| Postnacionalismo II |
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En el anterior artículo (¿postnacionalismo? 6/06/2006) quizá fui interpretado erróneamente. No se planteaba la substitución del nacionalismo, (el entendido de siempre, como arma del capitalismo) la ficción de pertenencia ergo sumisión a una colectividad “afortunadamente” dirigida por quien debe. No se trata de sustituir al nacionalismo por nada que pueda parecérsele a una identidad imaginaria conjunta.
“La mitología nacionalista contempla el estatus de nación como la consecuencia de una historia compartida, como un patrimonio común que nadie puede elegir libremente y que no puede constituir un artículo genuino sino lleva la marca de lo primordial. La línea que divide el nacionalismo, que reclama una unidad cultural, del racismo, que proclama una base natural para dicha unidad, es y tiene que ser tenue.” Zymunt Bauman (2002). En una réplica se avisó del mal uso del término identidad y cuando el nombre lleva un adjetivo posesivo como nuestra identidad. Como se dijo, identidades poseemos varias, tantas como relaciones sociales establecemos. Cada uno de nosotros es un individuo, un homo sapiens sapiens, con una identidad, rol para otros autores dentro de ese microcosmos humano que es la sociedad. Nuestra autenticidad, aquello que nos es único, insustituible, in-clonable es la persona. Es el concepto de persona que no se construye ni auto, ni excluye, a diferencia del individuo (como ente biológico), a diferencia de la identidad. La palabra identidad es tanto o más genocida que nación. ¿Cómo nos identificamos por un idioma, un idioma evolucionado y particularizado de otro idioma del que han surgido varios? Los idiomas son para comunicarse, son geniales creaciones simbólicas humanas. ¿La cultura? La cultura cuando la define la antropología (de hecho es su objeto de estudio y otras disciplinas e individuos utilizan el concepto de forma errónea y particularista) es algo más que tradiciones, religiones, idiomas... La cultura no es pasado y presente. La cultura tiene un pasado se ejerce en un presente y se proyecta hacia un futuro sujeta a cambios, modificaciones variaciones, enriquecimientos, empobrecimientos. Está hecha por sus participantes, por todos sus participantes. La cultura es dinámica, esta viva y por favor, dejen de sacralizarla. La cultura no es primordial, exclusiva, como tampoco, y supongo que estarán todos de acuerdo, como el concepto raza, esa identificación genetista a una comunidad. Se ha luchado muchísimo, y aún se lucha por erradicar las identificaciones genetistas. El peligro del nacionalismo (por cierto concepto antagónico a la idea de progreso, y de todo el pensamiento de la izquierda clásica, salvo iluminados y refritos de dudosa integridad cognitiva) es que se convierta, ya lo ha hecho en el substituto del genetismo. La izquierda no debe caer en el error inducido por las teorías liberales y conservadoras trabajando conceptos como nacionalismo y identidad. Es un error que nos aleja de los valores por los cuales tanta gente ha luchado. Los hijos de la ilustración, como humanos, caemos en la trampa del nacionalismo como herramienta de distinción y diferenciación. No somos diferentes, la diferencia es el contexto en que cada persona vive, sobrevive y convive. Las diferencias las creamos nosotros, cuando sencillamente somos personas diversas con un mismo objetivo, buscar un lugar en el mundo. gerard.fontdevila@hotmail.com
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| Escrito por David Fornons | |
| lunes, 19 de junio de 2006 | |
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