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Muchas veces en las filas liberales se
oyen críticas e improperios varios contra las presúntamente
escleróticas y agotadas economías francesa, italiana y
alemana, cargando con la culpa inevitablemente el estado del
bienestar. Aparte de que las críticas no
son siempre acertadas en cuanto a los datos, cargar contra el
estado del bienestar de esos países no demuestra nada sobre la
bondad o no de estos.
La razón es simple, por
mucho que cruzados generalizando lo ignoren: en el mundo de los
estados del bienestar, como en tantas otras cosas, la variedad es
mucho mayor de lo que parece.
La distinción no es nueva
en las ciencias sociales; la idea la extendió el sociólogo
Gosta Esping-Andersen (ahora en la Pompeu Fabra en Barcelona, por
cierto) a principios de los noventa. Básicamente, hay tres
modelos "típicos" de estado del bienestar en el
mundo, según el peso del estado y su intensidad
redistributiva, que producen en líneas generales tres modelos
sociales bastante distintivos. Simplificando mucho, los tres ejemplos
clásicos serían Estados Unidos, Alemania y Suecia.
El
modelo americano es lo más parecido al liberal clásico.
En Estados Unidos, la intervención del estado es limitada, y
la redistribución de la riqueza es un objetivo secundario. Los
programas sociales sólo cubren a la población más
pobre, los subsidios de desempleo son escasos y duran poco, y la
sanidad es mayoritariamente privada, con programas públicos
sólo para los jubilados y gente con renta muy, muy, muy baja
(pero mucho; con lo que cobro de beca estoy por debajo del umbral de
la pobreza, y no me cubre...). El mercado laboral está
alegremente desregulado, con un salario mínimo irrisorio y una
protección ridícula.
El resultado de este modelo
es, en lineas generales, conocido. Unos niveles de desigualdad
enormes, una escasa movilidad social (en contra de lo que dice el
mito), y curiosamente una natalidad bastante decente, ya que con unos
salarios tan patéticamente bajos para la mano de obra no
cualificada, la clase media se puede permitir pagar servicios
sociales privados (guarderías, niñeras..) y compaginar
relativamente bien trabajo y familia. Por cierto, ser pobre aquí
es peor que en cualquier otra parte, no como se dice a menudo; no hay
apenas servicios públicos, el coste de la vida es muy alto, y
las bancarrotas personales son dolorosas y abundantes, por no hablar
de la delincuencia.
Alemania es el ejemplo clásico del
modelo continental europeo, o estado de bienestar cristianodemócrata.
En este modelo, la intervención del estado es considerable,
pero sin embargo la voluntad redistributiva es limitada. Los
programas sociales cubren a toda la población; sin embargo en
muchas ocasiones el nivel de estos dependen del nivel de renta
previo. El volumen del subsidio de desempleo, por ejemplo, está
en relación a lo que se cobraba antes, al igual que las
pensiones. Además, los programas universales no acostumbran a
tener una calidad estelar, de modo que las clases altas a menudo
recurren a sector privado. Estos sistemas tienen pocas políticas
sociales agresivas, como políticas de empleo que incluyan
reciclaje para parados, guarderías gratuitas o asistencia
social muy extensiva, y tienen mercados laborales ferreamente
regulados para proteger a los que tienen empleo.
El resultado
de estas políticas son, básicamente, lo que vemos en
Italia y Francia. Sociedades relativamente igualitarias, con niveles
de movilidad social no demasiado altos, con niveles de pobreza no
excesivos pero con altas tasas de desempleo merced de la regulación
laboral. Los niveles de natalidad varían bastante, aunque no
acostumbran a ser altos (Francia es la excepción), ya que el
estado no presta demasiada atención a facilitar que se combine
familia y trabajo. No hay guarderías gratuitas, y se tiende a
derivar estos costes en la familia, más que en políticas
sociales.
El modelo sueco es el de la socialdemocracia por
excelencia. Aquí el estado interviene con fuerza en la
economía, y su prioridad es la redistribución de la
renta y la igualdad de oportunidades. Los programas sociales son
extensivos, están bien financiados, y cubren a toda la
población. Los servicios públicos acostumbran a ser
excelentes; sólo los muy ricos no los usan. El estado tiene
agresivas políticas de apoyo a la familia en forma de
servicios sociales, bajas por maternidad/ paternidad, guarderías
y ayudas directas, con lo que la natalidad es bastante alta. En
cuanto al mercado liberal, la regulación es escasa, con
despidos baratos, pero el generoso subsidio de desempleo (que por
cierto, sólo se recibe mientras se busca empleo y puede
reducirse si se rechazan ofertas) y las agresivas políticas de
inserción laboral compensan esta vulnerabilidad.
El
resultado de este modelo es el de sociedades extremadamente
igualitarias, con altos niveles de movilidad social, y niveles de
pobreza ridículos. Todo eso con niveles de natalidad elevados,
envidiable niveles de competitividad industrial e innovación
gracias a una mano de obra muy bien preparada, y una apertura al
comercio exterior y la globalización altísimas. Y todo
eso con unos niveles de crecimiento económico y riqueza
comparables a los otros dos sistemas.
Sí, los tres
sistemas producen unos niveles de riqueza comparables, si uno tiene
en cuenta algo más que el PIB por cápita en el sentido
estricto. Si miramos una métrica realmente comparable, el PIB
por hora trabajada, Suecia, Francia y Estodos Unidos tienen un nivel
de ingresos similar. Los americanos son más ricos, en parte
porque trabajan de media un 30% más de horas a la semana que
los franceses (sí, más de 50 horas de media a la
semana). Si la gente por aquí se tomara la vida con la misma
gloriosa calma
que los galos, el PIB por cápita sería similar; de
hecho Estados Unidos sería más pobre que los
hiper-productivos alemanes. El Estado del bienestar, en contra de lo
que se dice a menudo, tiene un efecto muy pequeño sobre el
nivel de riqueza de un país, pero sí lo tiene sobre la
distribución de la renta y el mercado laboral.
Por lo
tanto, cuando se habla de crisis del estado del bienestar, uno debe
andar con cuidado. Sí, la baja natalidad en Italia o Alemania
ponen en peligro las pensiones, pero no es así en Estados
Unidos o Suecia. La sanidad es un desastre en América, no en
el resto del mundo; y el paro es grave en Europa continental, pero no
en Escandinavia. No hay un estado del bienestar, hay varios. Y no, no
afectan a la riqueza tanto como muchos dicen.
Por cierto,
España está en un grupo especial, junto con Portugal y
Grecia, de países provinentes de dictaduras
ultraconservadoras. En esencia, se parece a los sistemas
cristianodemócratas, aunque es más limitado que estos,
y con menos restricciones. Así que tenemos menos gasto social
que los alemanes, pero las mismas restricciones que estos. No es algo
bonito.
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