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El New York Times publicó hace poco una información sobre el rastreo de transacciones financieras internacionales por parte del gobierno de los USA, en aras de la lucha antiterrorista. La reacción de los tontos que nos ven señalar la luna consistió, como es lógico, en mirar fijamente el dedo. Es decir, en vez de cuestionar al gobierno por sus acciones se dedicaron a promover la creación de una oficina de censura. Estamos en guerra, decían, y no es la primera vez que la guerra nos obliga a censurar a la prensa.
Me gustaría ofrecer a continuación un extracto traducido del debate que se sostuvo en una emisora conservadora, ya que los argumentos que se ofrecen a favor de la censura son cuando menos alucinantes:
Mira, estoy más con que el fin justifica los medios. (...) Ganar lo es todo. La libertad es – no tienes ninguna libertad si los Nazis vencen. No tienes nadie con quien comerciar si Europa Occidental cae. Esa es la realidad. Tú estás enamorado de la ley, pero yo estoy enamorado de la supervivencia.
Yo estoy enamorado de tu libertad, y la quiero para tí y para mí y para toda la gente con la que trabajamos...
No puedes tener las dos cosas. No puedes tener las dos cosas.
Claro que se puede. Lo tenemos ahora. Podemos decir lo que queramos y el gobierno no puede censurarnos y el gobierno aún puede luchar la guerra contra el terror. Si permitiéramos que una oficina gubernamental decidiera lo que los periodistas pueden decir, sería lo mismo que ver al rey de Inglaterra imponerse sobre los diarios en Inglaterra y en US, y eso provocó la Revolución. (...)¿Cómo podemos luchar para traer la libertad a otro país, para traer la libertad de prensa a otro país cuando nos estamos cargando la libertad de prensa en casa?
No nos la cargamos – la preservamos al preservar nuestros secretos porque la guerra no es algo libre. La inteligencia no es algo que se deba compartir: ha de ser codiciada y usada en nuestro beneficio. (...)
Resulta curioso que los mismos medios que se cebaron en John Kerry por su supuesta falta de valores, al tiempo que hacían hincapié en la moralidad de su candidato favorito, no tengan reparos en aducir motivos pragmáticos para justificar la violación sistemática de derechos humanos. Censuremos, señores, porque es lo práctico. Al cuerno con los valores éticos, esto es la guerra, esto es el todo vale, el fin justifica los medios. Dejen de preocuparse por esos presos torturados, hay que sacarles información a toda costa. Al infierno con esos magistrados que pretenden obligarnos a cumplir la Convención de Ginebra. Vengan esas escuchas telefónicas, qué es la intimidad de unos cuantos miles de personas cuando está en juego la victoria. Es lo que pasa cuando te obsesionas con esos malditos derechos civiles, que lo de hacer escuchas ilegales queda mal visto y luego el presidente tiene que andar diciendo mentiras, con lo poco que le gusta, pobre.
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Escrito por Mireia Ortega
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miércoles, 05 de julio de 2006 |
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