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Decía yo que el “New Mediterranean Megalithism” o “Política de Grandes Eventos” que es enseña política del PP en la Comunitat Valenciana tiene una cara oscura que contrasta con el brillo y esplendor del lujo que atrae. La cara oscura de esa pretendida “proyección internacional de la C.V.” son las cada vez más agudizadas carencias que sufren los servicios públicos pilares del Estado del Bienestar, como la sanidad, la educación y los servicios sociales. Y esto es así en la medida en que los recursos de que dispone la administración son limitados y que si se aumentan las partidas destinadas a una cosa han de reducirse, obligatoriamente, las destinadas a otra. Si el Govern de la Generalitat apuesta por impulsar esa política de lo faraónico ha de dejar de lado las otras políticas de lo pequeño y de esta manera lo cotidiano se queda en anecdótico, poniendo en serios aprietos a una ciudadanía no sé si anestesiada pero sí en todo caso deslumbrada por las pirámides que se construyen con sus dineros para mayor gloria del faraón (y la faraona).
Ejemplos nos sobran de personas que languidecen, consumidas por sus dolencias físicas y espirituales, en las interminables listas de espera de la sanidad valenciana; de niños que estudian en barracones prefabricados, levantados en solares yermos, mientras la escuela sigue en obras; de personas dependientes que no reciben la ayuda que legalmente les corresponde por la Ley de la Dependencia debido al empecinamiento de la Generalitat de boicotear dicha normativa legal. En paralelo hay “Valencia Street Circuit”, “America’s Cup”, “Volvo Ocean Race”, “Ciutat de les Arts i les Ciències” – que es un parque temático –, “Terra Mitica” – que es otro parque temático – “Mundo Ilusión” – un parque temático “fabriano” caracterizado por sus camareros-malabaristas – “Ciudad de la luz”, etc. Es indiscutible que todo este escenario político es consecuencia de la gestión desarrollada por el Govern de la Generalitat, en manos del PPCV por voluntad inapelable de la ciudadanía valenciana, expresada en elecciones democráticas. Ha sido esta misma ciudadanía la que ha refrendado la gestión política del PPCV al frente de la Generalitat otorgándole al ejecutivo valenciano su confianza en forma de mayoría absoluta. La Comunitat Valenciana tiene, entonces, si damos por buena mi reflexión, el Govern que ha elegido mayoritariamente su ciudadanía y, por lo tanto, los gobernantes que aquella ha considerado los más idóneos de todas las propuestas presentadas. Cuando yo me quejaba de la, en mi opinión poco reflexionada, elección de la ciudadanía valenciana alguien me preguntaba por la alternativa. Mi contertulio, o contertulia, me espetó: “¿Acaso hay alternativa?” y me dejó sumido en la duda. Es evidente que la alternativa existe y se materializa en el PSPV-PSOE – futuro PSCV-PSOE – pero no es menos cierto que esta alternativa, aunque real, no ha tenido el respaldo de la ciudadanía valenciana que no le ha otorgado la confianza necesaria para formar Gobierno en la Comunitat Valenciana. Sin entrar en la determinación de las causas de esta circunstancia, el socialismo valenciano, en mi humilde opinión, ha de replantearse su propuesta, porque la que ofrece no satisface las aspiraciones de la ciudadanía de quien espera obtener su confianza; de eso no puede haber duda razonable. A finales de septiembre parece que el PSPV-PSOE puede llevar a cabo un congreso catártico que permita expulsar a sus fantasmas y empezar a construir una alternativa de izquierdas viable a la hegemonía de la derecha durante dieciséis años, pero para eso tendremos todavía que esperar un poco.
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