| Franco, secretos (a voces) y mentiras |
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El general golpista Franco para llegar a su objetivo último y personal de adquirir el poder absoluto y total sobre España, entre su infamia ya conocida, hay que añadir la utilización y luego posterior traición hacia sus mismos compañeros sublevados. No sólo es responsable de exterminar un estado legítimo y democrático, la República. Las formas utilizadas afectaron incluso a los suyos.
A parte de las extrañas desapariciones en accidente de aviación, detenciones por el lado Republicano de ciertos dirigentes luego consagrados como mártires de un régimen, utilizó el ideario fascista representado por la falange española para acceder al poder político (y sus allegados reconocían que no era “un buen político), económico y el militar con el que ejerció la barbarie sobre la población civil. Esta barbarie fundamentada en la coerción de la ciudadanía y su sometimiento duró hasta el fallecimiento del llamado, novio de la muerte. Cuando hábilmente tuvo que transformarse y reconstruirse después de la Segunda Guerra Mundial, sustituyó y eliminó esta gente y colaboradores ultra y fascistas por tecnócratas afines al régimen e ideológicamente substituyó el hábeas teórico fascista por una especie de construcción, (eso si hay que reconocer que muy propia y apropiada a sus intereses) de lo que se denomina como nacional-catolicismo. De hecho el Vaticano fue el primero en reconocer el régimen franquista. Considero que si por encima de algo destacó el golpista, fue no su amoralidad, más que manifiesta, sino por hacer de su incoherencia la gasolina que mantuvo el régimen. Creo el mito de las dos Españas, y creando esta división más que justificar su sublevación y posterior usurpación del poder, trató de convencer a una de las dos Españas de la necesidad de la guerra y de la destrucción de la otra España. Resulta difícil creer que los españoles que vivían en el bando de los sublevados no sintieran repugnancia por las barbaridades cometidas en la guerra por su supuesto propio bando y por lo que hicieran (cierto o no) el otro bando. Aunque el “generalísimo” orara cada noche con el brazo incorrupto de Santa Teresa (definan incorrupto) tras un agotador día de represión y con las manos manchadas de sangre es difícil creer que un creyente cristiano, una persona con ideología conservadora o liberal aplaudiera sus acciones y las compartiera. La supuesta España victoriosa no era un colectivo humano homogéneo. Esto sería como afirmar que la mayoría de los alemanes apoyaban a Hitler en su época como también a Musolini. No es comparable el daño y el mal ejercido a las víctimas de Franco como el de sus engañados, pero no por ello tienen que ser también olvidados. En el anterior artículo ya hablé sobre el mito de las dos Españas. Creo sinceramente que no existieron dos Españas, ni que tampoco hubo esta ridícula homogeneidad de el bien, los sublevados y el mal, la República. Acaso si no hubiese habido en el régimen de Franco homogeneidad, si las personas bajo este régimen hubieran compartido sus actos e ideología, no hubiesen tenido los dirigentes del régimen ningún reparo en someter sus propuestas a una votación democrática. Esta afirmación es extrapolable a otros regímenes fascistas o de similar naturaleza. Su legitimación no es la ciudadanía es la fuerza de las armas. Por esto estos regímenes aparte de la coerción física, del abuso y la utilización de un poder desigual contra la ciudadanía, necesitan hacer de su infamia historia. Necesitan argumentos para esconder y evitar el ejercicio de la conciencia ciudadana sobre sus actos criminales. david.fornons@hotmail.com
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| Escrito por David Fornons | |
| lunes, 31 de julio de 2006 | |
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El general golpista Franco para llegar a su objetivo último y personal de adquirir el poder absoluto y total sobre España, entre su infamia ya conocida, hay que añadir la utilización y luego posterior traición hacia sus mismos compañeros sublevados. No sólo es responsable de exterminar un estado legítimo y democrático, la República. Las formas utilizadas afectaron incluso a los suyos.






