| Europa sí es democrática |
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Recientemente en socialdemocracia.org se publicaron sendos artículos de Jorge Coto y Alberto Garzón criticando la falta de democracia de las estructuras europeas. Alegato que no comparto y a los que respondo en este artículo.
A diferencia de Estados Unidos o de otros estados federales, la UE gestiona un ínfimo 1,5% del PIB de los países miembros, que es mucho menos que la redistrubción de renta que realizan los estados entre sus ciudadanos (alrededor del 10% del PIB) o del gasto de estos para ejecutar sus competencias (sobre el 15-20% del PIB nacional). La UE ha evolucionado a un mayor divorcio con la ciudadanía europea a pesar de crear estructuras que la dotan de más democracia: el Parlamento o el Consejo Económico y Social entre otros. Se ha demostrado que los ciudadanos europeos tienen una amalgama de sentidos identitarios nacionales donde la identificación europea es más bien tenue, y que el interés por la actividad de la Unión es más bien nulo. Lo curioso es que esta crítica hacia la UE se ha canalizado por decisiones que no pertenecen al ámbito europeo sino al nacional. Los procesos de privatizaciones que algunos gobiernos nacionales han iniciado o los recortes en el gasto público que han aplicado en sus presupuestos nacionales (acompañados por una reducción de los impuestos de las rentas mas altas), no han sido a causa de decisiones de la UE sinó de los propios gobiernos nacionales y han intentando no asumir los costes electorales de unas decisiones que son impopulares echándole la culpa a los criterios de convergencia cosa que no puede ser menos cierta. Es curiosa también la reacción contra el Banco Central Europeo que lo que hace es un reflejo de lo que hubieran hecho los Bancos Centrales Nacionales en su momento: reaccionar según la ortodoxia económica a las decisiones de la Reserva Federal de los EEUU y a la coyuntura económica internacional. La última y que personalmente considero más dura, y contradictoria del movimiento crítico a la UE, ha sido el NO a la constitución europea. Mal llamada constitución, porqué es un Tratado. El NO francés que fue el primero de los noes que la llevó a la ruina nace de una falta de responsabilidad de un sector del PSF y de una debilidad del gobierno de Chirac. El error de una parte de los socialistas franceses de querer vincular el resultado de la consulta a una crítica a la gestión de Chirac y de querer superar su crisis interan a través del referéndum, es un error que como consecuencia ha llevado a que la UE se quede en Niza y que el papel del Parlamento europeo siga siendo muy secundario. El Tratado era un avance muy por encima de lo que cualquier otro tratado haya planteado anteriormente: mucho más profundo en la democratización de la UE y un avance de la Europa social. El Tratado había ido mas lejos de lo que cualquier texto que se pueda aprobar en los próximos 10 años vaya a conseguir. El mensaje de esa crítica europea no tiene como consecuencia más Europa social, sino “seguid con las viejas normas que no nos interesan vuestros asuntos”. Algunas críticas al Tratado rayan lo demencial, y no lo digo por mis compañeros articulistas, sino por algunas oídas por dirigentes políticos. Cierto sector de la izquierda ha intentado enmendarle la plana al movimiento sindical europeo en reivindicaciones laborales, como si el movimiento sindical europeo, que es capaz de movilizar más afiliados que votantes de estas opciones contrarias al Tratado, fuera un niño que se haya equivocado y al que hay que proteger de sí mismo. El miedo a la pérdida de derechos laborales que se suponía traía esta constitución era falso, para la Confederación Europea de Sindicatos la Constitución era un avance brutal sobre lo que se había conseguido en Niza, no sólo se reconocía la “libertad profesional y el derecho a trabajar”, sino que comprometía a los estados de la Unión a la defensa del diálogo social, a la lucha contra la siniestralidad laboral y la protección de la salud de los trabajadores, la protección en caso de finalización del contrato, el derecho de información y consulta a los trabajadores, la representación colectiva de los trabajadores, la extensión de los derechos nacionales también a los ciudadanos de terceros países que viven en él, la igualdad de género en las oportunidades laborales o la lucha contra la exclusión social. Aspectos que la CES consideraba esenciales para hablar de un marco laboral digno para los trabajadores de la UE. Todo eso, dejamos de tenerlo garantizado para todos los trabajadores de la UE y sólo para unos pocos, los de la UE-15, grácias al NO de la constitución. Una prueba de que el Tratado era un avance es que incluso el grupo ecosocialista del Parlamento se posicionó favoráblemente y tan solo los eurocomunistas y los euroexcépticos se habían posicionado en contra. Se adhuce también como crítica a la falta de democracia de la UE a que se promueven medidas contra los derechos de los trabajadores desde el propio Parlamento europeo. Olvidando que los propios ciudadanos, seguramente por la baja participación en las elecciones al Parlamento europeo, votaron una mayoría parlamentaria que tiene más peso el centro-derecha que el centro-izquierda. En contra también de los que afirman que el Parlamento es sordo a las demandas sociales está el ejemplo de la directiva Bolkestein. Tuvo un rechazo de plano de los sindicatos europeos y en el trámite parlamentario se recortaron los apartados de esta directiva que eran más lesivos. Este resultado difícilmente conseguiría en la mayoría de parlamentos nacionales donde cuando hay una mayoría absoluta los gobiernos conservadores aplican su programa sin demasiados miramientos. Es curioso como una cierta corriente ideológica intenta construir en Europa el nuevo “enemigo” de la clase trabajadora, a pesar de que es la administración que menos competencias y presupuesto maneja. Es curioso también como se ha instalado un discurso contra Bruelas que es tan parecido al discurso que el reaganismo promovió en los años 80 promovió indicando que el gobierno federal era algo que estorbaba a los ciudadanos de pro y que ponía trabas a los que querían hacer negocios legítimos y crear riqueza para el país. Es curioso también como una parte de la izquierda se ha posicionado a favor de una forma de llevar europa más cercana a los intereses económicos que por una propuesta de hacer una europa más parlamentarista y con un mayor interés en las necesidades sociales y económicas de sus ciudadanos, al oponerse al Tratado pensando ilúsamente que si salía NO a la Constitución en pocos años tendríamos otro texto más avanzado. Es posible que mis contertulios tengan algo de razón, sí Europa no es tan democrática, posíblemente porque algunos izquierdistas han ayudado a los que realmente son antieuropeistas a que continúe siendo la Europa de la unión monetaria y de los estados diciendo NO a la más clara apuesta por la Europa de los ciudadanos y del parlamentarismo. Tal vez, la izquierda europea haya caído en la trampa saducea del neoliberalismo intentando huir de él.
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| Escrito por Jose Rodriguez | |
| domingo, 14 de mayo de 2006 | |
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