En la cafetería de una Universidad inglesa comen tranquilos sus estudiantes. Sobre ellos, en una enorme pantalla, la cadena MTV dicta los ritmos y canciones que están de moda en el momento. Los jóvenes almuerzan casi sin darse cuenta de la presencia del canal, mientras que el ruido de los altavoces, que acompaña a la imagen servida por la pantalla, apenas les deja conversar. Pero será en esa cafetería donde más libertad de movimiento encuentren estos universitarios. La entrada a ciertos edificios está regulada: carné de socio, de estudiante, firmas, verificaciones, llamadas telefónicas de comprobación…
El aparato burocrático que regula la vida cotidiana desconfía del individuo y lo fuerza, en ocasiones, a situaciones ridículas y humillantes. Para entrar a ciertas Facultades como mero visitante es obligatorio llevar un distintivo que indique el nombre del portador y qué va a hacer éste en el edificio.
La situación de control y búsqueda de seguridad se reproduce también en las calles: las cámaras (por su seguridad) pueden encontrarse en todas partes. La figura del policía se reproduce para completar el trabajo que las cámaras no alcanzan a realizar.
La informática viene a ser un reflejo de esta situación de extrema vigilancia. En los ordenadores de la Universidad, para pasar de una web a otra, el aviso de estar entrando en una página peligrosa es constante, lo cual, por otro lado, hace que la navegación sea mucho más lenta; eso sí, segura a más no poder. Cada cierto tiempo, los ordenadores se reinician y pierden la información anterior: todos los programas han de reinstalarse para evitar riesgos. Todo esto permite que los virus no entren en un sistema que ha decidido desde hace ya algún tiempo protegerse a ultranza.
Estas manifestaciones de protección llegan a veces hasta la paranoia (folletos para los estudiantes residentes de no confíes en tus compañeros, cierra con llave la puerta de tu habitación) en un país que ha cumplido ya tres años en una guerra. Los ciudadanos y trabajadores han absorbido ya toda una cultura de la seguridad, sin plantearse que este extremo puede llevar al absoluto control por parte del Estado. Ante el binomio seguridad y libertad, los ingleses parecen estar decantándose por el primero de los elementos, condenando al ciudadano, en su individualidad, a vivir continuamente seguro, pero, al mismo tiempo, vigilado y controlado, sea por las atentas cámaras, los cien mil papeles que firmar, los policías, o bien, de forma más sutil, por la propaganda que diariamente recibirán de la peligrosa MTV, formación que, ésta sí, reciben desde hace bastante tiempo.
VERDAD BASTA DECIR LO QUE ES Y NO MAS , PUES MUCHAS VECES LOS POLITICOS DICEN COSAS QUE NO SON , BASTA CON DECIR LO QUE ES.EL QUE ESTE LIBRE DE PECADO QUE...
Hola Citoyen Hola Citoyen encantado de charlar contigo.
Recojo tus comentarios e intentaré en el próximo artículo o en otro comentar las diferencias, según los...