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Supongo que no hace falta que diga que España lleva sufriendo desde
hace tiempo una burbuja inmobiliaria. Básicamente, tenemos un mercado
donde la expectativa del constante aumento de precios está haciendo
subir la demanda, la pura definición de burbuja especulativa.
El origen de este fenómeno, en
el caso español, es una combinación de tipos de interés
históricamente bajos, masiva disponibilidad de capacidad
inversora (así va la balanza de pagos, con el país
importando capital como un loco) y un parque de vivienda a mediados
de los noventa relativamente limitado. A partir de entonces empiezan
a caer los tipos, aumenta la población, sube la demanda, y los
precios se disparan; con los precios en inagotable alza, comprar para
revender pasa a ser un negocio estupendo, y nos metemos en la
situación actual, de pisos vacios (en parte por la ridícula
manía de no alquilar) y subidas de precio aparentemente
ilimitadas.
Ahora que las cosas parece que empiezan a frenarse
lentamente, es hora de hablar de qué esperar cuando el
mercado se ralentiza. Para empezar, el aterrizaje será
relativamente lento, aunque esto no tiene por qué hacerlos
menos doloroso. En la mayoría de los mercados, cuando la
demanda disminuye bruscamente, los precios acostumbran a caer
prácticamente a la misma velocidad. Sucede así con las
acciones de bolsa, el pollo y cualquier otro cacharro que se venda en
un mercado eficiente. El ajuste rápido de precio hace que el
mercado se "vacie" relativamente rápido, ya que al
ser el producto más barato la demanda vuelve en poco tiempo,
de forma eficiente y silenciosa.
La vivienda, sin embargo, no
ve esta clase de ajustes. Si uno recuerda alguna época de
vacas flacas inmobiliarias en España (consulten los libros de
historia), sabrá que durante mucho tiempo lo que hay en el
mercado es un montón de viviendas vacias con carteles de "en
venta / for sale" en la entrada. Eso, a primera vista, parece
algo irracional; si los propietarios saben que hay recesión y
un exceso de oferta en el mercado y quieren vender, no tienen más
que bajar los precios, ya que una casa vacia no les sirve de nada (y
si el mercado sigue muerto, les cuesta dinero), ¿Por qué
no ceden a la evidencia y piden menos dinero?.
La respuesta a
este problema radica en la racionalidad limitada de los vendedores, y
en la naturaleza no homogénea de las casas en un mercado. Un
propietario, cuando trata de vender una vivienda, está
vendiendo un producto relativamente único. El piensa, y con
razón, que no hay demasiadas personas en la región que
venden un dúplex con suelo de piel de tigre y puertas de
cartón (por ejemplo), y está convencido que hay en
algún lugar un hortera buscando piso que pagará lo que
pide por el pisito. Lo mismo piensa el que vende una casita con
jardín (gnomos oprimidos
incluidos), un chalet con vistas a la linea del AVE, o un ático
cerca de la playa. Hay un comprador, en alguna parte, que busca
exactamente lo que vendo. Como resultado, me quedo con el piso unos
mesecillos más, antes de bajar el precio, a ver si encuentro
al misterioso comprador.
Este comportamiento, en agregado,
acostumbra a dejar un montón de casas vacias durante muchos
meses, hasta que los propietarios empiezan a rendirse a la evidencia,
y deciden sacarse el fardo de encima a un precio más bajo.
Hasta ahora en España cuando esto ha sucedido el precio más
bajo ha sido en términos reales, no nominales; la inflación
ha subido más rápido que el precio de la vivienda,
abarantándola aún cuando la cifra pedida no cambiaba.
Esta vez, con la inflación a un nivel históricamente
bajo (y con unos precios estratosféricos), es probable que
incluso veamos un descenso de la vivienda en términos
nominales a medio plazo.
Algo que, no hay ni que decirlo, hará
bastante daño a la economía, ya que la construcción
tiene un peso importante. Es probable que el estado, a base de
construir AVE y autopistas, amortigüe la caida, pero se notará
en las cifras de crecimiento, repartido en varios años.
De
todos modos, la palabra clave en un ajuste del mercado inmobiliario
es que es lento y constante, no necesariamente brusco. Esto lo hace,
a efectos prácticos, casi más peligroso, ya que la
economía no opera a plena capacidad (usando todos sus
recursos) durante más tiempo. Así que por ahora, mejor
alquilar, ya se sabe.
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