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Hay quien todavía no lo ha comprendido, pero las guerras empresariales del futuro se están librando ya hoy en día en los laboratorios y agencias aeroespaciales de las naciones y empresas. Las posibilidades de los satélites en cuanto a comunicaciones, información, espionaje y vigilancia son sólo una faceta de un prisma que, para potencias como Estados Unidos, China y Japón se muestra en todo su esplendor.
El espacio que nos rodea es como una joya. En ella, reflejadas por la luz de nuestro Sol, se nos muestran las diferentes facetas de la riqueza futura. Energía, materias primas, turismo, agricultura, investigación, nuevos materiales, ciencia, todas ellas a una escala que los ciudadanos de a pie apenas podemos aprehender. Baste decir que, aprovechando fuentes de energía como el Helio 3, o la radiación solar directa desde el sol, se podría obtener energía suficiente para docenas de civilizaciones como la nuestra. La explotación de los minerales y metales de los asteroides traería una riqueza material sin precedentes a nuestro mundo, y las nuevas colonias espaciales permitirían aumentos de la población al tiempo que abren nuevas fronteras científicas a nuestra especie. Y hay naciones que lo saben. China, o los Estados Unidos, con su reciente política de negar el Espacio, están tomando posiciones. También algunas empresas. Mientras la mayoría de las empresas y naciones pugnan por terruños agotados, o por los exiguos frutos que quedan en la tierra, otras han puesto su mirada en los cielos, comprendiendo la enorme riqueza que nos espera, y están tomando posiciones para ser los primeros en disfrutar sus frutos. Esa riqueza sin precedentes, que podría traer a la raza humana una edad de oro, será, una vez más, usada con fines particulares en pugnas estúpidas y sin sentido. Y una vez más el Hombre, en lugar de aspirar a la grandeza, se verá hundido en el cenagal.
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