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Si es que no se os puede dejar solos… |
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Las nacionalizaciones promovidas por el presidente Evo Morales serán fatales para la economía boliviana. Después de este aserto sólo nos queda preguntarnos por si el país sudamericano bajará al quinto o sexto puesto de las naciones más ricas del mundo por esta desafortunada medida.
¿Quedará por detrás de Suecia?, ¿será superada por Holanda? La cara dura y la desfachatez de muchos periodistas y portavoces pueden llegar a veces a estos extremos. El país andino, esquilmado por los blancos desde que fuera descubierto, es, posiblemente, el más pobre del continente americano. Una nación tercermundista que ha decidido –por referéndum y antes de la elección del actual presidente- hacer propios los recursos naturales que su tierra posee. Si un hambriento vive con la nevera llena de comida durante meses y, reflexionando sobre su problema, decide abrirla, lo veríamos como lo más lógico: es más, nos preguntaríamos cómo no ha tomado esta decisión antes. Al ver el candado que antaño cerraba el frigorífico, roto ahora, comprenderíamos la situación. Algo similar ha estado sucediendo y ocurre aún en el entorno del país del altiplano.
El problema aquí no reside en valorar si la decisión de la nacionalización es acertada o no… De ello tendremos evidencias en el medio y en el largo plazo. De lo que se trata es de denunciar la hipocresía del que pretende poseer la cordura y decir a los demás qué está bien y qué es improcedente. Explotados desde que fueron descubiertos, los indígenas pasaron de un colonialismo político y cultural a uno económico y no menos opresor. Es ahora, cuando un país que tiene a la mayoría de su población en la extrema pobreza, decide apropiarse de unos recursos que físicamente le pertenecen. Llega, entonces, la opinión paternalista de que “Bolivia no puede aislarse, ha de contar con las inversiones externas”. ¿Alguien habló de aislarse? A pesar de la forma en que se ha producido, el proceso de apropiación de los recursos naturales desembocará, simplemente, en una renegociación de los contratos entre el Estado y las empresas que explotan los yacimientos petrolíferos. De una vez por todas, las entidades privadas tendrán que pagar impuestos. Nada tiene que ver esta medida con las expropiaciones forzosas del pasado, no se trata de una revolución: es una reforma estructural.
Pero ni siquiera las reformas gustan a ciertos observadores externos –¿a quién le agrada pagar unos impuestos que nunca ha tenido que abonar?-. Estos gurús del “buen hacer” seguirán insistiendo en el terrible riesgo que corre la nación andina si sigue estos pasos. Sin el Banco Mundial o el Fondo Monetario Internacional (“verdaderas instancias democráticas”), este país de indios estará abocado al autogobierno, esto es, al fracaso. Al reunir estas críticas y opiniones, uno recuerda el título de un magnífico documental que Basilio Martín Patino realizó sobre la transición: éste mostraba a los ex miembros del búnker que, desposeídos ya de su poder, temían que España, por la vía de la democracia, no pudiera conducirse: Si es que no se os puede dejar solos…
Comentarios de los usuarios (14)
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Escrito por Andrés Villena
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lunes, 22 de mayo de 2006 |
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