| Galbraith o la economia social posible |
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El pasado 28 de abril nos soprendió el fallecimiento, a los 97 años de edad, de John Kenneth Galbraith, una de las referencias fundamentales de las teorías económicas socialdmócratas, profundamente críticas con el neoliberalismo. Autor de muchos libros y artículos, había sido profesor de la Universidad de Harvard desde 1949.
Su obra combina elementos del institucionalismo crítico, ya que da un papel central a las instituciones y en particular a las organizaciones industriales con una política económica propia del keynesiano más progresista.También destacar su labor intsitucional en las admisnitraciones demócratas de los EEUU, desde Roosewelt a Clinton, siendo íntimo amigo del Presidente Kennedy. Durante la Segunda Guerra Mundial, Galbraith trabajó en la Oficina de Administración de Precios. Posteriormente, se hizo consejero de las administraciones de posguerra en Alemania y Japón, colaborando activamente en la recontrucción de sus economías hasta convertirlas en referencias mundiales por su pujanza y competeticvidad. combinadas con amplias políticas sociales y del bienestar. Se confrontaba al liberalismo económicos con argumentos científicos y alternativas práscticas, alejadas del dogmatismo. Lo principal de su obra se puede ejemplificar en su famosa y clásica trilogía. En su primera gran obra Capitalismo americano (American Capitalism: The concept of countervailing power, 1952) señala que las grandes corporaciones han desplazado a las pequeñas o lo negocios de carácter familar y como consecuencia los modelos de competencia perfecta no pueden ser aplicados en la economía de EE.UU. Una forma para contrarestar dicho poder, según Galbraith es el surgimiento de grandes sindicatos. En La sociedad opulenta (The Affluent Society, 1958), contrasta la opulencia del sector privado con la avaricia del sector público. Con ello demuestra que EE.UU. en los años 1950 era un ejemplo de un país con una economía en crecimientos pero que en su interior existian grandes desigualdades sociales. Finalmente en El nuevo estado industrial (The New Industrial State, 1967) señala que las grandes corporaciones (como la General Motors) dominan el mercado de EE.UU. Esto como resultado de su gran crecimiento productivo y el nivel en sus operaciones que les permite controlar sus mercados.En lo que es considerado su epitafio intelectual, La economía del fraude innocente: la verdad de nuestro tiempo" (2004), nos lega una crítica radical de la economía, la política y la moralidad pública de nuestro tiempo. Dice el profesor Galbraith que la distancia entre la realidad y la “sabiduría convencional” nunca había sido tan grande como hoy en día porque el engaño y la falsedad se han hecho endémicos. Tanto los políticos como los medios de comunicación han metabolizado ya los mitos del mercado, como que las grandes corporaciones empresariales trabajan para ofrecer lo mejor para el público, que la economía se estimula si la intervención del Estado es mínima o que las obscenas diferencias salariales y el enriquecimiento de unos pocos son subproductos del sistema que hay que aceptar como males menores. Es decir, que nos hemos rendido totalmente ante el engaño y hemos decidido aceptar el fraude legal, “inocente”. Pero la realidad es que el mercado está sujeto a una gestión que financian y planifican cuidadosamente las grandes corporaciones privadas. Éstas, por otra parte, ni están al servicio del consumidor ni las controlan sus accionistas, sino los altos ejecutivos, que han desarrollado una compacta burocracia corporativa responsable de escándalos financieros como los de Enron, Worldcom o Arthur Andersen. La distinción entre los sectores público y privado cada vez tiene menor sentido, porque son los grandes conglomerados empresariales quienes controlan el gasto militar y el dinero público. Lo que en definitva rechaza el maestro Galbraith en su obra resumen es la aceptación acrítica de un sistema que retuerce a su gusto la verdad y enaltece la especulación como fruto del ingenio, la economía de libre mercado como antídoto para todos los males del mundo y la guerra como el gran instrumento de la democracia. En definitiva, la ortodoxia solcialdemócrata que en estos tiempos del pensamiento económico único y neoliberal se convierte en una imprescondible y necesario heterodoxia.
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| Escrito por Javier Remírez | |
| miércoles, 03 de mayo de 2006 | |
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El pasado 28 de abril nos soprendió el fallecimiento, a los 97 años de edad, de John Kenneth Galbraith, una de las referencias fundamentales de las teorías económicas socialdmócratas, profundamente críticas con el neoliberalismo. Autor de muchos libros y artículos, había sido profesor de la Universidad de Harvard desde 1949.
Su obra combina elementos del institucionalismo crítico, ya que da un papel central a las instituciones y en particular a las organizaciones industriales con una política económica propia del keynesiano más progresista.
Se confrontaba al liberalismo económicos con argumentos científicos y alternativas práscticas, alejadas del dogmatismo. Lo principal de su obra se puede ejemplificar en su famosa y clásica trilogía. En su primera gran obra Capitalismo americano (American Capitalism: The concept of countervailing power, 1952) señala que las grandes corporaciones han desplazado a las pequeñas o lo negocios de carácter familar y como consecuencia los modelos de competencia perfecta no pueden ser aplicados en la economía de EE.UU. Una forma para contrarestar dicho poder, según Galbraith es el surgimiento de grandes sindicatos. En La sociedad opulenta (The Affluent Society, 1958), contrasta la opulencia del sector privado con la avaricia del sector público. Con ello demuestra que EE.UU. en los años 1950 era un ejemplo de un país con una economía en crecimientos pero que en su interior existian grandes desigualdades sociales. Finalmente en El nuevo estado industrial (The New Industrial State, 1967) señala que las grandes corporaciones (como la General Motors) dominan el mercado de EE.UU. Esto como resultado de su gran crecimiento productivo y el nivel en sus operaciones que les permite controlar sus mercados.






