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El autor manifiesta en este artículo su parecer sobre las necesidades de adaptabilidad de los actuales sindicatos más representativos en el contexto histórico-social que estamos viviendo y dentro del marco europeo y de la globalización mundial.
El artículo 28 de la Constitución reconoce la libertad sindical en su doble vertiente en cuanto a derecho a fundar un sindicato o el de pertenecer o no a una organización sindical. Las fuerzas sindicales deben de tener un mayor protagonismo y participación en los fines que le son propios. Nuestro país ha experimentado un gran cambio social del que no se ajeno la incorporación de la mujer en el proceso productivo e intelectual así como la incorporación de las nuevas tecnologías y la inmigración. Creo que los sindicatos españoles mantienen unas estructuras y unos funcionamientos que no se corresponden con la actual realidad social. Tal vez su falta de adaptación a las nuevas realidades pueden hacerles perder representatividad en los distintos sectores de la producción y de los servicios. En este sentido, los dos sindicatos de clase más representativos de nuestro país, CCOO y UGT, son los que posiblemente experimenten un mayor retraso en la adaptabilidad a esas nuevas realidades y, por lo mismo, necesiten de un mayor proceso de transformación. Las actividades de tales sindicatos sólo se visualizan cuando se celebran los 1º de Mayo, fiesta del trabajo, o cuando se desata un conflicto colectivo de gran trascendencia social y/o mediática. Sin embargo, bueno sería analizar la “intrahistoria” de la actividad de esos sindicatos. Lo que no se ve y sin embargo es más efectivo. Quisiera que los sindicatos no sólo intervinieran en materia de relaciones laborales, convenios colectivos, etc. sino también que se vieran más concernidos en la política económico-social del país así como en la prestación de servicios a sus asociados. En este sentido me gustaría conocer, a través del correspondiente muestreo, el grado de satisfacción que experimenta un militante de base en relación al sindicato al que pertenece. Asimismo me gustaría saber que proporción de población activa laboral milita en cualquiera de los sindicatos existentes en España. El resultado de tales averiguaciones nos permitirá descubrir la distancia existente entre las agrupaciones sindicales y la clase trabajadora. Hoy el concepto marxista de la lucha de clases se nos aparece como una antigüalla. El sindicalismo de hoy ha de continuar siendo, si, negociador y defensor pero a la vez ha de potenciar más la vertiente protectora y prestadora de servicios en los sectores sobretodo de la vivienda y los seguros. Además su “clientela” no sólo ha de nutrirse del obrero tradicional sino de los
trabajadores autónomos y de las clases medias o profesionales.
Antes de terminar me queda una sola reflexión; ese proceso de transformación requeriría, si se diera, la existencia de sindicatos fuertes y de dimensión superior a los actuales en un contexto europeo de libre circulación de trabajadores y en el ámbito de la globalización mundial. ¿Ha podido llegar la hora de plantear la unión o coalición entre CCOO y UGT?. El tiempo lo dirá.
Comentarios de los usuarios (1)
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Escrito por Jose Antonio Eyre de Lorenzo (Castelar)
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domingo, 16 de julio de 2006 |
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