| Deslocalizaciones, ética y la intolerancia de algunos neoliberales |
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Respuesta a un artículo de Rallo de liberalismo.org que tanto le molestan las opiniones sobre las deslocalizaciones.
Amigo Rallo, creo que formas parte de esa categoría de personas que, más allá de la validez de sus razonamientos, la mala fe con la que los expresan deteriora sustancialmente un debate que podría enriquecernos mutuamente. Deduzco del tono de tu respuesta a mi humilde contribución, que tus principios ideológicos muestran una notable debilidad, pues quien tiene profundo convencimiento de sus planteamientos no necesita recurrir al histrionismo, el sarcasmo, y la descalificación gratuita. Es demasiado fácil, incluso para ti, recurrir al chiste en vez defender con rigor tus propuestas. Y cómo parece que la cuestión de Braun es la excusa para abrir un debate que en el fondo es ideológico mataré la cuestión referente a la empresa diciéndote que este fabricante de electrodomésticos pretende hacer un negocio redondo. Se marcha a China donde la inversión mínima que hará la recuperará con creces en el corto plazo gracias a la competitividad de sus salarios, resuelve las indemnizaciones para los trabajadores de la planta de Esplugues con la venta de sus terrenos en el municipio y, además, gana dinero. Sólo tiene un perqueño problema. Que aquí tenemos una legislación que sin ser especialmente dura, hay cosas que no las pasa fácilmente cuando hablamos de un expediente de regulación de empleo. Y más si huele a pelotazo urbanístico. Y vuelvo al debate ideológico que planteas. No me preocupa en exceso compartir contigo la legitimidad de una empresa a la hora de decidir la orientación de sus inversiones. Me preocupa mucho más que no compartas conmigo que las compañías deberían desarrollar en Esplugues, en Estados Unidos o en China principios de responsabilidad social. Es evidente que cualquier sociedad privada debe dirigir sus esfuerzos a generar beneficios. Pero, y la ética? amigo Rallo. Qué espacio le dejas a la obligación moral y también económica -desde el punto de vista de la mejora de la productividad de los trabajadores y trabajadoras y de la perdurabilidad de los recursos naturales- que debería tener cualquier proyecto empresarial de compatibilizar la cuenta de resultados con el respeto al medio ambiente y la observación escrupulosa de los derechos humanos. Seguramente te importa un bledo. Pues peor para todos. También para ti si es que un día te toca sufrir las consecuencias de un proceso de estas características. O eres de los que piensas que a ti no te puede pasar. En todo caso, amigo Rallo, espero de ti que respondas a mis argumentos -si quieres- y no que distorsiones mis palabras para que puedas ajustar a conveniencia toda la sarta de explicaciones que por no ser no son ni demagógicas. Lo siento, no tiene otro nombre pretender que nos creamos que las empresas que deslocalizan su actividad hacia países donde se cobran sueldos de miseria, los trabajadores carecen de derechos sindicales y las estructuras políticas del Estado no son un ejemplo de transparencia (ojo! eufemismo), lo hacen con afán altruista y solidario. El Tercer Mundo, Rallo, necesita más que el 0’7%, desde luego. Necesita inversiones leales. Empresarios que busquen la obtención de beneficios estableciendo relaciones win win que reviertan en la riqueza del país y en el progreso personal y económico de sus ciudadanos y ciudadanas. Es más, necesitan que los neoliberales como tu además de vociferar las bondades de las deslocalizaciones también defiendan la verdadera apertura de los mercados internacionales a los productos agrícolas de los países empobrecidos. Dirige tu cinismo hacia los que proclaman la libertad de mercado pero le hacen trampas a los que menos tienen. Siguiendo tu hilillo argumental. ¿Realmente crees que Braun se va de Esplugues porque no le es rentable mantener su planta de producción? Se van porque sus beneficios se multiplicaran sustancialmente con trabajadores y trabajadoras de China que cobran muchísimo menos y tienen pocos márgenes de libertad personal y sindical para reivindicar los que es justo. Y eso no tiene nada que ver, Rallo, con no se qué de abandonar los pozos de petróleo. ¿Cómo los van a abandonar? Si se organizan guerras para conseguirlos, o mejor dicho para robarlos. ¿Te suena Irak? Seguro que sí. Observo con preocupación cómo frivolizas en relación a la facilidad de organizar una empresa y obtener beneficios. Peor aún, me preocupa que argumentes desde la falta de consideración para los que no piensan como tu. Te has leído varios libros y se te atragantó el pensamiento único, o debo decir tu único pensamiento. Cómo me inquieta que estés convencido de que el valor añadido que debería proyectar España para captar y consolidar inversiones extranjeras sea el de los sueldos bajos. No parece ese el modelo. No lo comparten ni los principales empresarios de este país -y me dejo a Cuevas que no lo es-. Reitero, los principales empresarios de nuestro país ya saben que la apuesta se encuentra en la mejora de nuestra productividad sobre la base de la mejor formación de los trabajadores y las trabajadoras, de la tecnificación de las empresas, así como de la inversión de investigación y desarrollo. Pero eso queda lejos de ti y de los tuyos. Queréis patronos que compitan como se hacía en los mercados nacionales de antaño, en régimen de oligopolio (poco liberal) y con el Estado siempre atento por si se necesita alguna inyección económica para -oh! bondad suprema- salvar algunos puestos de trabajo o ayudar al reajuste de plantillas con prejubilaciones que pagamos todos y todas. Y para acabar. Dime dónde está escrito que un empresario está legitimado para invertir en el lugar que le sea más rentable y un trabajador/consumidor tenga limitar su capacidad de elección a la hora de optar por un producto o por otro y no sólo por el precio. No se trata, amigo Rallo de comprar productos made in Spain. Ni comparto cuando la derecha de este país decide boicotear un producto tan sólo por su procedencia. Lo que digo es que tengo el derecho, la libertad y la obligación ética de elegir productos que para su elaboración no se utilice mano de obra infantil; que para su producción no se destruya nuestro entorno ambiental y que para su mejor competitividad no se paguen salarios de miseria y se coarten las libertades individuales. Y tu tienes el derecho y la libertad de despreocuparte de todo ello. Haz lo que quieras, pero por favor no me llames fascista, no se aguanta. Un consejo. No expongas aún más tu incultura. No podremos contener la vergüenza ajena.
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| Escrito por Miguel A. Escobar | |
| domingo, 04 de junio de 2006 | |
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