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Conforme va pasando el tiempo, como consecuencia de las modas o los cambios políticos y culturales, nos encontramos con términos que definen o intentan delimitar una tendencia o conjunto de ideas imperante. En ocasiones, y hoy día cada vez más, estos calificativos se muestran bastante difusos. En el caso presente tenemos el de la ideología liberal.
Lo que en el sexo y las relaciones de pareja podría tener un sentido bastante diferente, en la economía y, por ende, en la política, está viniendo a significar el hecho de creer en un sistema que esté determinado (por no decir dominado) por las decisiones del mercado. En ese sentido, el que se considera liberal postula creer y promulgar la libertad. Pero ahí podemos estar cayendo en un error, pues establecemos una identidad entre libertad de mercado y libertad del ser humano. ¿Ha supuesto la economía de mercado una plena libertad para los individuos o ciudadanos del mundo, o se puede avanzar aún más en el proceso?
Debemos, fruto de un detenido estudio de la realidad, negar la existencia de un libre mercado en la actualidad –en muchas ocasiones, las liberalizaciones han acabado convirtiendo monopolios públicos en monopolios privados-. Además, hemos de tener en cuenta que la sociedad desarrollada a partir de estas decisiones, esa superestructura, es, en ocasiones, opresiva para los individuos. Que todos puedan seguir conductas egoístas no quiere decir que todos estén en condiciones de llevarlas a cabo. Es el caso de los menos capacitados, de los individuos con menor poder adquisitivo. En este sentido, liberalismo podría bien ser una libertad, pero sólo para los que pueden permitírsela. El ciego respeto que al individualismo el liberal profesa podría quedar, de este modo, en entredicho.
Los que antaño se denominaran como conservadores o patriotas, hoy reivindican un liberalismo cuyos principios de raíz parecen desconocer. Una tendencia a flexibilidad que, además, no conceden cuando en la sociedad se manifiestan nuevas exigencias –matrimonio homosexual, adopción, eutanasia y otras innovaciones promovidas o propuestas últimamente-. En esos momentos, el liberal se convierte en paternalista. Como ha pasado con las palabras democracia y libertad, la que hoy analizamos no deja de ser demasiado moldeable. Palabras que no dicen nada, pero permiten hacerlo todo.
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Escrito por Andrés Villena
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lunes, 12 de junio de 2006 |
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