| La información insalubre II: la negligencia informativa |
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Estudiar las variedades de la información insana -o tal vez menos objetiva de lo deseable- reviste una gran complejidad. Hay muchos abordajes posibles y ninguno es del todo satisfactorio. Algunos generalizan demasiado, mientras que otros ganan en especificidad pero olvidan matices indispensables. Esta parte del ensayo tampoco va a ser perfecta, sólo se remitirá a ofrecer una perspectiva particular del asunto. En este caso se adoptará un criterio de responsabilidad identificable. Es decir, según sea atribuible la causalidad del fenómeno a uno o varios agentes concretos, o no lo sea puesto que todos participaran en ella de distinta forma y sin coordinación.
2.1. Problemática informativa con responsabilidad identificable Se diferencian 2 categorías según la intencionalidad del emisor: negligencia y manipulación. 2.1.1. Negligencia Invirtiendo un mínimo esfuerzo en comprender y contrastar la información que brota de los medios, es fácil apreciar un buen número de desaciertos. Desde simples faltas ortográficas o de pronunciación, hasta dislates de dimensiones inconcebibles. Los fallos por incompetencia no suelen acarrear consecuencias graves aunque, a veces, consiguen desfigurar por completo el mensaje, generando problemas de diversa índole. Afortunadamente, los responsables de los medios suelen corregir los errores de bulto con celeridad, lo cual es de agradecer. La negligencia se origina de 2 maneras: por la poca profesionalidad del emisor o por la urgencia que requiere dar la noticia antes que la competencia. En realidad, una imprecisión por exceso de premura informativa es una falta de profesionalidad evidente. No obstante, se ha creído conveniente desgranar una de otra por la justificación económica que tienen aquellos errores debidos al apremio en “dar informaciones calientes”. Es lógico pensar que un ligero retraso en la difusión de las noticias importantes puede acarrear serias desventajas para los medios rezagados. Aparece pues, un cierto conflicto entre asegurar la fiabilidad de la noticia y satisfacer la necesidad del consumidor. Esta situación especial no se da en los otros equívocos derivados de la falta de profesionalidad. En ellos, la exculpación no suele tener tanto peso, si es que tiene alguno distinto del de la falibilidad humana. Estudiaremos cada caso en profundidad: A. Negligencia por falta de profesionalidad Es muy posible que sea la más abundante desde un punto de vista cuantitativo y se debe a una gran diversidad de factores relacionados con la incompetencia. Pueden localizarse en cualquier operación del procesamiento de la información. Entre estos, destacan: a. Dedicación insuficiente Aparece cuando el reportero acude al lugar de la noticia pero no permanece el tiempo necesario para recoger la información idónea. Este fenómeno se observa a menudo en las conferencias, congresos, etc., donde algunos profesionales permanecen en la sala durante escasos minutos. De este modo, es fácil que recopilen informaciones incompletas y/o poco fiables. En ocasiones, los interfectos ni siquiera entran en la sala. Sólo preguntan a los asistentes o toman datos de algunos folletos y carteles con tal de no entrar a escuchar a los ponentes. Son notorios los casos sangrantes en los que se comentaron con pelos y señales eventos inexistentes, ya que fueron suspendidos a los pocos minutos de su inicio. b. Elección errónea de la fuente informativa En muchos casos no hay una amplia gama de opciones de donde tomar la información, como ocurre con las agencias de noticias, que son limitadas en número. En otras ocasiones, los periodistas tienen acceso nulo o restringido al origen la noticia, lo que les obliga a conformarse con una información de 2ª mano. Sin embargo, es muy frecuente que escojan una fuente inapropiada que podría haberse evitado: un individuo –grupo u organismo- inexperto en la cuestión; una fuente tendenciosa que no identificaron como tal; una fuente más accesible pero de peor calidad, etc. c. Incomprensión de la información Se debe a que el profesional se enfrenta a un tema que escapa a sus conocimientos. Cuando esto ocurre, es posible que plasme la noticia de forma somera y/o plagada de errores. Este tipo de negligencia es típica en aquellos asuntos que requieren cierta especialización. Por ejemplo, en los de carácter científico. d. Fallos memorísticos Se originan cuando la noticia no es tomada íntegramente de la fuente, sino que se extracta y completa en otro lugar. Si no se ha captado o plasmado con acierto y la memoria no acompaña, es posible que se desvirtúe la esencia del mensaje. La incompetencia por retención inadecuada ha ocasionado conflictos bastante graves y motivado que no pocos personajes de interés público se nieguen a conceder entrevistas a reporteros que no estén acompañados de sistemas de grabación. e. Razonamientos anómalos Surgen al redactar la información obtenida y a menudo son difíciles de detectar incluso para los supervisores, pues no es raro que adopten un aspecto bastante