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viernes, 04 de julio de 2008
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La izquierda y la transformación Imprimir E-Mail
Lecturas 2322    

ImageRevolucionario idealista, intelectual de salón, soñador trasnochado, conformista hipócrita… cuántas cosas y tan contradictorias entre sí hemos sido, cada uno de nosotros, alguna vez a los ojos de los demás.

Hoy, cuando para la mayoría de los habitantes del “mundo occidental” todas las necesidades básicas materiales pueden ser saciadas al instante, ser de izquierdas o de derechas es prácticamente lo mismo que sentirse parte de un equipo deportivo u otro.

La motivación principal de estas personas no es la ideología, ni la solidaridad ni la fraternidad, váyanse a creer, sino la autocomplacencia. Sentirse bien con uno mismo respetando las ideas en un plano teórico, eso es lo que hoy importa.

Ahí está el intelectual de izquierdas, autoproclamado revolucionario, que año tras año acude al mismo congreso a dar conferencias magistrales en las que analiza los problemas del mundo y, si apetece, propone alguna que otra alternativa. No hará nada más, pero se sentirá bien consigo mismo. Bonitas palabras que se escuchan y leen, pero faltas de un interés posterior en dar pasos firmes en la práctica.

Estudiantes, profesores, asalariados… todos los sectores tienen representantes en este, tan expandido y común, sentimiento de autosatisfacción. Escondido, por otra parte, bajo excusas en forma de críticas, cómo no, que consideran a la acción práctica como utópica, irreal, fantasiosa o idealista.

Si queremos una izquierda que no sea parte de un espectáculo desolador, el de la vergüenza del mundo civilizado, necesitamos que este sentimiento egocéntrico sea anulado al completo. ¿Dónde está la barrera entre este conformismo de izquierdas y la acción de izquierdas? Pues en la transformación real, es decir, en el momento en el que se modifican las bases estructurales que dan origen a un problema determinado.

Esa persona que a sí misma se considera de izquierdas, porque o bien es republicana, comunista, o incluso anarquista, si no tiene como objetivo esta transformación real, no es sino parte de un espectáculo que ella misma critica.

Obviamente es necesaria la lucha teórica y la formación intelectual, pero es igualmente evidente que de por sí solas no sirven de nada. Complementemos la contemplación con la transformación, que ya se olvidó esta básica premisa.

No es mi intención limitar el concepto político de izquierdas a lo estrictamente revolucionario, sino demostrar que lo que no está guiado por una motivación de transformación no es sino una farsa con la que uno se puede sentir realizado.

Todavía no hemos asumido que somos resultado del cosmos, de la naturaleza y de la vida, y que nuestras diferencias son culturales, mentales y de conciencia. Si observamos sólo en lo superficial, veremos únicamente diferencias entre nosotros. La persona de izquierdas debe saber ver más allá, en lo profundo. Abandonar ese estúpido racionalismo que nos condena a la separación.

Tal vez así el sufrimiento ajeno comience a ser parte de nosotros y el espectáculo del que formamos parte, todos, sea visto como un crimen.

Comentarios de los usuarios (3) RSS feed comment
Escrito por Invitado, on 31-05-2006 02:40,
1. Citoyen
Las transformaciones es eso qeu hacen los magos. Cuando alguien modifica la realidad, se dice que es un mago ¿no? 
 
Volvemos al problema del status quo. Tiendo a pensar y creo que tú también me dabas la razón, que la realidad se compone de cosas positivas y negativas. Las positivas son para conservarlas, las negativas para transformarlas.  
 
Propones, según creo, una transformación del ser humano (un hombre nuevo tal vez?) en otra cosa, imagino, porque los sers humanos somos el productos de las circunstancias. Por eso, lo qeu hay que hacer es transformar las circunstancias para transformar al ser humano. Pero se me ocurre también que las transformaciones pueden tener efectos negativos, como lo tienen abslutamente todas las cosas en el mundo. Las lluvias son buenas para los cultivs y malas para el turismo, ser homosexual está bien para ser periodista y chungo para ser dirigente del PP.  
 
