Decir que hoy día vivimos en la denominada sociedad de la información supone ya todo un tópico. Todo lo que tenemos para saber qué ocurre a nuestro alrededor son los medios de comunicación; a través de estos construimos la realidad que nos rodea. Nuestras preocupaciones cotidianas nos impiden fijarnos en este fenómeno y no percibimos por ello, por ejemplo, que lo que creemos real cuando vemos un telediario es lo que el cámara de este programa ha deseado ver en ese preciso momento.
Olvidamos, por tanto, que, antes de llegar a nosotros, existe un encuadre, un ritmo artificialmente creado, un sonido y unos comentarios que van orientando nuestra percepción; se trata de un filtraje del que no nos damos cuenta –y no tenemos por qué, sería un desgaste enorme, sobre todo en horas que solemos dedicar al más distraído y relajante ocio-. Lo normal es que, en estos ratos, busquemos más descanso y entretenimiento que investigación y análisis, y el telediario, concebido como producto lúdico, responde perfectamente a esta demanda.
Podemos reflexionar, viendo lo anterior, acerca del tremendo poder que sobre nuestra concepción del mundo tienen los medios de comunicación. A este factor hemos de añadir que estos medios son empresas privadas en su mayoría, preocupadas únicamente por sus accionistas y por el aumento de sus beneficios, cosa lógica para cualquier empresa, pero un poco más peligrosa en este caso. Cuando se tiene una responsabilidad pública y una repercusión tan grande como la tienen las grandes empresas mediáticas sobre la vida social del país, el ansia de beneficios tiene por fuerza repercusiones que no siempre son buenas para la población.
Al caso viene el desenterrado argumento de la guerra civil, de los dos bandos españoles enfrentados que coexisten en España casi setenta años después, y sorprendentemente destapados tras las elecciones del 14 de Marzo de 2004. Hemos podido ver agresivas pintadas en servicios públicos, titulares en prensa y distintas manifestaciones que reflejan un odio desatado, una sed de venganza y un antagonismo que pretende recordar un pasado bastante perdido en el tiempo ya.
La situación, lejos de ser ésta, dista mucho de lo que parece. Los dos bandos enfrentados no son más que las dos vertientes de la misma idea: dos partidos neoliberales que propugnan las mismas medidas: privatizaciones al ritmo europeo y mundial vigente, reducción de derechos de los trabajadores, etc.
Por esto, resulta sospechoso pensar en este supuesto enfrentamiento, como muchos medios plantean. El odio no es tal, al menos de raíz; otra cosa es que éste se construya, o que interese y sea muy rentable. Un odio entre bandos puede vender muchos periódicos y programas de tertulias –cierta tertulia llegó a convertirse en la segunda más escuchada de España por lo agresivo y escandaloso de su locutor-, y suponer para los medios de comunicación una financiación enorme. Las supuestas dos Españas pueden, por todo esto, dar a algunos accionistas bastante dinero.
Estos espejismos suponen también un efectivo mecanismo de control popular: distraen la opinión pública hacia aspectos menos peligrosos para el poder: vivienda, derechos laborales, contaminación, entre otros, desaparecen de la agenda informativa. Ya no sólo son los sucesos, el fútbol o Gran Hermano los que sirven para despistar; las polémicas del nacional–sección tradicionalmente considerada como seria-, comisiones de investigación al por mayor y otras funciones en las que los dos colosos nacionales se tiran los trastos a la cabeza copan todo lo que podemos asimilar al día.
Configurada de esta manera la realidad, podemos afirmar que flotamos en una especie de juego de rol construido por intereses financieros, un teatrillo de marionetas diplomáticas al que asistimos de modo pasivo y ante el que no protestamos. Las manos que mueven los hilos son hábiles, y los muñecos que se mueven, bien remunerados. La función continúa, no se pierdan el final.
VERDAD BASTA DECIR LO QUE ES Y NO MAS , PUES MUCHAS VECES LOS POLITICOS DICEN COSAS QUE NO SON , BASTA CON DECIR LO QUE ES.EL QUE ESTE LIBRE DE PECADO QUE...
Hola Citoyen Hola Citoyen encantado de charlar contigo.
Recojo tus comentarios e intentaré en el próximo artículo o en otro comentar las diferencias, según los...