| De ninguna nación (II) |
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España no ha sido una nación hasta que la constitución liberal de 1812 la consideró de dicha forma. Sin embargo, habría que conceder a aquellas leyes el rango de verdad absoluta para dejar de creer que tales hechos no fueron sino un invento orquestado por unos pocos.
Por entonces, los constructores del Estado-Nación español estaban creando un ente inmaterial cimentado sobre ciertos valores sociales y culturales de ideología liberal, que tratarían de imponer a través de diferentes medios. Se trataba de homogeneizar cultural y socialmente a una población que hasta entonces había vivido bajo el manto de un régimen absolutista, y en esta misión la educación cobraba un especial interés. No hay más que revisar el discurso preliminar de la constitución de 1812 para comprobar cuales eran las intenciones de sus redactores: “Para que el carácter sea nacional, para que el espíritu público pueda dirigirse al grande objeto de formar verdaderos españoles, hombres de bien y amantes de su patria, es preciso que no quede confiada la dirección de la enseñanza pública en manos mercenarias”. Sin embargo, después de superar todos los obstáculos de carácter político y vencer así a los ideales absolutistas, los constructores del Estado-Nación se encontraron con un problema de difícil solución: la falta de recursos económicos y la realidad provinciana del territorio que gobernaban. Mientras Francia había conseguido homogeneizar lingüísticamente su territorio con excusa en la erradicación del analfabetismo, España era incapaz de imitar dicha estrategia. En primer lugar, porque el estado cedió gran parte de sus competencias educativas a la iglesia, que formaba católicos y no tanto españoles. En segundo lugar porque no tenía recursos económicos para articular el territorio, y el caciquismo era todo menos una táctica de homogeneización. Y finalmente, porque España era una realidad localista, muy mal comunicada y donde la realidad legal distaba mucho de corresponderse con la realidad material. Es una falacia entender que la creación de una ley o constitución repercute inmediatamente en la vida real de las personas. Y es un anacronismo interpretar que las luchas políticas históricas han tenido lugar siempre de una forma similar, es decir, bajo ejércitos bien estructurados y compuestos por la mayoría de los ciudadanos convocados. Sólo cuando la construcción del ferrocarril fue una realidad, debida al capital extranjero bajo concesiones, la realidad española pudo estructurarse de una forma más o menos similar a la del resto de Estados Europeos. Demasiado tarde, porque las burguesías catalanas y vascas habían profundizado en las diferencias culturales con el fin de satisfacer unos intereses propios que se fundamentaban principalmente en la economía. Así pues, la Nación Española fue un invento de unos pocos soñadores que intentaban homogeneizar una población determinada, aprovechando las fronteras del Estado absolutista. Y las naciones étnicas o culturalmente muy diferenciadas, fueron inventos de la burguesía de cada lugar con el propósito de obtener ventajas económicas sobre sus competidores, aprovechando diferencias culturales debidas única y exclusivamente al desarrollo histórico de antiguas comunidades de personas. Toda cultura no existe sino a través de las culturas, como diría E.Morín, lo que significa que ninguna está encerrada en sí misma, sino que es abierta y contiene en ella saberes, técnicas, ideas, costumbres e individuos provenientes de otras partes. La cultura catalana o andaluza existe en tanto existen las demás y se ha nutrido de ellas, de la misma forma que existe la cultura de un barrio, y se diferencia asimismo de la de otro cualquiera. Pero todo tiene un origen, y en el caso de la especie humana no podemos sino advertir que es común: la diáspora de la humanidad. Pero éste debe ser también el origen de un valor común que entienda al ser humano como una comunidad diversa y global, como punto de encuentro y no de separación. Este internacionalismo no es un medio o una ideología, sino un valor subyacente fruto de la comprensión de la condición humana. No traerá por sí solo la solución a nuestros problemas, pero sin él estoy convencido de que no existirá solución global alguna.
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| Escrito por Alberto Garzón | |
| martes, 20 de junio de 2006 | |
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España no ha sido una nación hasta que la constitución liberal de 1812 la consideró de dicha forma. Sin embargo, habría que conceder a aquellas leyes el rango de verdad absoluta para dejar de creer que tales hechos no fueron sino un invento orquestado por unos pocos.