Ese es, en mi opinión, el problema del socialismo marxista. Hemos concebido que después de siglos viviendo en una determinada actitud, los seres humanos cambiarán de un solo golpe y se aliarán. Y no es así, porque seguirán viviendo, al menos mientras perdure esa gigantesca inercia, como productos de las mismas circunstancias.  
 
El rollo revolucionario se basa en eso. En efecto, el sueño de todo revolucionario no es tanto transformar sino construir de cero. ÇSu ideal sería viajar a un planeta desconocido y diseñar allí una nueva especie de hombres y mujeres. Esa nueva especie no estaría condicionada por lo que había antes porque ellos serán el principio de todo. Esa es la filosofía de vida del revolucionario, destruir lo que hay para reconstruirlo de cero. El problema es que, como bien has apuntado, estamos condicionados. Tu también, y no es posible descondicionarse. El condicionamiento es nuestra esencia, somos un producto de nuestras circunstancias, luego no podemos separarnos de ellas. Lo que se construya sobre las ruinas seguirá estando condicionado por lo qeu había antes. La criatura siempre está condicionada por el creador. 
 
Por esa razón, como reformista, propongo modificar lo que tenemos, en la medida de lo posible y aceptando las limitaciones de acción del ser humano. El ser humano no puede cambiar absolutamente todo porque para empezar no es dueño de su propio ser. Por esa razón, lo máximo que se puede i ntentar es mejorar lo que tenemos, mejorar lo que somos, o dejar de existir. Como reformista entiendo que las leyes que rigen la economía o la sociología, son leyes qeu, si bien es cierto que dependen de un contexto, son leyes porque ese contexto es mas o menos fijo. Del mismo modo que la ley de la gravedad depende de la masa de la tierra, las leyes económicas sobre el comportamiento "racional" pueden depender, seguro, de como sean los hombres. Pero de momentos cambiar la masa de la tierra es imposible, y cmabiar la esencia de los hombres es muy complicado. Por esa razón, a lo sumo, se puede tender, tener como objetivo final esa cuestión, no se puede en cambio apuntar a la transformación absoluta como forma de praxis p olítica.
 
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Escrito por Invitado, on 31-05-2006 08:42,
2. Jose R.
Citoyen de acuerdo con tu reflexión, solo que no es lo mismo unas leyes o mejor dicho unos modelos de análisis sociales (sean económicos, jurídicos o sociológicos) que tienen aplicación bajo una serie de condiciones del contexto, con las leyes de las ciencias empíricas que tendrán aplicación en cualquier contexto. La economía, la sociología o el derecho (como ciencia) son ciencias sometidas más a la utiliada y permiten un margen de contradicciones más alto que las empíricas. El sistema de selección es "útil para tal ámbito" o "menos útil que otro modelo", en cambio el paradigma de las ciencias empíricas obliga a que o es "la más útil en todo el ámbito de la disciplina" o sencillamente es desechada. Las ciencias sociales pueden compartir varios paradigmas de forma simultanea, en las empíricas no, a menos que paradigmas superados no sean más que aproximaciones de paradigmas más avanzados, como es el caso de la gravedad en física clásica que es una aproximación relativamente buena a la relatividad general.
 
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Escrito por Invitado, on 31-05-2006 11:37,
3. Andrés Villena
Yo siempre he pensado que el verdadero revolucionario es el que, llegado el momento, es capaz de ceder parte de su bienestar en favor de los demás, de un acercamiento a la utopía. Si nos regimos por esto, veremos muchas contradicciones entre los que se dicen revolucionarios. Considero, de todos modos, que haya una actitud favorable a la reforma, que ya es algo.  
 
También me gustaría saber en qué beneficia a un periodista el ser homosexual, que se ha comentado un poco más arriba y, la verdad, no lo entiendo.
 
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