicciones éticas más profundas- que está en la base de la cultura occidental y en segundo lugar un sistema de gestión del riesgo social- el riesgo de no tener suerte- y por lo tanto una política que maximiza el esfuerzo individual- ya que uno maximiza el esfuerzo cuando el coste marginal del esfuerzo está alineado con su beneficio marginal. Esto es algo que no puede ser ignorado en el momento de diseñar mecanismos social y económicamente eficientes. Es decir; redistribuir renta es la mejor forma de hacer política económica Y ahora una reflexión para los que como Eduardo Robredo estarán levantando la ceja como desconfianza a las raíces kantianas -y por tanto aprioristica y anticientífica- de esta concepción. Pienso que la idea -el concepto mismo- de ética contiene de alguna forma implícita esa distinción entre las elecciones y las circunstancias. No es posible que algo tenga sentido ético si no depende de la voluntad; no es lógicamente consistente. El problema es que esa distinción es “artificial”; no existen cosas “exógenas” y cosas “endógenas”; nuestras elecciones se corresponden con proceso neurofisiológicos que están determinados por nuestra constitución somática. Mi especulación personal es la siguiente: aunque la distinción entra las elecciones y las circunstancias sea falsa, por los motivos arriba apuntado, cabe pensar que una ética individualista que hace esa diferencia responde a motivos evolutivos: cuando la gente diferencia entre lo que puede controlar y no, intentará hacer todo lo posible por mejorar aquéllo que puede controlar y en la medida en que la gente actúa de forma intencional, eso es algo evolutivamente eficiente, aunque probablemente falso. Es decir, si queremos construir un sistema ético necesitamos esa distinción, pero esa distinción es naturalísticamente falsa. Esto me lleva a pensar que la construcción de una ética naturalista -que se apoye en conceptos científicamente razonables- es una contradictio in terminis en la medida en la medida en que la categoría filosófica que llamamos “ética” está basada sobre modelos cognitivos precientíficos -voluntad, intenciones,… no determinadas-; si negamos la diferencia exógeno-endógeno, si no existe “voluntad” y no tenemos nada parecido a un dios todopoderoso, tenemos que construir una alternativa a la ética, pero nunca una ética alternativa.
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| Escrito por Citoyen | |
| lunes, 08 de septiembre de 2008 | |
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