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Los partidos políticos han
evolucionado desde su creación. Siguiendo a autores como Helen
Margetts, ahora, a principios del siglo XXI, estaríamos
presenciando una nueva evolución: los partidos se están
convirtiendo en medios de comunicación, preparados no solo
para influir en las decisiones, sino también para usar al 100%
las nuevas tecnologías de la información, conseguir
feed-back rápido y directo con sus simpatizantes, y contando
con maneras de hacer llegar una información rápida y
precisa a sus listas de distribución por Internet.
Para explicar este nuevo concepto,
debemos examinar la historia de los partidos políticos, que se
podría resumir muy brevemente en:
Partido
de cuadros o partido de élites (s. XIX): Tienen el
origen en élites dentro de las asambleas. Su principal misión
era asegurar la elección de sus candidatos, con una militancia
pequeña y exclusiva. En esta fase, estos candidatos surgían
de una élite de notables, que con el paso del tiempo empezaron
a articularse mediante partidos o grupos políticos con el
objetivo de reunir personal para preparar las elecciones con base a
su prestigio, habilidad técnica o importancia de su
fortuna.
Partido de masas (1880-1960): Eran
miembros organizados en zonas locales, integrados en partidos
nacionales, producido por la incorporación a la vida política
de nuevos grupos sociales surgidos del desarrollo de la
industrialización y la consolidación de este nuevo tipo
de partido, así como la ampliación del sufragio
universal, sustituyendo al sufragio censitario. La consecuencia es
que las sesiones parlamentarias dejan de ser el forum de discusiones
deliberativas debido a no solo a la disciplina de voto sino al hecho
que las decisiones se toman en el sí de los propios
partidos.
Partido "Catch All”, “Escoba",
"Big tent" o "Cógelo todo" (a
partir de 1945): Es el principio de la creación del
bipolarismo o tripolarismo, desarrollado sobre todo en los Estados
Unidos. Los partidos "Catch
All" implican adoptar una ideología "blanda",
que se aparta de las filias doctrinarias originales de los partidos y
de las pretensiones revolucionarias, convirtiéndose cada vez
más en una maquinaria electoral. El autor más
importante que desarrolló esta teoría fue Otto
Kirchheimer, quien, en 1966, planteó que esta nueva forma
moderna de partido político presenta opiniones y visiones
diferentes de las cosas según los sectores sociales y las
zonas geográficas a las cuales se dirige, intentando tener una
mayor influencia sobre un público más amplio y éxitos
electorales más tangibles. Ya no son los notables ni los
militantes, sino los electores, los amos y dueños formales del
partido, el cual sólo les solicita su adhesión a la
hora del voto y trata de reducir los otros costes de la
participación.
Partido "cártel"
o partido "empresa" (a partir de 1970): Debido a
la menor movilización de la ciudadanía, los partidos
tienen que conseguir recursos dirigiéndose al Estado, y no a
los militantes como hasta entonces. El resultado es la formación
de un cártel, en el cual todos los partidos se dividen los
recursos y gracias a eso, todos sobreviven. Katz y Mair (1995), los
autores más importantes al desarrollar este concepto, lo
resumen al decir: "In short, the state, which is invaded by the
parties and the rules of which are determined by the parties, becomes
en fount of resources through which these parties not only help to
ensure their own survival, but through which they can also enhance
their capacity to resist challenges from newly mobilized
alternatives. The State, in this sin, becomes an institucionalized
structure of support, substaining insiders while excluding
outsiders".
Ciber-partidos (a partir
del final de los años 90). Los partidos políticos de
las sociedades occidentales han dado un nuevo paso en su evolución,
convirtiéndose en partidos políticos que utilizan y se
aprovechan de las nuevas tecnologías de la información
y el conocimiento, con una estrecha relación con Internet,
mediante el cual están en contacto directos e inmediatos con
sus militantes y votantes, consiguiendo una interacción y un
feed-back que, con los medios y tecnologías tradicionales, no
era posible hasta la actualidad. Helen Margetts (2001) y Coleman
(2001) son los autores que más han desarrollado este nuevo
término. Para estos autores, los ciber-partidos, aparecidos a
partir de los últimos años del s. XX, acercan la
relación entre votantes y partidos sin utilizar la clásica
noción de afiliación. En lugar de miembros, los
ciber-partidos ofrecen a los votantes la oportunidad de desarrollar
enlaces con el partido y obtener más beneficios que los
clásicos de los afiliados. En palabras de Margetts, “The key
defining feature is that cyberparties use web-based technologies to
strengthen the relationship between voters and party, rather than
traditional notions of membership”. Es en esta fase dónde
nos encontraríamos en la actualidad. Según la autora,
las web de los partidos occidentales están ya inspiradas por
la busca de nuevos canales de comunicación entre políticos
y electorado. Así, ya a finales de los años noventa, y
sobre todo a partir de los procesos electorales que han tenido lugar
a partir del año 2001 y 2004, los visitantes de las webs eran
invitados a ejercer un estatus intermedio entre militante y votante,
es el concepto de supporter o simpatizante. Pero esto no representa
una sola forma de comunicación, sino que también está
abierto a nuevas maneras de comunicación y participación,
dónde la interactividad es lo más importante, por
ejemplo en grupos de discusión, chats, foros y weblogs. En
este sentido, estos cambios en los partidos políticos podrían
facilitar una forma más directa de democracia, y las web de
los partidos políticos podrían llegar a ser, tal y como
dice Buie (2000) “continuamente responsables de las reacciones
populares”.
En mi opinión, Margetts es demasiado
optimista para el momento actual en las webs políticas, ya que
si bien los partidos están utilizando las nuevas tecnologías
(algunos mucho más que otros), aun no han adquirido esos
hábitos de interactividad que pregona Margetts. Sin embargo,
es una buena teoría a tener en cuenta en el futuro.
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