coherente. Sus peores consecuencias son que conducen a conclusiones falsas y que pueden inducir a que se presuponga un acto de mala fe por parte del informador. A continuación se exponen 2 ejemplos ilustrativos: El 1º hace referencia a un texto mal cohesionado, expuesto por R. G. Damborenea a título de desenmascarar un error argumental. Es el siguiente: No se puede decir que los sacerdotes católicos carezcan de responsabilidad en la guerrilla nicaragüense. Todos los revolucionarios de la región son católicos, como los sacerdotes. Es muy probable y más que probable que los sacerdotes sean revolucionarios marxistas, por los que no se les puede considerar inocentes en este conflicto. A simple vista parece un argumento sólido, pero el error queda al descubierto al desgranarse las premisas de la conclusión: Premisa 1ª: “Todos los revolucionarios de la región son católicos”. Premisa 2ª: “Todos los sacerdotes de la región son católicos”. Conclusión: “Luego, todos los sacerdotes de la región son revolucionarios”. El fracaso argumentativo radica en que la conclusión no se obtiene de las premisas, pues la 1ª no hace alusión a los sacerdotes. Pese a ello, se emplea para sustentar una conclusión torpe, al ser evidente que entre los católicos habrá revolucionarios y no revolucionarios. Además, el subconjunto católico sacerdotal no tiene por qué coincidir con el subconjunto católico revolucionario. El 2º ejemplo muestra un razonamiento anómalo más fácil de detectar, pues sólo hay una premisa, la cual no avala la conclusión del argumento, veámoslo: Desde que se instaló la central nuclear a orillas del río, su biodiversidad ha descendido un 30%. Es obvio que el agua procedente del sistema de refrigeración se está vertiendo a una temperatura superior a la legalmente permitida. En este caso, se atribuye una ilegalidad a la central de forma gratuita. Por si fuera poco, se afirma –sin venir a cuento- que dicha irregularidad es la causa de que merme la biodiversidad del río. El error esta en confundir relación con causalidad. Por desgracia, esta modalidad de razonamiento erróneo es bastante común en los medios, a pesar de su escasa dificultad para evidenciarla. La orquestación de argumentos a partir de razonamientos espurios procede a menudo de los prejuicios, lo cual implica que, en cierta medida, muchos puedan considerarse actos de manipulación involuntarios. f. Fallos en la supervisión y corrección En los grandes medios de comunicación, la culpa de una negligencia no debe recaer siempre en el autor de la misma pues debería tener por encima a alguien que se haga cargo de su corrección. En ocasiones el supervisor teme enmendar al articulista u orador, o bien deposita una confianza ciega en él. Otras veces, sencillamente no revisa el escrito, ya sea por falta de tiempo, pereza, etc. Ahora bien, no hay que descartar que el remedio sea peor que la enfermedad. Es decir, que su corrección empeore –o no mejore- la situación. g. Otras actuaciones negligentes Son muy diversas por lo que enumerarlas todas superaría la ambición del artículo. Destacan: captación de la información en una situación inapropiada (ruido de fondo, mala visibilidad, etc.), faltas ortográficas independientes del reportero, emisión de imágenes que no se corresponden con la información oral o escrita, problemas en la recepción audiovisual, etc. B. Negligencia por premura informativa El ansia por dar la última noticia antes que la competencia es una de las principales causas de errores involuntarios. Por ejemplo, al elegir una fuente de peor calidad, no contrastar informaciones, intentar cubrir demasiados eventos en poco tiempo, hacer una revisión ortográfica apresurada, etc. Hay noticias erradas en las que puede alegarse cierta justificación económica (ya comentada) pero en otras, dicha exculpación no es admisible. ¿La razón?, que la noticia ha quedado tan deformada que hubiera sido preferible abstenerse de publicarla, pues es imposible extraer conclusiones válidas del mensaje. En la siguiente parte se continuará con la manipulación informativa, un aspecto más complejo y polémico que la simple negligencia. http://carlosblog.blogia.com/ Carlos es un blogger que aporta una reflexión particular sobre temas de actualidad susceptibles de ser debatidos.
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| Escrito por Carlos | |
| martes, 18 de julio de 2006 | |
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Estudiar las variedades de la información insana -o tal vez menos objetiva de lo deseable- reviste una gran complejidad. Hay muchos abordajes posibles y ninguno es del todo satisfactorio. Algunos generalizan demasiado, mientras que otros ganan en especificidad pero olvidan matices indispensables. Esta parte del ensayo tampoco va a ser perfecta, sólo se remitirá a ofrecer una perspectiva particular del asunto. En este caso se adoptará un criterio de responsabilidad identificable. Es decir, según sea atribuible la causalidad del fenómeno a uno o varios agentes concretos, o no lo sea puesto que todos participaran en ella de distinta forma y sin coordinación.






