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China: ¿pero qué socialismo? |
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El enorme y continuo crecimiento del Producto Interior Bruto del gigante asiático lleva muchos años asombrando al mundo. Con un aumento del 10% anual, la economía china parece ser imparable. Ante esto, muchos aventuran a considerar al chino como al Estado más potente en el futuro e, incluso, los que más imaginación poseen, nos pueden llegar a hablar de una nueva Guerra Fría: según estos profetas, ésta se libraría entre un bloque capitalista atlántico (representado principalmente por los Estados Unidos) contra uno socialista: el chino.
De realizar estas últimas ebrias cavilaciones a alabar las virtudes del denominado socialismo de mercado resta sólo un paso. ¿Es el modelo chino deseable para cualquiera que pudiera elegirlo? No para nuestros hijos. Paradójicamente, y al hilo de la terminología que Marx –el teórico inspirador del Partido en el poder en la República Popular- utilizara para describir el capitalismo, una de las principales fuentes del enriquecimiento chino es la despiadada explotación de sus habitantes: educados desde pequeños para ser auténticas máquinas, los chinos trabajan a destajo para ganar su sustento, recreando en su patria un capitalismo parecido al despiadado sistema de producción que tuvo lugar en Inglaterra hace dos siglos.
Sin derecho a huelga y con casi todas las libertades públicas coartadas, los ciudadanos chinos viven en una especie de cárcel, una prisión provechosa para algunos y que no da a sus reclusos ninguno de los réditos que el nuevo modelo de administración rinde diariamente. El supremo Partido, cueva de mafiosos, burócratas y nuevos ricos, incuestionable demiurgo, encarna la más descarada corrupción. La libertad de prensa es todo un chiste en este país –lo que imposibilita a todo observador externo de contar con información útil para un análisis-.
Decir que el socialismo chino es el modelo del futuro es ser muy pesimista. Una dictadura mafiosa, capitalista y que hereda lo peor de todas las civilizaciones anteriores (feudalismo, esclavitud, estalinismo…) es motivo de secreta admiración para muchos. Al modelo chino le falta el más importante componente para responder a su nombre oficial: ser un Estado social. El fin de su organización dista muchísimo de ser la mejora de la vida de sus habitantes: el crecimiento espectacular no se refleja en una mejora de las condiciones de la mayoría de la población, por lo que la denominación de sociedad socialista resulta completamente contradictoria. No hay que reflexionar demasiado para deducir que el uso que de la retórica socialista hace el gobierno chino es profundamente perjudicial para una izquierda que pretenda un modelo alternativo para la sociedad del futuro. Si eso no cambia, quizá haya que abandonar las gastadas palabras para construir otras y con esto evitar que se pueda llegar a algo parecido a lo que en aquella oscura cueva sucede desde hace algunos años.
Comentarios de los usuarios (1)
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Escrito por Andrés Villena
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lunes, 26 de junio de 2006 |
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